El 19 de febrero arranca el Ramadán para los más de 2,5 millones de musulmanes en España. Este ayuno, que se extiende durante un mes, es uno de los pilares del islam. Aprovechando una visita pastoral a Melilla, el obispo de Málaga, José Antonio Satué, ha visibilizado la importancia de la convivencia y respeto mutuos entre religiones, dado el crecimiento exponencial de esta religión en nuestro país a través de los migrantes llegados del continente africano.
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“Aquí tienen un hermano, un hermano en la fe”, ha expresado Satué. No se trata de un ofrecimiento baladí, máxime teniendo en cuenta los mantras xenófobos que parecen colarse también en espacios eclesiales donde se tacha de doble amenaza al migrante que profesa el islam, por ser un extranjero con otras raíces culturales y profesar una fe diferente. Desde san Carlos de Foucauld hasta cualquier religiosa que actualmente capitanea proyectos de integración en nuestro país, certifican con la experiencia que ese diálogo interreligioso no es una quimera, sino una experiencia vital que enriquece, que habla de un Dios Padre y de una fraternidad universal encarnada.