Pasadas las 11 de la mañana de este sábado 28 de marzo de 2026, con cierto retraso sobre el programa oficial, el papa León XIV ha mantenido un significativo encuentro con la comunidad católica en la Catedral de la Inmaculada Concepción –lugar de sepultura de los obispos y de los príncipes–, en el marco de su Viaje Apostólico al Principado de Mónaco. Tras ser recibido por los príncipes Alberto II y Charlène, quien ha hecho uso del privilegio de vstir de blanco –el ‘privilège du blanc’– ya que se convirtió al catolicismo poco antes de su boda en 2011, a los pies de la escalinata monumental, precisamente el pontífice llegaba a la catedral tras realizar una visita de cortesía a los soberanos en el Palacio del Príncipe de Mónaco.
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En el templo, el Papa presidió la celebración de la Hora intermedia ante una asamblea que reflejaba la diversidad multicultural del pequeño Estado. El acto comenzó con el saludo de Dominique-Marie David, arzobispo de Mónaco, quien expresó el honor y la bendición que supone esta visita para el país. El prelado destacó el simbolismo de la catedral, situada sobre la célebre Roca, afirmando que “ella nos recuerda que el Cristo es nuestro verdadera roca, fundamento y piedra angular de su Cuerpo que es la Iglesia”. Asimismo, el prelado reafirmó, al presentar la realidad de la archidiócesis monegasca, el compromiso de su comunidad al asegurar al pontífice su “determinación a estar disponibles al Espíritu Santo para convertirnos en los discípulos misioneros que el Señor espera”.
Defensa de las personas
Durante su homilía, en francés, el papa León XIV centró su mensaje en la figura de Jesucristo como “abogado” y defensor, instando a la Iglesia local a no ser una institución cerrada, sino un reflejo del amor de Dios que no hace acepción de personas. Reflexionando sobre la comunión, el pontífice recordó que Jesús “no viene para realizar un juicio condenatorio, sino para ofrecer a todos su misericordia que purifica, sana, transforma y nos hace parte de la única familia de Dios” y es que “su talante compasivo y misericordioso lo convierte en “abogado” para defensa de los pobres y de los pecadores, ciertamente no para secundar el mal, sino para liberarlos de la opresión y de la esclavitud y hacerlos hijos de Dios y hermanos entre sí”. Y es que e Papa destacó que Jesús no se queda en la “curación física o espiritual de la persona”, sino que la salvación “comprendan una importante dimensión social y política; la persona sanada es reintegrada, con toda su dignidad, a la comunidad humana y religiosa de la cual, a menudo precisamente por su condición de enfermedad o de pecado, había sido excluida”.
El pontífice elogió la capacidad de acogida de la sociedad monegasca y subrayó que, en el seno de la Iglesia, las diferencias socioeconómicas no deben generar divisiones. En este sentido, hizo un llamamiento profético: “Pienso entonces en una Iglesia llamada a hacerse ‘abogada’, es decir, a defender al hombre: al hombre en su integridad y a todos los seres humanos” siguiendo un “camino de discernimiento crítico y profético” para un desarrollo integral.
El Papa también advirtió sobre los peligros del secularismo y de una fe que se limite a la tradición externa sin impacto social. Instó a los fieles a promover un modelo económico basado en la ética de la responsabilidad y a proteger la vida en todas sus fases. “Una fe viva es siempre profética, capaz de suscitar preguntas y ofrecer provocaciones: ¿estamos realmente defendiendo al ser humano?”, cuestionó el Papa, animando a la comunidad a utilizar nuevos lenguajes, incluidos los digitales, para anunciar el Evangelio.
Tras este encuentro, León XIV se ha trasladado a la iglesia de Santa Devota para reunirse con los jóvenes y catecúmenos del Principado.