José Beltrán, director de Vida Nueva
Director de Vida Nueva

‘Off the record’ quebrantado


Compartir

MIÉRCOLES

Godspell‘. En el escenario, Jesús juega con sus apóstoles advenedizos a que completen las bienaventuranzas. La realidad es que responden como lo haría cualquiera que ha dejado atrás el poso religioso de su niñez o que, por su juventud, ni siquiera lo ha tenido. Hasta que llega a una de sus ‘apóstolas’. “Bienaventurados los misericordiosos…”. Y ella contesta: “… porque quedan pocos”. No es la respuesta correcta, pero tampoco le falta razón.



VIERNES

‘Off the record’ quebrantado. Por quien graba y lo distribuye. Cuestión de primero de ética. No de la que se imparte en la facultad, sino de la que se trae de casa. Bendito ‘Sálvame’, que tenía límites aunque no lo pareciera.

Altavoz

LUNES

Jornada de la Vida Consagrada. Catedral de Santa María Magdalena. No sé por dónde, pero aparece. Literalmente, una aparición. Porque en mi imaginario estaba en Perú. En la casa hogar que levantaron las Misioneras Seculares de Jesús Obrero. El abrazo con Cristina es el reencuentro con quien encarnaba la animación ‘ad gentes’ como pocos, a la que un adolescente miraba embobado para aprender. Se fue. Enviada. Y ha vuelto. Pero solo de vacaciones. Y con aquellos niños a los que acunó convertidos ya en adultos encaminados. Desde el altar, el obispo de Getafe elogia a los consagrados por “ver donde otros no ven, ser esperanza entre los desesperanzados, y amar donde otros pasan de largo”. Es Cristina.

MARTES

En medio del maremágnum de nuevos institutos, sociedades, asociaciones… ni nombre ni carisma que hable de Jesús Obrero. Ahí lo dejo por si a algún fundador o fundadora en ciernes no le ha llegado todavía la inspiración como al padre Simón López hace siete décadas. Preconciliar. Pero solo en la fecha de creación.

MIÉRCOLES

Getafe. Instituto Calasancio Hijas de la Divina Pastora. Reunión con Antonio Botana. En busca de pistas para que la misión compartida contagie familia carismática. “La identidad no es tanto lo que ya somos, sino aquello que nos anima a ser”. Lo suelta como si nada, con una sosegada rebeldía en medio de una tendencia eclesial creciente a entender la identidad como una armadura anquilosada de seguridades prefijadas con unos postulados aparentemente firmes para contrarrestar un mundo gaseoso.