Luis Antonio Rodríguez Huertas
Militante del partido Por Un Mundo Más Justo y bachiller en Teología

Las ventajas de la guerra


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Quienes os dais la oportunidad de leer mis entradas en este blog, ya sabréis que a veces busco títulos que motiven su lectura. Aunque sean irónicos. Este es uno de ellos.



Porque, si me preguntan, para la guerra… NADA.

(Os animo a escuchar esta versión de Luis Guitarra y Carmen Sara de “Para la Guerra, Nada” que nos permitieron difundir desde el canal de YouTube de nuestra organización política)

¿Ventajas?

Y es que, me duele cada vez que estos días -también en otras ocasiones- escucho análisis de la guerra de Irán, evaluándola en términos de ventajas, beneficios, riesgos y oportunidades.

Personas especializadas en análisis geoestratégicos hablan de los beneficios que puede sacar China ante un posible desgaste de Estados Unidos, o de las ventajas para Francia y su nueva apuesta por las nucleares o, cómo no, de las hipotéticas ventajas que la guerra -en teoría- iba a dar a Estados Unidos, también en razón de beneficios energéticos o del incremento de poder en el medio oriente.

O, al revés, también se habla de los riesgos. “La guerra no es buena para los negocios en China”, acabo de escuchar en un boletín de noticias, sin ir más lejos.

Y nos quedamos tan anchos.

La guerra en términos de “sacar ventaja”.

Kryvyi Rih (Ukraine), 02/04/2025.- A handout photo released by the press service of the State

Entiendo que todos esas reflexiones y perspectivas tienen su porqué y son legítimos. Pero, ninguno de esos análisis, estarán hechos por personas que han perdido un ser querido en este o cualquier otro conflicto.

Solo importan las víctimas 

Porque, ¿puede haber algo más importante en todo el despropósito que suponen los conflictos bélicos? Si respondemos que sí… hay que evaluar muy mucho nuestro nivel de humanidad.

De hecho, tanto es así (que lo más importante de una guerra son las víctimas humanas), que las mismas estrategias militaristas, para deshacerse de ese “pesado lastre”, han desarrollado técnicas y armas que consiguen cada vez un mayor distanciamiento entre víctimas y victimarios. Los drones son la conquista máxima en esa dirección.

Así, se obtiene lo que se llama la “deshumanización del enemigo” o el “distanciamiento moral” que, por una parte, trata de evitar las barreras psicológicas para matar -que nacen con naturalidad en el ser humano- y, por otra, permite que las poblaciones se adhieran a los conflictos impulsados por sus gobernantes sin tener que sufrir la tentación de la “empatía con el enemigo”.

Por eso, creo que sería necesario impulsar -existe algún código ético particular en este sentido, pero no con rango de Ley- una Ley de Comunicación sobre conflictos armados.

En la misma, frente al “periodismo de guerra” que se centra en las armas, los movimientos estratégicos y en potenciar la lógica de los “ganadores y los perdedores”, en cada noticiero sobre alguna conflagración, al menos el 50% del tiempo dedicado tendría que girar en torno a dar a conocer las víctimas, con sus nombres y apellidos, sus familiares y sus historias.

Obviamente con el máximo respeto y alejándose de sensacionalismos o morbo. En cualquier caso, y siguiendo la propuesta del “periodismo de paz”, de Johan Galtum, se debería “dar voz a las víctimas y mostrar los costes humanos de la guerra, no solo las maniobras militares y políticas”.

Porque, silenciar a las víctimas, es algo que no podemos permitir.
Así me lo he prometido a mí mismo. Y tengo un truco para no olvidarlo.

Tanto dolor

Hace 20 años, en el verano de 2006, mientras leía una revista me quedé paralizado ante el rostro de una mujer anciana que lloraba cerrando y apretando sus ojos y su boca. En las columnas que le acompañaban se leía que, en uno de los enfrentamientos entre Líbano e Israel de esos días había perdido, de golpe, a 23 de sus familiares.

¡23 familiares! ¡Dios mío! ¿Cómo se puede asimilar una monstruosidad así? O, ¿cómo se puede justificar una acción militar que produce tanto dolor? No hay razón económica, geoestratégica, nacionalista, energética o cualquier otra que valga.

Entonces, recorté aquella imagen, y ya no deja de acompañarme.

Recorte de periódico

Recorte de periódico

Porque, eso es lo que ocasiona la guerra en primer y último término: muertes. El resto, a su lado, no puede importar lo más mínimo.

De ahí que hoy, para escribir estas líneas y aún a pesar de alagarme más de lo que tengo costumbre, he querido buscar nombres auténticos de seres humanos que hayan perdido su vida en lo que llevamos de guerra en Irán -lo mismo podría hacer de Gaza, Ucrania, Sudán…-. Nombres que nos devuelven la vergüenza de la guerra, y el bochorno de cuantificarla en términos de beneficios y ventajas.

Entre esos nombres, como bien sabemos, de los más dolorosos son los de niños y niñas. Ya van más de 1000 en esta guerra. De ellos, un enorme grupo de niñas de 6, 7, 8 años de un colegio en Minab: Zahra Bahrami (7), Ahmad Soltani (8), Mahdis Nazari (7), Athena Chamani-Nezhad (6)… Todas ellas con madres y padres que las están llorando; con familiares que solo saben de la guerra que les ha arrancado sus niñitas queridas…

También nombres de ciudadanos israelíes, de todas las edades: los adolescentes Yaakov Biton, Avigail Biton y Sara Biton o el septuagenario Eti Cohen Angel. ¿Serán sus familiares quienes aplaudan felizmente la operación militar de su país y Estados Unidos? ¿O, “simplemente”, se preguntarán por qué narices han tenido que morir tan absurdamente?

Y, ¿qué dirán los familiares del policía libanés Hassan Jaber y su hijito Ali Jaber de 3 años? ¿Estarán pendientes de si alguna fragata es bombardeada en el estrecho de Ormuz? ¿O solo sabrán ahora del sufrimiento de no tenerles consigo?

Y, al otro lado del Atlántico, las familias de los soldados Benjamin N. Pennington y Jeffrey O’Brien, sus padres, sus parejas, sus hijos, sus abuelitas… ¿tendrán interés en las ventajas energéticas que les traerá el afán imperialista de su presidente? ¿O se preguntarán una y otra vez “por qué, por qué, por qué”?

No, la guerra no trae ningún beneficio a la humanidad. Porque mata, y mata, y mata.

Dejémonos de buscar ventajas. Y centrémonos en tejer la paz.

Lo demás será pura vergüenza.