Lo tengo que reconocer. La semana pasada, en este espacio, critiqué el que los obispos católicos norteamericanos, a diferencia de dos obispas protestantes, no pusieran en su lugar a Donald Trump.
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Los obispos gringos
Al mismo tiempo que alababa las valientes intervenciones de la episcopal Mariann Edgar Budde, en la investidura del segundo mandato trumpiano como presidente de EUA, y de la luterana Paneeraq Siegstad Munk, quien le dijo que en Groenlandia viven personas y no propiedades, cuestionaba el silencio de los obispos católicos ante Trump.
Pues esta semana Timothy Broglio, hasta hace poco presidente del episcopado norteamericano, y arzobispo castrense -es decir, responsable de la pastoral militar- de ese país, ante la posibilidad cada vez más probable de una invasión a Groenlandia, ha abierto la puerta a una figura muy antigua de la moral católica: la objeción de conciencia, que se aplica cuando no podemos aceptar lo que consideramos una orden injusta de nuestros superiores.
Al preguntarse: ¿qué debería hacer un soldado? ¿Aceptar y cumplir las órdenes, como manda su disciplina, o desobedecerlas si van en contra de sus convicciones éticas?, se responde él mismo: “Sería moralmante aceptable desobedecer siguiendo su propia conciencia”.
Los cardenales
Por su parte, los Cardenales Blase L. Culpich (arzobispo de Chicago), Robert McElroy (arzobispo de Washington) y Joseph Tobin (arzobispo de Newark) han publicado una declaración conjunta, titulada Trazando una visión moral de la política exterior estadounidense.
Los prelados se sitúan en la línea del Papa León XIV, quien alertaba al cuerpo diplomático acreditado en el Vaticano, en su mensaje del pasado nueve de enero: “la diplomacia que promueve el diálogo y busca consenso entre todas las partes está siendo sustituida por una diplomacia basada en la fuerza… la guerra vuelve a estar de moda y el entusiasmo bélico se extiende”.
Y con una frase impactante, rematan: “Renunciamos a la guerra como instrumento para intereses nacionales mezquinos y proclamamos que la acción militar debe ser vista solamente como un último recurso en situaciones extremas, y no como un instrumento normal de la política nacional”.
Bien por los obispos gringos. Me han callado la boca, y da gusto que lo hayan hecho.
Pro-vocación
Esta pasado sábado 24, fiesta de san Francisco de Sales, Prevost Martínez ha publicado su mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, con el título de Preservar las voces y los rostros humanos. Y al llamar la atención sobre los retos que nos está planteando la Inteligencia Artificial, propone una alianza de la humanidad para enfrentarlos, basada en tres pilares: responsabilidad, cooperación y educación. Te invito a leerlo completo.
