Tribuna

Gracias por no callar

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Como en toda reflexión, hay algo del testimonio personal –muchas veces doliente– de quien se anima a asomar la cabeza con consciencia profética y decir algo para que, mínimamente, resuene en el corazón de alguien.



Hace ya seis años, un obispo me dio ese título que guardé con el entusiasmo de quien se siente aceptada, acompañada y alentada en este camino que las mujeres muchas veces hilvanamos con letras, y otras, bordamos con lágrimas.

Siempre caen las mismas preguntas y la misma afirmación. Si María no hubiera abierto la boca para dar su Sí, no habría nadie en todo el mundo juntándose en el nombre de Jesús. ¿Qué hubieran hecho los hombres sin ella? ¿Y quién hablaría de Jesucristo vivo, muerto y resucitado sin el grito de María Magdalena?

¿Qué sería de nuestro hoy de muertes por femicidio, jóvenes violentadas y trata, si no hubiera mujeres dispuestas a reclamar justicia como lo hacen de diversas maneras en el mundo entero?

Podrían seguir las preguntas para las diversas situaciones que albergan injusticias por parte de quienes detentan el poder de toda institución y jerarquía porque previamente formatearon mitos, leyendas, relatos, narraciones y discursos. Ni hablar de las situaciones aún existentes donde las mujeres no pueden gritar por sus salarios indignos, su sexualidad atrofiada, su carne avasallada en su matrimonio.

Y esto no tiene nada que ver con creer o no en feminismos, con apoyar o no un colectivo u organización que defienda en exclusiva a la mujer de diversas maneras. Esto tiene que ver con la libertad y la dignidad de cada persona humana.

Mama Antula Icono

En nuestro hoy

No callar es levantar la mirada profética y no tener miedo de hablar. Ya sabemos que el miedo paraliza. No dejar de decir lo que aprieta en la garganta, lo que es injusto e innecesario, aquello que hace doler, aquello que no es lo que dice el Evangelio.

No callar, aunque haya quienes levantan el dedo de la moral y el deber ser para sojuzgar y seguir reinando y hacen que la gente cierre sus palabras con un amén.

No callar hoy es decirle al poder perverso –porque no trabaja para el servicio– que no vamos a aceptar el “dedocentrismo”, las barridas debajo de la alfombra, los personajes que por querer un lugarcito se vuelven funcionales y aduladores y repiten con palabras pedidas a la IA lo que les parece mejor armadito para enviar a los escuchadores seriales, al pueblo de Dios que no escuchan nunca.

No callar hoy es hacerse cargo del Evangelio de Jesús, el histórico, y de Jesucristo el resucitado. No lo que queda bien que se repita desde una memoria gastada, con palabras gastadas.

No callar es proponer nuevas palabras para esta nueva cultura del encuentro en un mundo que se cae a pedazos.  No callar es crear nuevas maneras de acordar la paz. Es llamarnos a la fidelidad creativa, dice el papa León XIV.

No callar es hacerme preguntas consistentes y tratar de mirarme para responder desde el pleno vacío de una escucha humilde.  Escuchar con los oídos del corazón, decía Francisco. ¿Cómo busco la verdad? ¿Me implico en las realidades? ¿A quiénes dejo fuera cuando hablo? ¿Cómo asumo la responsabilidad de lo que genero? ¿Dejo que el Evangelio corrija mi modo de decir?

No callar es construir vida “proponiendo una comunicación basada en la verdad profunda del rostro y la voz real”, dirá León.

No callar es buscar que mi corazón se acompase con el latido del corazón de Jesús, vivo y caminante y dejarnos llevar por la Fe, la Esperanza y el Amor que brotan desde la Trinidad misma y lo impregnan todo.

No callar es apasionarnos con la Palabra de Dios para ser corresponsables de la caminata del pueblo que quiere y necesita Reino hoy. Y esto lo hacemos las mujeres no entre ellos, sino con ellos. Juntos caminantes de una historia que está pidiendo a gritos que no callemos.

Para estas fechas…

Gracias a cada una de las mujeres que no callan y bordan nombres para la memoria.

Gracias Mama Antula por no callar y desparramar Evangelio a manos llenas y pies descalzos.

Gracias a ese obispo –sacerdote para siempre– que un día me dijo “gracias por no callar”.