“En este momento que todos conocemos, pedimos al Señor que haga callar las armas y que los hombres se reconcilien”. Esta ha sido la súplica del cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano, durante la misa que ha celebrado en la Basílica de San Pablo Extramuros ante carabineros, militares del Ejército italiano, miembros de la Guardia de Finanzas, de la Fuerza Aérea y de la Marina, reunidos para celebrar el centenario del Ordinariato Militar para Italia, creado en 1926 para acompañar espiritualmente a los militares y a sus familias.
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Así, a partir del Evangelio de Mateo —donde Jesús denuncia la incoherencia de los fariseos— Parolin trazó un itinerario para el ministerio de los capellanes en contextos militares. “La palabra severa del Evangelio no queda como una acusación contra ‘otros’, sino que se convierte en criterio de comportamiento para cada uno de nosotros”, afirmó.
El purpurado habló de “una coherencia humilde”, de “una autoridad que se exprese en el servicio”, de “una presencia que no oprime ni se exhibe, sino que acompaña y orienta”. “La Cruz debe ser el paradigma de toda autoridad cristiana”, añadió.
Y es que, en un mundo donde la fuerza suele entenderse como imposición, la lógica cristiana es otra. “La Iglesia no deja de promover una cultura de paz”, subrayó, “entendida no como ingenuidad desarmada, sino como construcción paciente de condiciones de justicia, diálogo y tutela de los derechos”.
Custodiar la conciencia en medio del conflicto
Parolin evocó la enseñanza del Concilio Vaticano II en Gaudium et spes: la conciencia es “el núcleo más íntimo y el santuario del hombre, donde él está solo con Dios”. Y añadió que la tarea de la Iglesia es “custodiar e iluminar este espacio inviolable de la persona”.
Para los capellanes militares, esto implica “educar en la responsabilidad y la libertad interior”. En la “fatiga de la ausencia”, en el “miedo al peligro”, en la “herida del sacrificio” que acompañan la vida castrense, la presencia del capellán “se convierte en un signo concreto de la maternidad de la Iglesia”.
En escenarios de guerra, insistió, es especialmente importante cuidar la “conciencia militar”, porque ahí “se juega el respeto de la dignidad humana, incluso en el corazón del conflicto”.
Misa presidida por el Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado de la Santa Sede en San Pablo Extramuros
Contra la tentación de la visibilidad
La tercera fractura señalada por el cardenal es la ostentación. Jesús advierte contra quienes actúan “para ser admirados por la gente”. Esa tentación, recordó Parolin, puede asomar también en la vida eclesial.
“La búsqueda de visibilidad, el cuidado de la imagen, la necesidad de aparecer” no pueden guiar la misión del Ordinariato. La fidelidad no se mide por el refuerzo de estructuras ni por la proyección pública, sino por la capacidad de generar “un discernimiento maduro, capaz de conjugar fuerza y responsabilidad, fidelidad al Estado y respeto por la dignidad inviolable de cada persona”.