El grito de León XIV desde Mónaco: “¡Cuántos cálculos se hacen en el mundo para matar inocentes!”

  • El Papa ha celebrado la misa en el estadio Louis II para poner fin a su visita apostólica al Principado
  • “Frente a la persistencia del mal, está la eterna justicia de Dios, que siempre nos rescata de nuestros sepulcros y nos da vida nueva”, afirma el Pontífice

El Papa, en la misa de Mónaco

“¡Cuántos cálculos se hacen en el mundo para matar inocentes; cuántas falsas razones se esgrimen para quitarlos del medio!”. Un grito de paz del papa León XIV desde Mónaco, donde ha celebrado la misa en el estadio Louis II poniendo así fin a su visita apostólica al Principado.



En el mismo sentido, el Pontífice ha dejado claro que “frente a la persistencia del mal, está la eterna justicia de Dios, que siempre nos rescata de nuestros sepulcros y nos da vida nueva”.

Evangelio de hoy (Jn 11, 45-57)

Haciendo referencia al Evangelio de hoy (Jn 11, 45-57), que relata la sentencia de muerte de los miembros del sanedrín a Jesús por haber resucitado a Lázaro, el Pontífice ha recordado que Él, “que vino al mundo para liberarnos de la condena de la muerte, fue condenado a muerte. No se trata de una fatalidad, sino de una voluntad precisa y ponderada”.

Como ha insistido Robert Francis Prevost, el veredicto del sanedrín nace de “un cálculo político, del apego al poder, que tiene como base el miedo”. “En vez de reconocer en el Nazareno al Mesías, es decir, al Cristo tan esperado, los jefes religiosos ven en Él una amenaza. Su mirada está distorsionada”, ha aseverado.

En este sentido, ha subrayado que “somos testigos de dos movimientos opuestos: por una parte, la revelación de Dios, que muestra su rostro como Señor omnipotente y salvador; por otra, la acción oculta de autoridades poderosas, dispuestas a matar sin escrúpulos”. “¿No es lo que ocurre hoy?”, se ha preguntado el Papa.

De la cultura del descarte a la de la misericordia

“El Señor libera del dolor infundiendo esperanza, convierte la dureza del corazón transformando el poder en servicio mientras manifiesta el verdadero nombre de su omnipotencia: misericordia. Esta salva; se hace cargo de toda existencia humana, desde que es concebida hasta que envejece”, ha puntualizado, para luego añadir: “Como nos enseñó Francisco, la cultura de la misericordia rechaza la cultura del descarte”.

Precisamente, sobre esta cultura del descarte, León XIV ha puesto el acento en las guerras que “ensangrientan el mundo” y que “son fruto de la idolatría del poder y del dinero”.

“Cada vida truncada es una herida al cuerpo de Cristo. ¡No nos acostumbremos al estruendo de las armas ni a las imágenes de guerra! La paz no es un mero equilibrio de fuerzas; es obra de corazones purificados, de quienes ven en el otro a un hermano al que cuidar, no a un enemigo al que abatir”, ha indicado el Papa agustino.

El Papa, en la misa de Mónaco

El papa León XIV, en la misa que ha celebrado en Mónaco

El mensaje de León XIV a la Iglesia de Mónaco

Dirigiéndose a la Iglesia en el país, el Pontífice ha apuntado que está llamada a “dar testimonio viviendo en la paz y en la bendición de Dios”.

Por tanto, “hagan felices a muchos con su fe, manifestando la alegría auténtica, que no se obtiene como un premio, sino que se comparte con la caridad”. “Fuente de esta alegría es el amor de Dios”, que el Papa ha centrado en tres realidades:

  1. Amor por la vida naciente y frágil, que ha de acogerse y cuidarse siempre
  2. Amor por la vida joven y anciana, que hay que animar en las pruebas de cada etapa
  3. Amor por la vida sana y enferma, a veces sola, siempre necesitada de ser acompañada con esmero.

“Que la Virgen María, su Patrona, los ayude a ser lugar de acogida, de dignidad para los pequeños y los pobres, de desarrollo integral e inclusivo”, ha dicho el Papa poniendo fin a su homilía.

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