El Colegio Mayor Universitario de San Pablo acogía ayer, viernes, 20 de febrero, el acto de apertura del proceso de canonización del padre Ángel Ayala. Este marca el inicio oficial del camino para el reconocimiento de la santidad del sacerdote jesuita que fundó la Asociación Católica de Propagandistas y dejó una huella decisiva en la vida pública y educativa española del siglo XX.
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El evento, celebrado a las 20:00 horas, ha reunido a miembros de la ACdP, representantes eclesiales, autoridades civiles y numerosos fieles que quisieron acompañar este momento histórico. La apertura formal del proceso supone el reconocimiento por parte de la Iglesia de la relevancia espiritual y apostólica de quien dedicó su vida a la formación de laicos comprometidos.
Durante la sesión, se destacó la figura del padre Ayala como formador de conciencias y creador de obras. En su intervención, el presidente de la AcdP, Alfonso Bullón de Mendoza, subrayó la fama de santidad que acompaña a la memoria del padre Ayala como “hombre de Dios, educador, director espiritual y formador de generaciones de laicos comprometidos con llevar la fe a todos los rincones de la sociedad”.
Un apostolado “ciertamente fecundo”
Nacido en Ciudad Real en 1867 e ingresado en la Compañía de Jesús en 1892, Ayala entendió pronto que la transformación cristiana de la sociedad pasaba por la formación intelectual y espiritual de los laicos. En 1908 convocó en Madrid a un pequeño grupo de jóvenes con el deseo de “ver lo que quería Dios que saliera de allí”. De aquel encuentro surgiría la Asociación Católica Nacional de Propagandistas, germen de la actual ACdP, además de iniciativas educativas y sociales como el impulso del Instituto Católico de Artes e Industrias (ICAI) y el diario El Debate.
Su figura ha sido reseñada por Pablo Sánchez Garrido, postulador de la causa, quien ha señalado que su ejemplo “constituye una aportación singular a la Iglesia, especialmente por su empeño en evangelizar en la vida pública y formar cristianos capaces de influir en la sociedad desde una fe vivida desde la valentía y una parresía evangélica para mayor gloria de Dios”.
Más allá de sus obras visibles, en el acto se insistió especialmente en su perfil espiritual: sacerdote de gobierno, autor prolífico, hombre de profunda vida interior y de una alegría serena que marcó a generaciones enteras. Falleció el 20 de febrero de 1960, y precisamente en el aniversario de su muerte se ha querido iniciar este proceso.
Tras el acto, se procedió a hacer una ofrenda floral en la capilla del colegio mayor, donde reposan los restos mortales del padre Ayala. “Su apostolado ha sido ciertamente fecundo”, recordó José Antonio Martínez Camino, arzobispo auxiliar de Madrid, quien ha añadido que “la Iglesia se toma en serio la posibilidad de que el Padre Ayala sea un testigo vivo del Evangelio”.
La apertura de la causa no es solo un paso jurídico, sino también un momento de memoria agradecida. Como se recordó durante la ceremonia, la vida del pdre Ayala interpela hoy a los cristianos a vivir su fe con responsabilidad pública, hondura intelectual y confianza en la acción de Dios en la historia.