El vacío de poder en Haití es alarmante, lo que ha facilitado la acción de las bandas criminales para hacerse con el control de buena parte del país caribeño. Hasta el extremo de que las últimas elecciones presidenciales fueron en 2016. Las ganó Jovenel Moïse, pero fue trágicamente asesinado en 2021. Desde entonces, han seguido ejecutivos interinos marcados por su incapacidad para controlar la situación, siendo hoy el Estado prácticamente inexistente.
- ¿Todavía no sigues a Vida Nueva en INSTAGRAM?
- WHATSAPP: Sigue nuestro canal para recibir gratis la mejor información
- Regístrate en el boletín gratuito y recibe un avance de los contenidos
Con todo, al final del año pasado, se alimentó una leve esperanza cuando el Consejo Presidencial de Transición (CPT) anunció la aprobación de una nueva ley electoral que permitiría la llamada a las urnas en los próximos meses. De hecho, esta se concretó y, por primera vez en una década, este 2026 habrá elecciones para elegir al próximo presidente de Haití. Si nada falla, estas deberían tener lugar el próximo 30 de agosto. Pero hay una duda que sobrevuela en muchos: realmente, ¿se celebrarán?
Claramente escéptico
En declaraciones a Vatican News, Pierre-André Dumas, obispo de Anse-à-Veau-Miragoâne y vicepresidente de la Conferencia Episcopal Haitiana, parece ser escéptico: “La violencia y el caos que imperan en Haití no permiten organizar elecciones transparentes, honestas, democráticas e inclusivas”. A las dificultades evidentes se suma el hecho de que los ciudadanos deberían votar en dos momentos distintos a lo largo del año, pues no solo se elige la presidencia nacional, sino que también se renovarían todos los escaños de las dos cámaras, así como el conjunto de y los cargos municipales.
Teniendo en cuenta que amplias zonas del país son inaccesibles para las autoridades al reinar en ellas la violencia sin control, el prelado no entiende cómo pueden ser legítimas unas votaciones para elegir a los representantes públicos si ni quisiera se puede garantizar la seguridad de aquellos que se atreverán a acudir a las urnas en esa “tierra de nadie”. “¿Cómo podrá votar la gente de estas zonas perdidas donde el Gobierno está ausente?”, se cuestiona.
Opresión y dominio
“¿Cómo podrán hacerlo con la máxima libertad y plena conciencia si los grupos criminales no dejan de matar, secuestrar e imponer sus reglas de opresión y dominio?”, abunda. Y es que es un hecho que, “si antes la situación era complicada, ahora se ha vuelto extremadamente dolorosa. Y este dolor se puede leer claramente en los ojos de la población, que a menudo huye abandonando sus hogares y sus bienes, conquistados con el esfuerzo de su trabajo”.
Para Dumas, es imposible ignorar que estamos ante “una violencia que se ha vuelto sistémica y que puede hacer que mi pueblo pierda la esperanza. Un pueblo que, como sostienen los poetas haitianos, por naturaleza baila, se regocija, canta y cree. Pero esta alegría natural corre el riesgo de ser completamente borrada por el miedo que se ha infiltrado en las entrañas de la sociedad”.
Sin equilibrio de poderes
Concretamente, el vicepresidente del Episcopado no entiende cómo es posible que el CPT haya finalizado su misión, el pasado 7 de febrero (transfiriendo todos los poderes ejecutivos al primer ministro, Alix Didier Fils-Aimé), sin haber logrado organizar si quiera las elecciones presidenciales, aún a varios meses vista. A su juicio, eso denota la ausencia de una “normalización democrática”. Al contrario, “vivimos en una especie de suspensión política en la que no existe un camino claro y compartido hacia el reequilibrio de los poderes, que ahora están concentrados en una sola figura institucional”.
Ante “una legitimidad que, sin embargo, no es democrática”, la primera consecuencia es que “los jóvenes, inmersos en un clima en el que no encuentran ni consuelo ni trabajo, se lanzan a los brazos de las pandillas. Quienes actualmente detentan el poder deberían intentar restablecer una confianza plena y colectiva». “Elecciones, sí, pero con seguridad y libertad”, remacha con fuerza Dumas.

