Enrique Lluc
Doctor en Ciencias Económicas

El pasado eclesial


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Esta vuelta al pasado de la que hablaba en la anterior entrada del blog, también se da en nuestra Iglesia (y en algunas de las protestantes). La creciente secularización que se está dando en nuestras sociedades, hace que muchas personas e instituciones eclesiales recuerden e idealicen las épocas en las que la cultura era esencialmente cristiana y crean que hay que volver a organizar las cosas cómo se hacía en aquellos momentos, para volver a tener un lugar predominante en la sociedad.



Esto conlleva, con frecuencia, una vuelta a la tradición, un retornar a lo que se ha hecho siempre, a costumbres, liturgias y maneras que han sido habituales durante los años en los que vivieron sus padres y sus abuelos. La vuelta a la sotana (que fue oficializada por la Iglesia en el pontificado de Pío IX en el siglo XIX), la recuperación de costumbres que provienen del concilio de Trento (que tuvo lugar en el siglo XVI) y que, como se sabe, buscaba contrarrestar el crecimiento del protestantismo (por eso se habló de la contrarreforma), se realizan apelando a una tradición que, como se ve, no es precisamente muy antigua (si comparamos con los 2.000 años del cristianismo).

Misa tridentina

Celebración eucarística según el rito anterior a la reforma litúrgica de 1970

He escuchado en conversaciones mantenidas en los últimos meses cómo se habla de que la verdadera Iglesia no es la surgida en el Vaticano II sino la que surgió después del de Trento. Por qué la del siglo XVI era la verdadera y no la del siglo XX, es algo que no llego a entender… Pensar que entonces la Iglesia estaba más acertada que los que la componían en el siglo pasado me da la impresión de que es confiar muy poco en ella. Sería lo mismo que decir lo contrario, que la del Vaticano es más acertada que la de entonces.

Fidelidad al mensaje de Jesús

Creo que la Iglesia intenta aplicar los mismos principios, el anuncio del amor de Jesucristo a todas las personas, a las distintas realidades ante las que se encuentra. Como estas cambian a lo largo del tiempo, también lo hace la Iglesia. La fidelidad al mensaje de Jesús, la capacidad para escuchar lo que nos dice el Espíritu Santo en cada momento, son los criterios que tienen que guiarnos para ir organizándonos y transmitir la buena nueva cristiana a cada nueva generación y en cada nueva sociedad.

Por ello, no creo que debamos volver al pasado para encontrar la manera mejor de construir el Reinado de Dios en la tierra en la actualidad, lo mismo que tampoco creo que debamos renunciar a lo que nos enseña la historia. Tampoco creo que toda nueva manera de anunciar el evangelio sea buena por el solo hecho de ser nueva, pero tampoco lo contrario. Me parece que la situación actual se parece en algunas cosas a la que vivió la Iglesia en el siglo XIX. Entonces se articularon nuevas soluciones, no se buscó volver al pasado (pensemos en la Doctrina Social de la Iglesia) y se comenzaron a tejer los mimbres del Vaticano II. Aprendamos de él pero tengamos la mirada en la realidad actual y en el futuro.