Al cumplirse 50 años del golpe de Estado en la Argentina, la Comisión Permanente del Episcopado argentino reiteró, con firmeza: “«Nunca más» a la violencia de la dictadura y «siempre más» a una democracia justa”.
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Reconocieron el clima de violencia general que se vivía en aquel momento y que desembocó en un fatídico 24 de marzo de 1976 que marcó el inicio de esa oscura noche en la historia del país, una tragedia del terrorismo de Estado que se prolongó hasta el 10 de diciembre de 1983.
Sostuvieron que la memoria exige una autocrítica, de la sociedad y la Iglesia para redescubrir y reconstruir el sentido de la fraternidad entre los argentinos. “Queremos ser Nación sigue siendo un anhelo y una oración con la cual imploramos la ayuda de Dios para poder hacer realidad esta meta que nos cuesta realizar, tanto ayer como hoy”, afirmaron.
Los obispos enumeraron tres puntos necesarios para asumir el compromiso con la historia:
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Nunca olvidar
Teniendo en cuenta las palabras del papa Francisco en Fratelli Tutti (249) que advierte sobre el riesgo de “dar vuelta la página” sin hacer un verdadero ejercicio de memoria, y señala la necesidad de mantener viva la conciencia colectiva.
Los obispos indicaron que “mutilar la historia abre la puerta a la posibilidad de repetir los mismos errores”. Por eso, es necesario, además de comprometernos con los desafíos del presente, reconocer el dolor de las víctimas y de los familiares de desaparecidos.
La libertad para una Nación nunca se construye por la vía de la violencia y la violación de los derechos humanos de otros hermanos y hermanas. La memoria del terrorismo de Estado ha de conducirnos hacia una vida democrática más justa.
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Queremos ser Nación
Los obispos aspiran a una comunidad de hermanos que incluya a los más empobrecidos y vulnerables. La democracia debe apuntar al bien común y al desarrollo de todos, garantizando el trabajo digno y la protección los chicos, adolescentes y jóvenes frente a la marginalidad y la violencia.
Recordaron que el desarrollo humano integral debe incluir a todos, y la democracia se envilece cuando deja a alguien afuera.” La democracia no deja a alguien afuera y solo es justa si no es indiferente a las necesidades básicas de la canasta familiar y al deterioro creciente del trabajo digno”, ratificaron los miembros de la Comisión Permanente.
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La verdad nos hará libres
Los obispos advirtieron que la verdadera libertad va de la mano con la fraternidad, con una efectiva igualdad que permite a todos vivir con dignidad. Asimismo, destacaron: “vivimos una época con una tendencia creciente al autoritarismo; un tiempo en que los populismos de distinto signo explotan la angustia de los ciudadanos, pero no representan el remedio de una vida buena”. La fortaleza de la democracia debería manifestarse en el cuidado a los más frágiles.
Pidieron rehabilitar la política que ponga la economía al servicio de la dignidad humana, que promueva la paz y que cuide nuestra casa común. Para esto, es imprescindible recuperar el diálogo sincero, desinteresado y honesto al servicio de una verdadera amistad social; un diálogo que sabe respetar y que puede abordar los conflictos y los desacuerdos, sin caer en polarizaciones estériles.
“Debemos renunciar a todo tipo de violencia, sabiendo que su espiral comienza con el discurso y escala hacia la acción. No podemos naturalizar la violencia en las redes sociales, en nuestros barrios, en el Congreso de la Nación”, sentenciaron los obispos. Y mencionaron al papa León XIV, quien pidió desarmar el lenguaje renunciando, no solo a las palabras hirientes sino también a las calumnias, y agregó: “Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz”.
Para finalizar, los obispos abogaron por un Estado presente que vele por la dignidad, la igualdad y la participación plena de todos, respetando la Constitución.
