1. En la vida cotidiana
Nuestra vida es una sucesión de itinerarios que nos han llevado a la situación actual. Tal vez nuestros ancestros realizaron un camino que nos ubicó en las coordenadas en las que habitamos. Yendo más lejos, descubrimos que una de las características de la humanidad, durante mucho tiempo, fue ser peregrinos: desde el origen hasta los asentamientos modernos, desde las diferentes corrientes científicas que han afirmado que el Homo Sapiens se ubicaría en África y cómo estos fueron caminando, hasta encontrar restos fósiles de diferentes culturas en todos los continentes. Por ende, se puede inferir que la humanidad es “homo viator” (hombre viajero).
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Esta acción no es solo algo físico, sino que manifiesta varias características esenciales de la humanidad. En cierto sentido expresa su condición animal y parte de la creación. A su vez, su capacidad de búsqueda, incertidumbre, crecimiento, retroceso, de posibilidad de aprender… En la actualidad con la falsa sensación de seguridad y estabilidad se han creado condiciones para vivir en un espacio o no-lugar, pero con crisis constantes porque hemos dejado esta condición de peregrinos, pasando de ir de un lado a otro a estar la mayor parte en postura sedentaria. Sin embargo, por ser caminantes, recurrimos a modas que buscan compensar esa situación. Por un lado, la tecnología que ha reemplazado esa capacidad de viajeros existenciales, pero ella varía constantemente para provocar en nosotros la sensación de cambio y búsqueda de algo nuevo. En este contexto se generan las grandes crisis existenciales, ansiedades, generaciones de cristal (de vidrio) u ofendidas (Fourest, Caroline, 2021). Por otro lado, una cultura fitness que presenta como modelo social a quien realiza actividad y vemos personas que expresan, a su modo, la esencia de la vida humana estar en camino, en movimiento…
2. En la fe cristiana
En la fe cristiana, nos encontramos con muchísimas peregrinaciones: a Tierra Santa, a Santiago de Compostela, a Lourdes, a Fátima, a Luján, etc. Sin embargo, no es una actividad exclusiva de nuestra expresión. Nuestros hermanos musulmanes, tienen la prescripción en el Corán de hacerlo una vez en sus vidas a la Ciudad de La Meca y caminar alrededor de la gran piedra (Cortés, Julio, 2005) (Sura 22, 27 – 29). El pueblo hebreo tiene las suyas, especialmente, aquella que evoca la liberación de la esclavitud (Ex. 15).
Algunos textos bíblicos nos sugieren que caminar estaba muy presente en la vida de Jesús porque abundantemente aparecen citas en las que nos narran cuando Él camina o está en el camino. Entre ellos destacamos dos momentos en su ministerio profético y salvador: el camino con la Cruz y el que hace el resucitado con los Discípulos de Emaús (Lc. 24, 11 ss). Varias acciones simbólicas expresan esa característica de la fe: elige a sus discípulos en el camino, indicándonos qué buscar, recorrer, tomar la iniciativa (Mt. 4, 18 – 25. 9, 35. Mc. 6, 6. Lc. 8, 1. Jn. 7, 1), etc., los cuales serían elementos medulares en la pedagogía de Dios. Pide que, por el camino, se predique el Reino e invita a indagar en los senderos para participar del banquete y no importa si están en condiciones para hacerlo (Mt. 10, 7. 20, 17; 30). En el denominado ingreso mesiánico a Jerusalén es venerado en la senda, caminando busca alimento para satisfacer la necesidad. Es capaz de realizar caminatas por donde nadie lo ha realizado: el agua (Mc. 6, 45 – 52). Dialoga con sus amigos (Mt. 24, 1. Mc. 16, 12. Lc. 10, 38. 24, 15), ve las necesidades de ellos y los auxilia, acepta que estos lo sigan por donde va y es capaz de aceptar que le cuestionen su autoridad o sus obras, sobre todo de las personas que ven peligrar lo ya instituido (Mc. 10, 17; 46 – 52; 11, 27 – 19). Tiene metas claras y no se detiene frente a las amenazas o malos entendidos de sus adversarios, continúa su camino (Lc. 4, 16 – 30. 13, 33). Camina tanto que, en ocasiones, tiene mucha sed, se siente fatigado y pide que lo asistan y se lo solicita una mujer samaritana, siendo eso una ofensa a una pauta establecida (Jn. 4, 1 – 42) (Curia, Christian, 2018).
3. Iglesia peregrina
- a. Camino desde la pascua
La fe de la iglesia, centrada únicamente en la Trinidad y el misterio pascual de Jesús (CEC, 1997), nos presenta desde el miércoles de ceniza un tiempo elocuente para expresar que somos comunidades peregrinas. Lamentablemente, por ideologías, hemos caído en la tentación pastoral de confundir la cuaresma como un tiempo de “preparación para celebrar dignamente” y para que este tiempo “nos haga más gratos a tus ojos y más generosos en la práctica de la penitencia” (CEA – MRC, 2011, pág. 243). Pareciera que aquella autoridad eclesiástica que hizo esa modificación era más bávaro que cristiano, porque el ser humano es grato a los ojos de Dios por ser su creatura que agrega “un plus” de bondad a la creación (Gn. 1, 31). Por estas cuestiones y por un cierto pecadocentrismo eclesiástico hemos socavado la teología del misterio pascual y de la gracia. En algunas diócesis presentan a la cuaresma como un tiempo de sufrimiento para “alcanzar la gloria”, cuando en realidad, la primacía de la gracia es antecedente de toda acción religiosa. Es decir, la gracia es gratis, no premio, sino el Verbo jamás se hubiese encarnado.
El tiempo de cuaresma es importante, porque es consecuencia de estar salvados y redimidos por la acción salvífica de la gracia, no al revés. La pascua es el criterio para comprender el tiempo cuaresmal, no a la inversa.
- b. Peligros del peregrino: la rotonda y el retorno
En el recorrido de un lugar a otro, hay de todo tipo de senderos (rectas, curvas, elevaciones, descensos, planos, escarpados, pavimentados, de ripio, de tierra, etc.). Hay dos que son muy favorables cuando necesitamos hacer un “do a kickflip”, es decir, un “giro en una trayectoria para retomar un sendero nuevo o regresar a algo que hemos pasado” (Curia, Christian, 2026, pág. 3): la rotonda y el retorno. Estos dos elementos se encuentran en intersecciones de rutas para facilitar la unión, o en algún momento del trazado para cruzar de carriles y volver a un punto anterior. Sin embargo, pueden ser un peligro existencial si estamos permanentemente transitando por esos dos. En la rotonda nunca avanzaríamos, porque estaríamos girando sobre nuestros propios pasos. En el retorno, estaríamos siempre volviendo a un punto sin progresar.
A veces, al leer portales de noticias vaticanas o eclesiásticas, pareciera que estamos pastoralmente en esos elementos de tránsito. Aún hoy algunos siguen debatiendo la situación de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, sabiendo que en sus orígenes está el rechazo a la eclesialidad católica. ¡Desde 1970 que siguen debatiendo!, pareciera que para algunos el problema no es la negación al Concilio Vaticano II (libertad religiosa, colegiablidad/conciliaridad/sinodalidad, dimensión ecuménica, etc.), sino que sean desobedientes a las normativas pontificias. Ya pasó con Pablo VI, con Wojtyla, Ratzinger, Francisco… y ahora con León XIV. ¡El problema es siempre el mismo, las soluciones son siempre las mismas, y ya hace 56 años que están en una rotonda o un eterno retorno!
Pero no es el único caso… si evaluamos nuestra manera de seguir comunicando el Evangelio, caemos en la tentación de hacer lo de siempre: repartir estampitas pías, ir de casa en casa para decir siempre lo mismo, es noticia si un papa vuelve a usar algo que el anterior no lo usaba, pedimos oración por la vocaciones pero no cambia el sistema de formación del clero desde el siglo XVI, hablamos de sinodalidad pero preferimos un modelo más monárquico en donde los laicos son “fieles súbditos” y no adultos en la fe.
- c. Iglesias y personas peregrinas
La cuaresma, que hemos comenzado con el rito anacrónico de la imposición de cenizas, es un tiempo propicio para recordarnos que somos comunidades y personas peregrinas a la vida, ¡no a nuestra muerte, sino a gozar del Reino porque ya estamos redimidos por la generosa misericordia de Dios que, en Cristo, ha salvado a la humanidad y a toda la creación!
Ser peregrinos:
- es vivir y convivir con otros, es expresar nuestra fraternidad universal, potenciando la solidaridad con quienes necesitan nuestra presencia, expresando que somos simpáticos no empáticos, porque no nos ponemos en el lugar de nadie, sino que juntos caminamos, favoreciendo la humanización de todas las personas(Concilio Vaticano II – GS, 1965).
- es escuchar, auscultar, en la vida de todos los caminantes la presencia de la Trinidad que se pone junto a nuestras vidas y camina a nuestro lado (Lc. 24). Esta cualidad requiere una actitud de silencio contemplativo para oír a quien se comunica, porque en esas vidas Dios pasa y se manifiesta (De Vos, Frans, 2019, pág. 87).
- es ser acompañantes del ritmo y, a veces, del itinerario de los demás. Es estar presente y respetar procesos, suscitando mayéuticamente el encuentro, como lo hace Jesús con los discípulos de Emaús (Lc. 24, 13 – 32).
- es vivir la evangelización, pastoral y catequesis, en itinerario permanente (CEA – JEP, 1988) (#50-51).
- es manifestar que no somos fin para nadie, sino solo, sencilla y simplemente caminantes, no el camino. ¡La iglesia no es el fin de la evangelización!
- es descubrirnos libres, no súbditos, ni obsecuentes, y liberadores porque no ponemos cargas, ni somos aduanas pastorales(Francisco – EG, 2013), por eso en una actitud peregrina hay debate, disidencias, diversidad de pasos, centrados en la comunión de origen y de fin, porque de la Trinidad surgimos y ella volvemos (de Aquino, Tomás – CG, 1991) (II; 46).
4. Plegaria con la canción iglesia peregrina
Bendita seas Trinidad que caminas al lado de nuestras vidas, te damos gracias porque somos “un pueblo redimido que en la Pascua nació”, porque “vive en nosotros la fuerza del Espíritu, porque somos en la tierra semilla de otro reino, somos testimonio de amor”.
Te damos gracias, porque de ti venimos y a ti volvemos, porque “Una esperanza nos llena de alegría: Presencia que el Hijo prometió. Vamos cantando, Él viene con nosotros” y con toda la humanidad.
Te damos gracias y nos llenamos de alegrías, porque somos creyentes cristianos que hemos “nacido en un mismo Bautismo, unidos en la misma comunión”, todos viviendo en la casa común.
Te damos gracias, porque somos testigos que, en Vos, toda la humanidad y la creación está “prendida en una misma suerte, ligados a la misma salvación”.
Te pedimos que, aunque a veces “rugen tormentas y nuestra barca, parece que ha perdido el timón”, descubramos que el Espíritu nos guía y alimenta, que somos un pueblo, un cuerpo libre donde “Cristo es la cabeza”.
Te pedimos que tengamos la parresia de ser Iglesias peregrinas, para salir de esas rotondas que no conducen a nada, dejar de lado los eternos retornos pastorales que no nos permiten avanzar, que algún día en nuestra frente se multiplique la sonrisa y no la ceniza, para que sigamos siendo paz para las guerras, y una luz entre tantas sombras, que continuemos siendo ecos que vivís y amas por los siglos de los siglos.
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Trabajos citados
CEA – JEP. (1988). Juntos para una evangelización permanente. CABA: Oficina del Libro.
CEA – MRC. (2011). Misal Romano Cotidiano. CABA: Oficina del Libro.
Catecismo de la Iglesia Católica (1997). Obtenido de https://www.vatican.va/
Concilio Vaticano II – Gaudium Et Spes (1965). Obtenido de https://www.vatican.va/
Cortés, Julio. (2005). El Corán. Barcelona: Herder.
Curia, Christian. (2018). La #vida nos da #señales. CABA: PPC.
Curia, Christian. (2026). Algo nuevo llegará (ebook y tapa blanda ed.).
de Aquino, Tomás – CG. (1991). Suma Contra los Gentiles. México DV: Porrua S.A.
De Vos, Frans. (2019). Metodología Catequística. Buenos Aires: Claretiana.
Fourest, Caroline. (2021). Generación ofendida. De la política de la cultura a la policía del pensamiento. CABA: Libros del Zorzal.
Francisco – Evangelii Gaudium (2013). Obtenido de https://www.vatican.va/
