España ha alcanzado un hito demográfico sin precedentes: una de cada cinco personas residentes en el país es de origen inmigrado. Así lo constata el nuevo informe del Servicio Jesuita a Migrantes (SJM), titulado La población de origen inmigrado en España, elaborado a partir de datos actualizados a 1 de enero de 2025 del Instituto Nacional de Estadística (INE) y del Observatorio Permanente de la Inmigración (OPI).
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El estudio ofrece una radiografía detallada de una transformación profunda en la estructura social española y subraya que la inmigración no es un fenómeno marginal, sino un factor estructural clave del presente y del futuro del país. En términos absolutos, la población de origen inmigrado —que incluye tanto a las personas nacidas en el extranjero como a la población extranjera nacida en España— asciende ya a 9.963.353 personas, lo que representa el 20,28 % de la población total.
La inmigración, motor del crecimiento demográfico
Uno de los mensajes centrales del informe es claro: sin inmigración, España estaría perdiendo población. Entre 2021 y 2025, la población total creció en 1,7 millones de personas, pero ese aumento se explica exclusivamente por la llegada de población de origen inmigrado, que creció en más de 2,1 millones. En paralelo, la población autóctona —españoles nacidos en España— se redujo en 429.133 personas.
“El crecimiento demográfico actual depende casi por completo de la inmigración”, subraya el informe, que señala cómo esta dinámica está compensando el envejecimiento y el descenso de la natalidad en amplias zonas del país.
Iberoamérica lidera el nuevo perfil migratorio
Aunque Marruecos sigue siendo el principal país de origen —con 1.165.955 personas nacidas allí y casi un millón con nacionalidad marroquí—, el informe detecta un cambio significativo en el perfil de los flujos recientes. El crecimiento más dinámico procede hoy de Iberoamérica.
Solo en 2024, el aumento más notable correspondió a personas nacidas en Colombia (+121.425) y Venezuela (+92.547). En cambio, colectivos históricamente relevantes como el rumano, el británico o el ucraniano han experimentado descensos en el número de residentes. Esta tendencia refuerza la centralidad del eje iberoamericano en la nueva realidad migratoria española.
La “bolsa” de irregularidad administrativa
Uno de los apartados más preocupantes del informe es el relativo a la irregularidad administrativa. Al cruzar los datos del padrón del INE con los de las tarjetas de residencia en vigor del OPI, el SJM identifica una brecha crítica entre las personas empadronadas y las que cuentan con autorización administrativa.
El caso más llamativo es el de la población colombiana, con una diferencia de -410.670 personas, seguida por los colectivos venezolano (-165.096) y peruano (-146.203). Para el SJM, estas cifras no reflejan solo la llegada reciente de migrantes, sino también “las trabas administrativas para la regularización”, que terminan traduciéndose en dificultades de acceso a derechos fundamentales.
Concentración territorial y “rescate demográfico”
La presencia migratoria no se distribuye de forma homogénea. El informe destaca una fuerte concentración en el arco mediterráneo y en Madrid. Islas Baleares encabeza el ranking, con un 28,68 % de población nacida en el extranjero, seguida de Cataluña (25,10 %), Madrid (24,88 %) y la Comunidad Valenciana (24,11 %).
Más allá de estas grandes áreas, el SJM subraya un fenómeno relevante en regiones muy envejecidas como Asturias, donde la inmigración se ha convertido en “el único factor de crecimiento demográfico relevante”, desempeñando un auténtico papel de rescate poblacional.
Más allá del cayuco: desmontando mitos
El informe dedica un bloque específico a desmontar dos ideas muy extendidas en el debate público: la identificación de la inmigración con la “frontera sur” y la supuesta “africanización” de la población española. En primer lugar, el SJM constata la primacía de Barajas sobre el cayuco.
“El crecimiento demográfico real está liderado por la inmigración que llega por vía aérea desde Iberoamérica”, señala el estudio, frente a un foco mediático que sigue centrado en las llegadas por mar. Países como Colombia o Venezuela explican gran parte del aumento reciente, mientras que las llegadas africanas por vía marítima tienen un peso estadísticamente menor en el conjunto de nuevos residentes.
Al mismo tiempo, el informe insiste en que Marruecos es estructuralmente clave para entender la demografía española, representando el 12,37 % de todos los nacidos en el extranjero residentes en España.
España, entre el destino y el tránsito
En cuanto a la inmigración africana, el SJM describe un escenario más complejo que el habitual relato mediático. España funciona tanto como país de destino como de tránsito. Colectivos como el senegalés muestran procesos de asentamiento efectivo, con un aumento de 13.711 personas empadronadas en 2024. En cambio, otros grupos, como el maliense o el guineano, revelan dinámicas de movilidad secundaria: hay más personas con tarjeta de residencia que empadronadas, lo que apunta a desplazamientos posteriores hacia otros países europeos.
“Entender estas migraciones es comprender que España no es solo un destino, sino un nodo vital en la movilidad humana global”, concluye el informe, que invita a repensar las políticas públicas y el discurso social desde una mirada más ajustada a los datos y menos condicionada por los estereotipos.
