El arzobispo de Chicago, el cardenal Blase Cupich, aseguró que el papa León XIV “habló como pastor, no como estratega. Y lo mismo debemos hacer nosotros“; esto al recibir el premio ‘Blessed are the Peacemakers Award’, donde retomó el magisterio de León XIV.
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“El Papa no se dejó involucrar en discusiones abstractas sobre el uso justificado de la fuerza. En cambio, ha pedido una cultura de paz, exhortando a los líderes a volver al diálogo en lugar de la escalada, y basando su llamado no en la teoría sino en el sufrimiento humano”.
De acuerdo con Vatican News, el cardenal afirmó que la paz “no es la simple ausencia de la guerra, sino obra de la justicia“; así lo dijo el 29 de abril, durante la ceremonia en la que recibió el ‘Blessed are the Peacemakers Award’, reconocimiento más prestigioso de la Catholic Theological Union.
El Evangelio en cada situación concreta
Manifestó que el concepto cristiano de paz rompe con visiones tradicionales basadas en el dominio o la fuerza militar y señaló que en las Bienaventuranzas, Jesús redefine a los ‘operadores de paz’ como verdaderos hijos de Dios, en contraste con la lógica de poder de la antigua Pax Romana.
Blase Cupich refirió respecto al magisterio del papa León XIV, que ha cuestionado las narrativas que justifican la guerra como medio para alcanzar la paz; citó la homilía del Domingo de Ramos, en la que se aludió a que Cristo “rechaza la guerra” y no puede ser invocado para legitimarla.
El arzobispo expresó su preocupación por el enfoque predominante en contextos como Estados Unidos, donde el debate sobre la guerra se limita con frecuencia a la teoría de la “guerra justa”; la pregunta central -añadió- no debe ser si un conflicto puede justificarse, sino qué exige el Evangelio en cada situación.
La ‘ludificación’ de la guerra
“La paz es una tarea”, insistió, al recordar la enseñanza del Concilio Vaticano II en Gaudium et spes, que define la paz como una construcción constante basada en la justicia.
En este sentido, explicó que actitudes como “poner la otra mejilla” no implican pasividad, sino una forma activa de romper la lógica de la violencia; del mismo modo, señaló que amar al enemigo “no es un sentimiento, sino una práctica” que abre la posibilidad de reconciliación.
El cardenal advirtió sobre la “ludificación” de la guerra, en la que los conflictos se perciben como datos o imágenes, deshumanizando el sufrimiento; alertó que este fenómeno puede llevar a normalizar la violencia e incluso convertirla en entretenimiento.