Las víctimas de las HAM, a León XIV: “La situación es gravísima”

Las familias afectadas por la acción pastoral de las Hijas del Amor Misericordioso escriben una carta al Papa, siete meses después de la intervención del cardenal Cobo por supuestos abusos

Las Hijas del Amor Misericordioso -HAM-

El grupo de víctimas de las Hijas del Amor Misericordioso, la asociación pública de fieles conocida como las HAM, intervenida por el cardenal arzobispo de Madrid, José Cobo, por supuestos abusos de poder, conciencia y sexuales, consideran que “la situación sigue siendo gravísima”.



En estos términos se dirigen en una carta que han enviado en estas últimas semanas por doble vía a León XIV para alertarle de que “la vida, la salud mental y la fe” de quienes están vinculadas a este grupo, la mayoría jóvenes consagrada, “siguen en peligro dentro de la Iglesia”.

Intervención decidida

“Santo Padre, te suplicamos que mires personalmente esta situación y pidas a los dicasterios correspondientes una intervención clara, decidida y protectora”, imploran en la carta fechada el 20 de enero.

Conocidas como sus siglas, las HAM, nacieron como comunidad en 1983 de la mano del jesuita fallecido Antonio Mansilla Casas, pero poco tienen que ver con otros institutos de vida consagrada femeninos con espiritualidad ignaciana. Fue en noviembre de 2007, cuando fueron inscritas como asociación por entonces cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, pero nunca han llegado a ser aprobadas como congregación por la Santa Sede. Presentes en las Archidiócesis de Madrid, Sevilla y Toledo, actualmente estarían consagradas más de un centenar de mujeres, además de una treintena de hombres de la rama masculina que viven en la diócesis de Getafe y un grupo de más de 300 laicos que les siguen.

El dictamen de la Rota

En la carta, que ha adelantado ‘The Objective’ y a la que ha tenido acceso ‘Vida Nueva’, el grupo de firmantes reconoce la labor realizada en este tiempo por Cobo, por el Tribunal de la Rota -que recomendó su disolución inmediata-, así como por la comisaria encargada de tutelar a las HAM, Pilar Arroyo. De la misma manera, ponen en valor el hecho de que se decretara la salida temporal de su superiora general, María Milagrosa Pérez Caballero, conocida como Marimí. “Este paso ha supuesto, por primera vez, un reconocimiento eclesial del sufrimiento de muchas personas”, escriben.

María Milagrosa Pérez Caballero, superiora general de las HAM

María Milagrosa Pérez Caballero, superiora general de las HAM

En el documento enviado a Robert Prevost, los familiares de la jóvenes postulantes que han formado parte de asociación y que han retornado a su casa tras las medidas preventivas adoptadas por el Arzobispado, comparten que “lo han hecho medicadas, con tratamientos psiquiátricos o ansiolíticos”. “Ni las que están dentro ni las que han salido son conscientes del daño que han sufrido”, relatan al Pontífice agustino.

Dificultades de la comisaria

De la misma manera, se hacen eco de las “dificultades” a las que se está enfrentando la comisaria por “el cerrazón sectario” que se habría encontrado en su labor de tutela y acompañamiento. “Han manifestado en ocasiones la voluntad de permanecer unidas aún al margen de la Iglesia a quien acusan de ‘modernista’”, se puede leer en la carta.

Por otro lado, en la carta también se notifica al Papa cómo, a pesar de las restricciones impuestas, las HAM continúan con parte de su actividad pastoral. En este sentido, el escrito se detiene en la rama masculina, los Hermanos del Amor Misericordioso, que actualmente están al frente de dos parroquias en Fuenlabrada y Móstoles, pertenecientes a la Diócesis de Getafe.

Presencia en Getafe

“Aunque carece de reconocimiento jurídico formal, opera como una extensión de la misma, compartiendo fundadores, espiritualidad y un gobierno de facto bajo la misma superiora”, se describe en el texto enviado al León XIV sobre estos sacerdotes y seminaristas que residen en Serranillos del Valle. Desde ahí, en la carta se habla de una supuesta “falta de transparencia”, “inacción” y “encubrimiento” por parte del obispo de Getafe, Ginés García Beltrán.

Con estas coordenadas, las víctimas repasan algunas de las prácticas habituales que se dan en las HAM como el “culto a la personalidad” a Marimí, la “manipulación y aislamiento de relaciones”, el control en el modo de vestir, “ofrecimiento de posibles terapias de conversión de la homosexualidad”, “oraciones de liberación y exorcismos”, “manipulación de la Sagrada Eucaristía para fines ajenos al culto”, profecías en asambleas de alabanza, “comunicación con fallecidos” en celebraciones, “pensamientos y teología herética sobre la salvación”…

El pasado verano, tras las medidas adoptadas por el cardenal Cobo, los laicos vinculados a las Hijas del Amor Misericoridioso, desmintieron taxativamente las acusaciones consideradas verosímiles por el Tribunal de la Rota. “Negamos cualquier manipulación o aislamiento de personas”, señalaron en un comunicado en el que defendían que “las religiosas y novicias” están consagradas “por voluntad libre y personal” , subrayando que no son un “entorno sectario”.

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