León XIV denuncia en Mónaco “las estructuras de pecado que excavan abismos entre pobres y ricos”

El Papa llega al Principado y dirige un discurso ante el príncipe Alberto pidiendo que, como estado católico, no olviden guiarse por la Doctrina Social de la Iglesia

León XIV, en Mónaco

“Las estructuras de pecado excavan abismos entre pobres y ricos, entre privilegiados y descartados, entre amigos y enemigos”. Este ha sido el recuerdo-denuncia de León XIV en sus primeras palabras en Mónaco. El Papa ha dirigido un discurso en el Palacio del Príncipe pidiendo que, como estado católico, no olviden guiarse por la Doctrina Social de la Iglesia.



De hecho, ha encomendado al Principado de Mónaco, “por el vínculo tan profundo que lo une a la Iglesia de Roma, el compromiso especial de profundizar en la Doctrina Social de la Iglesia y elaborar buenas prácticas locales e internacionales que manifiesten su fuerza transformadora”.

Y ha añadido: “Incluso en una cultura poco religiosa, muy secularizada, el modo de abordar los problemas típicos del Magisterio social puede revelar a nuestro tiempo —un tiempo en el que a muchas personas les resulta difícil esperar— la gran luz que viene del Evangelio”.

Viaje en helicóptero desde el Vaticano hasta Mónaco

El Pontífice salió esta mañana a las 07:05 del helipuerto del Vaticano rumbo al Principado, donde llego dos horas más tarde. A las 09:25 fue recibido, en el Palacio del Príncipe, por Alberto de Mónaco, junto a su mujer y sus hijos en el Patio de Honor en una solemne ceremonia de bienvenida.

“Estoy contento de poder vivir esta jornada junto a ustedes y ser, así, el primero entre los Sucesores del Apóstol Pedro en visitar el Principado de Mónaco en tiempos modernos, una ciudad-estado que se distingue por el vínculo profundo que la une a la Iglesia de Roma y a la fe católica”, ha comenzado señalando Robert Francis Prevost.

Para León XIV, “su tierra, asomada al Mediterráneo posee en su independencia una vocación al encuentro y al cuidado de la amistad social, hoy amenazados por un ambiente generalizado de cerrazón y autosuficiencia”.

“El don de la pequeñez y una herencia espiritual viva comprometen su riqueza al servicio del derecho y de la justicia, especialmente en un momento histórico en el que la ostentación de la fuerza y la lógica de la prevaricación perjudican al mundo y amenazan la paz”, ha agregado el Papa agustino.

Según sus palabras, “en la Biblia, como saben, los pequeños marcan la historia. Las auténticas espiritualidades mantienen viva esta conciencia. Es necesario confiar en la providencia de Dios aun cuando predomina el sentido de impotencia o de insuficiencia. Naturalmente, esta fe solo cambia el mundo si no evadimos nuestras responsabilidades históricas”.

León XIV, en Mónaco

Todo preparado en el Palacio del Príncipe para la ceremonia de bienvenida a León XIV

Mónaco, un “microcosmos” para León XIV

Como ha destacado el Pontífice, “la composición plural de su comunidad hace de este país un microcosmos, a cuyo bienestar contribuye una minoría vivaz de personas locales y una mayoría de ciudadanos procedentes de otros países del mundo. Entre ellos, no pocos ocupan cargos de considerable influencia en el ámbito económico y financiero, muchos otros llevan adelante tareas de servicio”.

Así, a continuación, Prevost ha incidido en que “a los ojos de Dios, nada se recibe en vano. Como Jesús sugiere en la parábola de los talentos, cuanto nos ha sido confiado no debe enterrarse, sino que debe ponerse en circulación y multiplicarse en el horizonte del Reino de Dios”.

“Dicho horizonte es más amplio que el horizonte privado y no se refiere a un mundo utópico: el Reino de Dios, al que Jesús ha consagrado su vida, está cerca, porque está en medio de nosotros y sacude las configuraciones injustas del poder”, ha resaltado León XIV.

Por eso, ha reafirmado que “cada talento, cada oportunidad, cada bien depositado en nuestras manos tiene un destino universal, una exigencia intrínseca de no ser retenido, sino redistribuido, para que la vida de todos sea mejor”.

La fraternidad, en el centro del mensaje del Papa

Durante su alocución, el Papa agustino ha indicado que “la fe católica —ustedes son de los pocos países del mundo que la tienen como religión de estado— nos sitúa ante la soberanía de Jesús, que compromete a los cristianos a ser en el mundo un reino de hermanos y hermanas, una presencia que no aplasta, sino que libera; que no separa, sino que une; dispuesta a proteger siempre con amor toda vida humana, en cualquier momento y condición, para que nadie sea excluido jamás de la mesa de la fraternidad”.

Y ha subrayado: “Gracias a una fe antigua serán, así, expertos en las cosas nuevas; no tanto persiguiendo los bienes que pasan, a menudo novedades que envejecen en una temporada, cuanto hallándose preparados de frente a desafíos sin precedentes, que solo se afrontan con un corazón libre y con una inteligencia iluminada”.

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