Tribuna

‘Amoris laetitia’: una profundidad apenas atisbada (diez años después)

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Amoris laetitia (AL) invita a una nueva mirada. Por eso, es un nuevo paradigma, una nueva óptica. No aporta nuevos datos, análisis, sino una manera de acercarse, de ser pareja, de ser familia. Este nuevo paradigma de la pastoral del matrimonio y la familia se resume en “fortalecer vínculos y curar heridas”. Pero, más allá de estas bellas palabras, hay que pensar diez años después si lo hemos comprendido de verdad. Iremos ofreciendo unas pistas sobre cada una de sus nueve partes para pensar si hemos captado su novedad.



  1. La Biblia es compañera en nuestros crecimientos. No es un catálogo de normas ideales, de personajes perfectos, de versículos fulminantes que nos revelan soluciones, sino de itinerarios de crecimientos en la fe y en la esperanza en mitad de las dificultades de la vida. Muchas páginas de la Biblia (Caín y Abel, David, Job, José, Sara, Pedro, María, etc.) nos revelan que la palabra de Dios es “compañera de viaje también para las familias que están en crisis o en medio de algún dolor y les muestra la meta del camino” (AL 22). ¿Comprendemos esa manera de acercarnos a la Escritura?
  2. Nuestro mundo está roto por tanto individualismo y fragmentación. La familia también está fragmentándose (cada uno en su habitación con su pantalla). Pero Francisco no divide la realidad dicotómicamente en “sólidos y rotos”, sino que es capaz de decir: “Doy gracias a Dios porque muchas familias que están lejos de considerarse perfectas, viven en el amor, realizan su vocación y siguen adelante, aunque caigan muchas veces a lo largo del camino”. En mitad de la limitación y las dificultades, se puede vivir el amor. ¿Comprendemos que fragilidad y amor no se oponen?
  3. La doctrina de la Iglesia sobre la familia no es una losa, sino una invitación a un camino. La pastoral de la Iglesia, “con el enfoque de la pedagogía divina”, “mira con amor a quienes participan en su vida de modo imperfecto” (AL 78). La ‘Relatio Synodi’ afirmó: “Una sensibilidad nueva de la pastoral actual consiste en captar los elementos positivos presentes en los matrimonios civiles y, con las debidas diferencias, en las convivencias. Es preciso que en la propuesta cristiana, aun afirmando con claridad el mensaje cristiano, señalemos también elementos constructivos en aquellas situaciones que no se corresponden aún o ya con él”. ¿Comprendemos que lo cristiano es invitar a un camino, a una pedagogía positiva y constructiva, como la del Nazareno con sus discípulos?
  4. El amor de la pareja. “Todos somos una compleja combinación de luces y sombras (…). Me ama como es y como puede, con sus límites, pero que su amor sea imperfecto no significa que sea falso o que no sea real. Es real, pero limitado y terreno (…). El amor convive con la imperfección, la disculpa y sabe guardar silencio ante los límites del ser amado (AL 113). El verdadero amor no es el “amor idílico y perfecto”. “Es más sano aceptar con realismo los límites, los desafíos o la imperfección y escuchar el llamado a crecer juntos” (AL 135). El amor no es amar lo perfecto, sino lo cotidiano, lo real, los límites, lo imperfecto. No solo hay que valorar lo perfecto. ¿Comprendemos que Francisco es el primer papa no platónico en el amor, pues hay que amar lo imperfecto?
  5. Francisco con gran profundidad introduce dos conceptos: fecundidad y familia ampliada. No se reduce a lo que ocurre en un momento dado en la alcoba, sino que anima positivamente a acoger la vida, aun en la dificultad, a vivir relacionalmente (ser hermanos, hijos, nietos, cónyuges), a ampliar la familia integrando a los amigos y las familias más vulnerables (madres adolescentes o solas, huérfanos, solteros, separados, ancianos, enfermos) (AL 197). Es ser familias que hacen más doméstico el mundo. ¿Hemos comprendido su llamado a una fecundidad amplia más allá de lo biológico?
    Llavero con llaves y una casa fragmentada
  6. Pastoral que ilumina las crisis. La misión de la Iglesia es acompañar e iluminar las crisis que necesariamente vendrán. Las crisis superadas nos llevan “a mejorar, asentar y madurar el vino de la unión”. Se trata de acompañar para que “las crisis no los asusten” (AL 232). Francisco reconoce que “la mayoría no acude al acompañamiento pastoral, ya que no lo siente comprensivo, cercano, realista, encarnado” (AL 234). Algunos no son buena compañía, no iluminan, son duros en la mirada, recuerdan normas e ideales, no saben ser sal y luz. ¿Comprendemos nuestro papel pastoral de ser aliento, sal, luz, realismo que agradece y valora “lo limitado que tenemos”, ayuda para fortalecer vínculos o sabiduría para reconocer que se ha roto por violencias o una falta crónica de respeto?
  7. Fortalecer la educación de los hijos. La familia no puede renunciar a ser lugar de sostén, de acompañamiento, de guía, de protección ante tantas pantallas y ocio deshumanizantes. Francisco incide en la necesidad de pasar tiempo “con ellos hablando con sencillez y cariño de las cosas importantes y las posibilidades sanas (…). El abandono nunca es sano. Los padres deben orientar y prevenir”. Por eso, habla de vigilancia, ayudarles a enfrentar riesgos (agresiones, abusos, drogas), de orientarles en la sexualidad y, sobre todo, saber dónde están existencialmente (AL 261). ¿Comprendemos que lo que los hijos necesitan es presencia y orientación?
  8. Acompañar, discernir e integrar la fragilidad es un tratado espiritual y moral. La Iglesia invita a “mirar con amor a quienes participan de modo incompleto, reconociendo que la gracia de Dios también obra en sus vidas”. Es esa mirada interior que descubre la gracia en la fragilidad y lleva a la Iglesia a acompañar a sus hijos más frágiles, a acogerlos en su casa, a ser hospital de campaña y, en su discernimiento, “descubrir con cierta seguridad moral que esa es la entrega que Dios mismo está reclamando en medio de la complejidad concreta de los límites, aunque todavía no sea plenamente el ideal objetivo” (AL 303). Se trata de mirar hondamente, no de si puede comulgar o no. Supone que, “en medio de una situación objetiva de pecado, se pueda vivir en gracia de Dios, se pueda amar, se pueda crecer en la vida de gracia”. ¿Comprendemos que la gracia del Espíritu se derrama en la fragilidad? ¿Comprendemos que el Espíritu está vivo en muchos matrimonios civiles, parejas de hecho, parejas homosexuales, prostitutas inmigrantes, tantos que llevan vidas muy difíciles?
  9. Espiritualidad familiar. Francisco invita a orar en familia ante el Señor vivo, ir juntos a la eucaristía (AL 318), de la belleza de “pertenecer por completo a una persona” desde el levantarse al dormir (AL 319). ¿Comprendemos esa espiritualidad del amor que cuida, consuela, mira, acaricia, abraza, sueña y sale hacia los más pobres?
  10. La conclusión nos vuelve a dar la clave de la mirada: “Ninguna familia es una realidad celestial y confeccionada de una vez para siempre, sino que requiere una progresiva maduración de su capacidad de amar. Hay un llamado constante que viene de la comunión plena de la Trinidad… Caminemos, familias, sigamos caminando. Lo que se nos promete es siempre más. No desesperemos por nuestros límites, pero tampoco renunciemos a buscar la plenitud de amor y de comunión que se nos ha prometido”. ¿Comprendemos que Dios nos ama en nuestra limitación y nos atrae desde la plenitud de su amor trinitario?
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