“Os animo a seguir orando y estando cerca de todas las personas que sufren, dando un ejemplo de unidad, puesto que el amor debe estar por encima de toda frontera ideológica, cultural, política y religiosa”. Estas son las palabras con las que el obispo de Córdoba, Jesús Fernández, remató su homilía en el funeral que presidió esta mañana en el polideportivo de la localidad de Adamuz por el alma de las 45 personas fallecidas a causa del accidente ferroviario ocurrido el pasado domingo, 18 de enero.
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Con la parábola del samaritano como eje, y acompañado del obispo emérito Demetrio Fernández, hizo suyas las preguntas que surgen sobre la aparente ausencia de Dios en una catástrofe como esta: “¿Cómo Dios permitió esto? ¿Dónde estaba Dios? ¿Cómo siendo una persona tan buena le pudo pasar lo que le pasó?”.
Con los heridos
“Dios estaba en los buenos samaritanos que rescataron a los heridos de los barrones, ofrecieron los primeros auxilios, los trasladaron, organizaron el operativo. Dios estaba allí, en los hospitales y se vistió de blanco para poner en marcha los quirófanos y disponer lo necesario para atender-los convenientemente”, enumeró el pastor. Y no se detuvo ahí: “Dios estaba allí, en el hogar de jubilados de este pueblo, en el centro público de Poniente, en Córdoba, donde los familiares, invadidos por una tristeza y una ansiedad indescriptibles, esperaban noticias y rezaban a Dios para que todo terminara bien”.
De la misma manera, subrayó que “Dios estaba allí, en los servicios de emergencia, en los médicos, en los psicólogos, en los sacerdotes, en las fuerzas y cuerpos de seguridad, en los responsables políticos, municipales, autonómicos y nacionales, que supieron coordinar la atención de los damnificados, dando un hermoso ejemplo de humanidad y de colaboración, por encima de cualquier diferencia”.
En clima de recogimiento y luto, el obispo de Córdoba describió lo sucedido como una “noche oscura y trágica” que ha llenado “de dolor a sus familias y de consternación a toda España”. Desde ahí, hizo un llamamiento a “recuperar la esperanza” haciendo “un esfuerzo por apartar nuestros pensamientos de la dirección de lo trágico, para recordar, para volver a pasar por el corazón, los regalos que nos fueron proporcionando” las personas fallecidas durante su vida. “Recordemos sobre todo su generosidad, su apertura social, su fe y su piedad”, ensalzó..