La ultraderecha supremacista cristiana es la principal herejía del siglo XXI. La revolución ultraderechista no tiene solo un programa para invertir la civilización de la democracia y coaccionar a la Iglesia desde su seno, sino que tiene una teología que impulsa a través de todos los medios. Y cuando una banda de criminales se hace con el Estado más poderoso y la cultura hegemónica del mundo, ayudado por una quinta columna fundamentalista en Europa, su capacidad para imponer un tipo de teología hay que tomársela muy en serio por muy excéntrica que parezca.
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La ultraderecha cristiana tiene una contrapropuesta teológica en casi todos los ámbitos y es una impugnación radical del Concilio Vaticano II. Sus rasgos van conformándose más claramente conforme avanza por el mundo. Solo hay espacio para apuntar tres. Supone otra teología pública basada en la Doctrina de las dos espadas, que busca crear Estados confesionales autocéfalos y monoculturales.
Otro elemento lo ha expuesto y celebrado, con misa en latín en Roma, el tecnomagnate Peter Thiel, propietario de PayPal, quien anuncia un apocalipsis planetario y el Anticristo. Ya en 2021, uno de los ideólogos de la ultraderecha española proclamó que el papa Francisco era el Anticristo. Converge con el Aceleracionismo (al que dedicamos aquí un artículo), que básicamente es una ideología que trabaja por acelerar –mediante hipercapitalismo, imposición del poder violento en el mundo e invasión masiva de las tecnologías– lo que consideran una inexorable catástrofe planetaria, que realizará una drástica selección darwiniana de humanos, y tras la que se impondrá una civilización dictatorial gobernada por la élite de tecnomagnates.
Saben latín
El expansivo tradicionalismo litúrgico es un tercer elemento destacado, cuyo núcleo no es el retorno de la devoción, sino una arrogante celebración de la impugnación del Concilio. Saben latín.

