Ocurrió el pasado miércoles. Tres jóvenes pertenecientes a las Hijas del Amor Misericordioso se acercaban hasta la sede del Arzobispado de Madrid para firmar el abandono de la asociación pública de fieles. Así lo ha podido confirmar ‘Vida Nueva’. Las ya ex consagradas oficializaron su salida días después de dejar este fin de semana la comunidad de Los Molinos de la que formaban parte. Llevaban cerca de tres años ligadas a la comunidad y ya habían hecho votos como consagradas.
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Esta salida de suma al de otras dos que ya dejaron la entidad hace unos meses. En total, son cinco las mujeres que han dejado esta realidad eclesial intervenida el pasado mes de julio por el cardenal arzobispo de Madrid, José Cobo, después de dar verosimilitud a un exhaustivo informe del Tribunal de la Rota en el que se apreciaban supuestos abusos de poder, de conciencia y sexuales.
Moviendo los hilos
Fundadas en 1983 por el controvertido jesuita Antonio Mansilla, al frente se encuentra María Milagrosa Pérez, conocida como Marimí. Aunque entre las medidas adoptadas por el purpurado, se incluía la suspensión de sus funciones como superiora general y su alejamiento de las casas, lo cierto es que, tal y como cuentan las víctimas, continuaría moviendo los hilos de las HAM. Es más, las víctimas dan por hecho una comunicación permanente con ellas y un control a través de la Clara, la HAM que estaría al frente de la casa de Los Molinos, donde residen una veintena. En total, hoy serían cerca de 120 sumando las casas ubicadas en las archidiócesis de Toledo y Sevilla. A ellas habría que sumar la treintena de seminaristas y sacerdotes pertenecientes a la rama masculina, los Hermanos del Amor Misericordioso, que residen en la diócesis de Getafe, y unos trescientos laicos, que serían clave para el sostenimiento económico del grupo.
Según relatan quienes han podido hablar con las tres jóvenes que han dejado las HAM, habrían dado un paso al frente tras descubrir “la gran mentira” en la que estaban atrapadas. “Aparentemente se encuentran bien, pero todas las personas, sean hermanos, hermanas o laicos que dejan el mundo HAM, salen tocados, salimos tocados”, apunta alguien que vive en primera persona esta crisis eclesial.
Presiones internas
“Sabemos que habría más que querrían dar el paso, pero no se atreven por las presiones internas, porque la medicación les anula en parte su voluntad, no saben qué se van a encontrar fuera y porque están sometidas a una disociación tal que ya no saben qué está bien o qué está mal, qué es lo que les dice Dios o si el demonio es el que les está convenciendo para dejarlo”, comenta uno de los familiares de las consagradas.
Fuentes eclesiales remarcan el papel que está jugando en esta crisis Pilar Arroyo, al comisaria extraordinaria que nombró el cardenal Cobo con el encargo de asumir de forma temporal el gobierno de las HAM y reconducir su situación. “A pesar de levantar un muro contra ella, del control férreo al que tienen sometido a las chicas, Pilar no ha parado ni un momento, se ha reunido con cada una de las jóvenes para intentar abrirles los ojos. Aparentemente parecía que no estaba consiguiendo nada, pero ahora ya empezamos a ver frutos”, comenta una familiar.
Lo cierto es que, tal y como relataron en una carta enviada a León XIV hace unas semanas, las jóvenes estarían sometidas a “culto a la personalidad” de la superiora general, “manipulación y aislamiento de relaciones”, control en el modo de vestir, “ofrecimiento de posibles terapias de conversión de la homosexualidad”, “oraciones de liberación y exorcismos”, “manipulación de la Sagrada Eucaristía para fines ajenos al culto”, profecías en asambleas de alabanza, “comunicación con fallecidos” en celebraciones, “pensamientos y teología herética sobre la salvación”… Desde el entorno de las HAM guardan silencio, salvo un comunicado hecho público hace unos meses en el que negaban la mayor sobre las acusaciones sobre los presuntos abusos.