La Santa Sede confirmó, el 25 de febrero, el viaje de León XIV a España, que –tal y como adelantó ‘Vida Nueva’– tendrá lugar del 6 al 12 de junio. Aunque no se han dado más detalles, el equipo organizador ya trabaja con Madrid, Barcelona y Canarias como los destinos elegidos.
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La responsabilidad de recibir al Papa en el actual contexto de polarización y crispación política, del que también se ha contagiado la Iglesia, y en un país que comparte la creciente secularización de Occidente, exige plantear una agenda que responda verdaderamente a los signos de los tiempos. Esto requiere no dejarse atrapar por querencias pasadas en los encuentros y celebraciones para confirmar la fe de la comunidad católica, pero, sobre todo, en los actos institucionales y con la sociedad civil.
Voz de denuncia
Un viaje papal no puede concebirse como un escaparate doctrinal o de exhibición de músculo, sino como una oportunidad sin precedentes para que la Iglesia se presente como puente y eslabón indispensable para reconstruir –al estilo ‘Dilexi te’ de Jesús de Nazaret– un tejido social roto, para ser voz de denuncia de los últimos, sean los migrantes, las víctimas de cualquier abuso o aquellos en quien nadie cree.