El 30 de marzo, León XIV reajustó el equipo que le acompañará en el pastoreo vaticano con un triple cambio. El hasta entonces nuncio en Colombia, el italiano Paolo Rudelli, se ha convertido en el sustituto para Asuntos Generales de la Secretaría de Estado, esto es, el ‘número 3’ de la Santa Sede. El venezolano Edgar Peña Parra, que ha desempeñado este servicio desde 2018, pasa a ser el nuncio en Italia. Y Petar Rajic, que ejercía esta labor de embajador, ha sido designado prefecto de la Casa Pontificia, esto es, jefe de protocolo.
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Estos nombramientos se suman a un goteo constante acometido este año, entre los que se incluyen tres prefectos: el carmelita italiano Filippo Iannone al frente del Dicasterio para los Obispos, el autraliano Anthony Randazzo en Textos Legislativos y el agustino español Luis Marín para el Servicio de la Caridad. En estos últimos días, también ha designado como directora de Recursos Humanos del Vaticano a la italiana Paola Fanelli.
Como Francisco en el inicio de su pontificado, Robert Prevost no ha llevado a cabo criba alguna. Está acometiendo relevos que podrían considerarse quirúrgicos, bien porque se ha rebasado el plazo de mandato o por petición de los propios interesados. Además, lejos de dar un giro en el perfil de quienes asumen estas responsabilidades, se trasluce una continuidad real con respecto al camino emprendido por Jorge Mario Bergoglio. Y es que la propuesta de reforma, para la Curia y para la Iglesia universal, que plantearon tanto la exhortación apostólica ‘Evangelii gaudium’ como la constitución apostólica ‘Praedicate Evangelium’ están prácticamente en el prólogo de su aplicación.
Al igual que le sucedió al Pontífice jesuita, el Papa agustino ya ha podido calibrar en este tiempo las resistencias y presiones explícitas e implícitas para poner freno a las enfermedades curiales y hacer realidad una Iglesia no solo más sostenible y eficiente. Como señala Peña Parra en una amplia entrevista en exclusiva con ‘Vida Nueva’, es tiempo de incrementar los esfuerzos dentro de un proceso por “asegurar que los cambios se implementen de manera adecuada, eficaz y en fidelidad a su propósito original”.
Sin bajar la guardia
Para ello, no se puede bajar la guardia a la hora de luchar contra las corruptelas, el funcionariado espiritual, la autorreferencialidad, la mundanidad o la italianización, tentaciones que siguen acechando los muros vaticanos. Frente a ello, toca seguir apuntalando, levantando alfombras, abriendo puertas y ventanas de par en par, no solo para que entre aire fresco, sino para que la Iglesia sea verdaderamente misionera y esté al servicio del Pueblo de Dios y del conjunto de la sociedad.