Esta mañana, en el Palacio Apostólico Vaticano, el papa León XIV ha recibido en audiencia a las comunidades de la Facultad Teológica Pugliese y del Instituto Teológico de Calabria. Dos instituciones arraigadas en el sur de Italia —Puglia y Calabria— que el Pontífice ha evocado desde la imagen que las une: el mar.
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“Quedaos en mar abierto. El católico no debe tener miedo del mar abierto, no debe buscar el refugio de puertos seguros”, ha recordado, citando a su predecesor. “No se trata de adquirir nociones para cumplir obligaciones académicas”, ha advertido el pontífice, “sino de iniciar una navegación valiente, una travesía en alta mar”.
Asimismo, el Papa ha querido dejar claro que la teología no es un lujo para especialistas ni un destino reservado a una élite intelectual. “La teología sirve para el anuncio del Evangelio”, ha subrayado. Y, por eso mismo, “es parte integrante y fundamental de la misión de la Iglesia”.
Una travesía en doble dirección
En su discurso, León XIV ha descrito esa navegación teológica como un movimiento en dos direcciones. Por un lado, descender a lo profundo: “es un camino para bajar a las profundidades, escrutando los abismos del misterio de Dios y las diversas dimensiones de la fe cristiana”. Por otro, abrirse hacia fuera: “es hacerse a la mar para ir más allá, para explorar otros horizontes y encontrar nuevas formas y nuevos lenguajes con los que anunciar el Evangelio en las distintas situaciones de la historia”.
“La formación teológica no es un destino para pocos especialistas”, ha continuado León XIV, “sino una llamada dirigida a todos”, para que cada uno pueda “profundizar en el misterio de la fe” y adquirir “las herramientas útiles para llevar adelante con pasión el perseverante compromiso de mediación cultural y social del Evangelio”.
Por otro lado, el Papa ha advertido que la tentación del localismo puede convertirse en obstáculo para una visión más amplia de Iglesia. Frente a eso, el ha propuesto un horizonte común: “En este camino es posible construir un horizonte de pensamiento compartido y una convergencia ante los desafíos pastorales y las exigencias de la evangelización”.
León XIV con las comunidades de la Facultad Teológica Pugliese y del Instituto Teológico de Calabria
“Una formación que sirve al anuncio del Evangelio es posible solo juntos, navegando en mar abierto, pero no como navegantes solitarios”, ha dicho el Papa, animando a los presentes a “hacer teología juntos” y a “salir del propio puerto seguro” para “ir más allá de los propios límites territoriales y eclesiales, en el encuentro y el contraste, en la escucha recíproca y en el diálogo”.
Esa comunión entre Iglesias, ha subrayado, permite poner en conexión “recursos, competencias y carismas”. “Haciendo teología juntos, los horizontes intelectuales, espirituales y pastorales se ensanchan y se mezclan”, ha explicado. Y de esa mezcla nacen “perspectivas comunes y un compromiso eclesial más encarnado en el territorio”.
Un laboratorio sinodal
El Pontífice ha dado un paso más y ha definido estas instituciones como un “laboratorio” que prepara a futuros presbíteros y agentes pastorales para vivir relaciones eclesiales “al estilo sinodal”. Un estilo en el que “los distintos sujetos, ministerios y carismas eclesiales se complementan mutuamente superando todo cierre”.
“Os invito a soñar una comunidad académica”, ha dicho, “en la que los candidatos al ministerio ordenado, los consagrados y las consagradas, los laicos y las laicas se formen juntos y ayuden a las comunidades cristianas a convertirse en signo del Evangelio y talleres de esperanza”.
Desafíos sociales: trabajo, emigración, injusticia
“La riqueza de la historia de la que provenís y la religiosidad difundida de vuestro pueblo”, ha finalizado el Papa, “no eliminan las numerosas problemáticas sociales”. “La crisis del trabajo, el fenómeno de la emigración y todas aquellas formas de opresión, de esclavitud y de injusticia que invocan una conciencia nueva y un compromiso audaz por parte de todos”, ha señalado.
En este sentido, ha afirmado que “la formación teológica contribuye a generar un pensamiento crítico y profético”. Es, ha añadido, “una inversión cultural para el futuro capaz de desactivar las lógicas de la resignación y de la indiferencia”.
