El 3 de febrero en Estados Unidos finalizará el Estatus de Protección Temporal (TPS) para Haití, de acuerdo con una decisión anunciada por la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, basada en una determinación de que el país ya no cumple con las condiciones para la designación.
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En ese sentido, los obispos de Estados Unidos pidieron que se extienda el Estatus de Protección Temporal para los 300,000 haitianos cubiertos por esa designación y expresaron su preocupación pues “no hay una oportunidad realista para el regreso seguro y ordenado de las personas a Haití en este momento”.
Los obispos Brendan J. Cahill, presidente del Comité de Migración de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB), y Abdallah Elias Zaidan, presidente del Comité de Justicia y Paz Internacional de la USCCB, dijeron estar “profundamente preocupados por la difícil situación de nuestros hermanos y hermanas haitianos que viven en los Estados Unidos, a quienes pronto se les revocará su estatus legal y autorización de trabajo debido a la terminación del TPS para Haití por parte de la administración”.
En Haití: continuos enfrentamientos entre la policía y los grupos armados
Para los obispos, “la administración del presidente Donald Trump todavía tiene la oportunidad de hacer lo correcto: salvaguardar la vida humana, hacer valer la ley y promover una mayor estabilidad para las personas en este país. El TPS fue creado por el Congreso con estos mismos objetivos en mente, y las condiciones actuales en Haití son precisamente el tipo que justifica el TPS. Instamos a la administración a actuar en consecuencia ampliando este alivio vital para los haitianos“.
Los obispos aseguraron la “solidaridad de la Iglesia con nuestros hermanos y hermanas haitianos, dondequiera que estén. Pedimos a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, patrona de Haití, por su intercesión; que siempre sea una fuente de fuerza y consuelo para el pueblo haitiano“.
Por otro lado, de acuerdo con información de la agencia de noticias Fides, en las últimas semanas la capital de Haití “ha sido escenario de un aumento de los enfrentamientos entre la Policía Nacional Haitiana y los grupos armados, principalmente en barrios densamente poblados bajo su control. Para miles de civiles, la vida cotidiana está marcada por disparos y ataques con drones, que dejan a muchas personas atrapadas en zonas controladas por los grupos armados”.
