Poco más de un año antes de su muerte, en la discreción de su retiro en el Vaticano, el papa emérito Benedicto XVI volvió a hacer lo que hizo durante toda su vida: pensar la fe con rigor, con hondura y con esa precisión teológica que nunca perdió, ni siquiera en la fragilidad física de sus últimos años.
- ¿Todavía no sigues a Vida Nueva en INSTAGRAM?
- WHATSAPP: Sigue nuestro canal para recibir gratis la mejor información
- Regístrate en el boletín gratuito y recibe un avance de los contenidos
Ahora, una carta inédita fechada el 27 de abril de 2021 en la Ciudad del Vaticano ve la luz en La fe del futuro, el cuarto volumen de una colección de escritos poco conocidos de Joseph Ratzinger publicada por la editorial italiana Edizioni Cantagalli. El libro cuenta con un prefacio del secretario de Estado vaticano, el cardenal Pietro Parolin, quien sitúa el texto en el corazón de una pregunta que atraviesa el tiempo actual: si la humanidad seguirá creyendo en Dios.
“El tema del futuro se está convirtiendo cada vez más en objeto de reflexión teológica sobre la fe, porque no es en absoluto seguro que la humanidad siga creyendo en Dios”, escribe Parolin. Y añade que la incertidumbre actual, marcada por “la pérdida de la esperanza y el miedo generalizado”, no afecta solo a los creyentes, sino a toda la humanidad.
“El acto religioso fundamental”
La carta lleva por título ‘Introducción: Reflexiones sobre la oración cristiana’, y en ella el papa alemán subraya que “en términos generales, la oración es el acto religioso fundamental: es, de alguna manera, el intento de entrar en contacto concreto con Dios”.
“La peculiaridad de la oración cristiana reside en que se reza junto con Jesucristo y, al mismo tiempo, se le reza a Él”, continúa. En este sentido, Jesús no es solo maestro de oración, sino el puente mismo. “Jesús es a la vez hombre y Dios, y por ello puede ser el puente, el pontífice, que permite superar el abismo infinito entre Dios y el hombre”. En palabras del propio Benedicto, Cristo es “la posibilidad ontológica de la oración” y también su “guía práctica”.
Cruz y obediencia
Asimismo, Ratzinger señala que la oración no es un refugio espiritualista, sino que está atravesada por la Cruz. Recuerda las palabras del profeta Samuel: “Obedecer es mejor que un sacrificio, prestar atención es mejor que la grasa de los carneros” (1 Sam 15,22). Y subraya que la yuxtaposición con la Cruz es evidente en toda la proclamación de Cristo.
Por ello, la oración cristiana, unida a Jesús, no puede separarse de su entrega. No es un ejercicio de palabras vacías ni un rito formal. Está anclada en la vida entregada. Además, la oración cristiana “siempre está anclada en la Eucaristía, conduce a ella y tiene lugar en ella”.
La Eucaristía es, para Benedicto XVI, “oración plena con todo el ser”. Es la “síntesis crucial del culto y la verdadera adoración”. En ella, escribe, Jesús ha pronunciado su rotundo “no” a las meras palabras y a los sacrificios de animales, sustituyéndolos por el gran “sí” de su vida y muerte. Por eso puede afirmar que la Eucaristía es “la crítica definitiva del culto” y, al mismo tiempo, el culto en su sentido más pleno.
Orar es luchar contra la inercia
Para Benedicto XVI, orar significa luchar contra esta inercia del corazón”. Significa, además, la humildad de presentar ante Dios incluso “las pequeñas cosas de nuestra vida cotidiana”. Asimismo, aborda la cuestión sobre si la oración auténtica debería ser solo alabanza y no petición.
Para el papa emérito, considerar que Dios no debería ocuparse de nuestras necesidades sería “una insensatez”. Al contrario, “necesitamos a Dios precisamente para poder vivir nuestra vida cotidiana a partir de Él y orientada hacia Él”. “Pedir a Dios también y sobre todo significa purificar nuestros deseos para que podamos ponerlos ante Él y para que se inserten en el ‘nosotros’ de la familia de Cristo”, señala, apuntando que el Padre Nuestro es la prueba de ello.

