Tribuna

Dialogando… con la flexibilidad

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1. En la vida cotidiana

Una de las bromas o humoradas que suele circular en redes y de boca en boca, es que un signo de “vejez” es cuando uno se cae y los más allegados ya no se ríen como en la juventud, sino que se lanzan para preguntar “¿estás bien?”, con el temor que nada se haya quebrado.



En la construcción hasta los elementos más rígidos requieren de otros que le permitan moverse dentro de su propia identidad sin quebrarse como sucede con el hierro y el hormigón. Cuando vemos las imágenes de fuertes vientos percibimos que aquellos árboles más firmes son los primeros en quebrarse sus ramas y ser tumbados, en cambio no sucede lo mismo con los que tienen un tronco más flexible como las palmeras que, por momentos se ven zamarreadas de lado a lado, pero luego están ahí casi intactas comunicando su belleza y continuando el ciclo de vida…

2. En las religiones

En casi todas las expresiones religiosas monoteístas, seguramente en otras también, suelen haber grupos que, radicalizados en algunas ideas, viven una rigidez que los puede llevar a un “fundamentalismo”: litúrgico, bíblico, magisterial, de autoridad, ritualista, etc. Muchos de los grandes problemas de la humanidad en el pasado y, a menudo, en este presente convulsionado, están marcados por esa rigidez mental y afectiva que “nos impide ser felices” (CEA – MRC, 2011, pág. 986) y buscar al bien común (Concilio Vaticano II – GS, 1965) (#26).

Si indagamos en las primeras fuentes de la celebración cristiana, además del relato de la institución de la eucaristía en el evangelio, encontramos a Justino que relata la manera en cómo los cristianos celebrábamos la misa… y para asombro de todos, vamos a encontrar cuestiones inamovibles y otras que varían: ej. El saludo de la paz, él lo ubica antes de las ofrendas; hoy está luego del Padre nuestro. Hasta el siglo IV no había templos y la eucaristía se recibía en la mano como lo expresaba un padre de la iglesia: “Haz de tu mano izquierda un trono para la derecha que tiene que recibir al rey, ahueca luego la palma derecha y toma posesión del cuerpo de Cristo diciendo: amén” (Vidales, Antonio, 2009, pág. 205). En el siglo IX se impuso recibirla en la boca por un miedo de impureza un poco irracional y por cuestiones de comodidad que tienen poco de teología pastoral. Gracias al Concilio Vaticano II se volvió a esa fuente de las primeras comunidades.

Quizás por estas razones el Catecismo de la Iglesia nos recuerda e invita a distinguir una palabra que la única diferencia es si es “tradición” o “Tradición”. La primera lleva un rigorismo casi bávaro. La segunda es la característica medular de la catolicidad eclesial a lo largo de los XXI siglos (CEC, 1997) (#83) donde se recibe el “depositum fidei” y se lo aggiorna en la manera de comunicarlo (Juan XXIII – GME, 1962).

Una de las notas distintivas de períodos de decadencia (algunos llaman crisis) es que ante tres posibles escenarios (volver al pasado reciente, dejar todo como está o renovar) el rigorismo opta por los dos primeros (Curia, Christian, 2018).

3. Ruptura con la rigidez

La fe cristiana se basa, sostiene y alimenta del seguimiento de Jesús que se presentó como una persona flexible y se enfrentó contra toda rigidez de su época: con los judíos y con los romanos, con los fariseos y saduceos, con los mismos discípulos que no comprendían el Reino del Abba/Imma.

Cuando en aquella época hebrea, se concebía a un dios innombrable que elegía a un pueblo por encima de otro, él lo llama “Abba” y desde su encarnación hasta su parusía: griegos, libres, esclavos, partos, medos y elamitas, los que habitamos en Mesopotamia o en la misma Judea, etc., “escuchamos hablar las maravillas de Dios” (Hchs. 2, 1 – 11).

Cuando en la sapiencia judía se favorecía la discriminación porque había castas, él incluye a todos, dando un lugar protagónico a los expulsados del sistema y transforma a todos en sacerdotes, profetas y pastores.

Cuando en la erudición judía se segregaba por la zona de dónde provenían, él incluye a personas de diferentes lugares y grupos.

Cuando en su tiempo, se buscaba un mesías guerrero, él ingresa y se presenta como el rey de la paz.

Cuando los cristianos comenzamos a evangelizar, no había lugar privilegiado para muchos, sino que todos estaban ubicados en torno a la mesa de la palabra y del pan.

Así sucedió cada vez que la iglesia buscó reformarse, es decir, vivir la flexibilidad, sin perder lo esencial, aggiornarse al momento. Eso no pasó, cuando la iglesia se volvió un referente político con un estado (S. IX), ni cuando se amoldó a criterios sectarios dejando de lado su identidad de católica… Hasta que surgen lumbreras que nos vuelven a decir, que el camino del reino es por otro lado. Uno de ellos está ubicado en el s. XIII y es un enviado de Dios.

Dialogando Flexibilidad II

4. Tomás, un creyente flexible

En otras oportunidades hemos reflexionado sobre la figura de este fraile colosal (Chesterton, Gilbert Keith, 1996, pág. 12) y hemos puntualizado que se caracterizó por una confianza plena en la providencia de la Trinidad, en que la predicación es consecuencia de lo contemplado, que Dios es el origen, núcleo y fin de todo (Curia, Christian, 2025). En esta oportunidad, pondremos el acento en dos cuestiones que en la actualidad necesitan un análisis, revisión y actualización, en la que Tomás de Aquino nos podría orientar.

El Aquinate fue un teólogo flexible, en su tiempo solo y únicamente se podía hacer teología desde la cosmovisión dualista impregnada de platonismo con la impronta agustina. Él fue capaz de mirar la vida y pensar algo nuevo, al estilo del Nazareno y eso le trajo muchos inconvenientes, sobre todo internos.

Mientras “Algunos consideran a Tomás como un bastión del conservadurismo cuando, en realidad, en su época fue un innovador que rompió con ocho siglos de tradición agustino-platónica, para construir un sistema inspirado en categorías aristotélicas (que en aquel momento eran vistas como sospechosas)… lo cual le valió a las obras de Tomás estar condenadas durante varios años después de su muerte” (Fazzari, Jorge, 2025).

Desde fines del siglo pasado hasta la actualidad, han resurgido varias expresiones rigoristas, auspiciadas y defendidas por algunos jerarcas eclesiásticos. Frente a esa situación la figura de Tomás nos ayude a buscar, desde las fuentes, nuevas maneras de comunicar lo contemplado, como lo hizo él, al ser humano de hoy.

Otra cuestión, es la piedad de la adoración eucarística. Este santo fue el creador de la Misa de Corpus Christi en donde ubicaba a la adoración luego de la celebración basado en rito del Jueves Santo en donde la Iglesia adora al Señor, luego de la institución del sacerdocio y la eucaristía. Una piedad eucarística separada de estas bases, podría derivar en ciertos rigorismos intimistas que podrían contradecir la teología del sacramento:

  • La eucaristía no es una devoción ni un rito, sino es una acción de Dios por la humanidad y el cosmos, es un signo sensible y eficaz que nos hace vivir y hacer memoria de lo instituido por Jesús: servicio y comida universal.
  • La eucaristía es una manera de “desarrollar la vocación cristiana”, es decir, asumiendo la cultura, incorporando los elementos vitales de los pueblos, porque Jesús no creó los signos de pan y vino, sino que los tomó de la idiosincrasia en la que vivía.
  • La eucaristía es la memoria de un Dios enredado en amar (Durrwell, Xavier François, 1992), que lo hace hasta dar su vida para que otras vivan en plenitud (Jn. 10).
  • La eucaristía es acción de gracias por la presencia de Dios que, aunque vemos como oculto, “estás bajo estas formas escondidas” y que nos invitan a mirar al otro.
  • La eucaristía es la práctica de una comunión en donde “todos juntos” comemos a la mesa, porque no existe la “comunión inmaterial”.
  • La eucaristía es expresión vital de la alianza universal donde no hay “castas”, sino todo el pueblo es sacerdotal, profético y pastoral.

¡Ojalá algún día todos ingresemos mezclados en procesión en la celebración y nos ubiquemos en torno a la mesa sin distinciones de lugares! Ahí entonces, veremos que el rito vuelve al origen y se configura con el estilo del Mesías pacífico nacido en Palestina.

5. Plegaria

Bendita seas, Trinidad de la flexibilidad, porque tú nos has dado numerosas pruebas que te adaptas al ser humano, te pedimos que le vida de Tomás y de tantos cristianos flexibles nos ayuden a “custodiar la verdad con rigor, pero sin rigidez, y a ejercer la caridad sin omisiones” (León XIV, 2026).

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Trabajos citados

CEA – MRC. (2011). ‘Misal Romano Cotidiano’. CABA: Oficina del Libro.
Catecismo de la Iglesia Católica (1997).
Chesterton, Gilbert Keith. (1996). ‘Santo Tomás de Aquino’. CABA: Lohlé – Lumen.
Concilio Vaticano II – ‘Gaudium et spes’ (1965).
Curia, Christian. (2018). ‘La #vida nos da #señales’. CABA: PPC.
Curia, Christian. (2025). ‘Sobre Tomás de Aquino’.
Durrwell, Xavier François. (1992). ‘Nuestro Padre. Dios en su misterio’. Salamanca: Sígueme.
Fazzari, Jorge. ‘Sobre Santo Tomás’ (2025).
Juan XXIII – Solemne Apertura del Concilio Vaticano II – GME (1962).
León XIV – Audiencia con la Rota Romana (2026).
Vidales, Antonio. (2009). ‘La Eucaristía: misterio de fe y escuela de solidaridad’. Buenos Aires: Claretiana.