Desde 1974, Washington alberga cada año una Marcha por la Vida en la que miles de ciudadanos estadounidenses claman ante el Capitolio por el derecho a vivir de los no nacidos. Siempre es el 23 de enero, en el aniversario de la sentencia ‘Roe vs. Wade’, por la que la Corte Suprema introdujo el derecho federal al aborto. Una medida a nivel nacional que, por cierto, ya no rige en todos los estados desde el 24 de junio de 2022, cuando otra sentencia del mismo órgano la derogó.
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Ante la Marcha por la Vida de este año, que alcanza su 56ª edición, León XIV, el Pontífice estadounidense de la Historia, ha apoyado la concentración ciudadana con un mensaje a modo de bendición. En él, ofrece a todos los manifestantes “mi sincero agradecimiento” y “cercanía espiritual”.
Elocuente testimonio público
Robert Prevost aplaude su deseo de “reunirse para dar este elocuente testimonio público” y, como él mismo dijo en su discurso a los miembros del Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, este 9 de enero, “afirmar que ‘la protección del derecho a la vida constituye el fundamento indispensable de todos los demás derechos humanos’”.
Recalcando sus palabras en ese discurso (“una sociedad solo es sana y progresa verdaderamente cuando salvaguarda la santidad de la vida humana y trabaja activamente para promoverla”), el Papa anima, “especialmente a los jóvenes, a seguir luchando para garantizar que la vida sea respetada en todas sus etapas mediante esfuerzos adecuados en todos los niveles de la sociedad, incluido el diálogo con los líderes civiles y políticos”.
En cuanto a la concentración como tal, aplaude que es una “vuestra valiente y pacífica marcha en favor de los niños no nacidos”. “Al defenderlos, sabed que estáis cumpliendo el mandato del Señor de servirle en los más pequeños de nuestros hermanos y hermanas”, remacha.
“Inspiradora, pacífica, vibrante”
Como reivindican los organizadores, la Marcha por la Vida “es una manifestación inspiradora, pacífica, vibrante y llena de alegría de mujeres, hombres, jóvenes y niños de todo el país, y es la manifestación anual por los derechos humanos más grande del mundo”. Y es que “no es solo una protesta; es una celebración de cada vida, desde el momento de la concepción”. “Imaginamos un mundo donde cada vida sea celebrada, valorada y protegida”, concluyen.
JUST CONFIRMED!⁰⁰United States Vice President JD Vance will be speaking at the 2026 National March for Life! pic.twitter.com/dVwYguwYpo
— March for Life (@March_for_Life) January 17, 2026
En la edición de este año está confirmada la asistencia del vicepresidente de los Estados Unidos, el católico JD Vance, que hablará a los presentes. En los últimos días, su figura ha sido controvertida en algunos sectores eclesiales tras apoyar su fisuras al ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas). Y más cuando, el 7 de enero, cuando, en un control migratorio, uno de sus agentes acabó con la vida, tras dispararle a la cara, de Renee Nicole Good, ciudadana estadounidense de 37 años y madre de tres hijos.
Pese a que las fuerzas policiales aseguraron que la mujer trató de “atropellar” a los agentes con su coche, vídeos grabados por transeúntes mostraron la evidencia: tras una breve discusión, ella arrancó veloz dispuesta a marcharse y, pese a no haber en ningún momento riesgo alguno para nadie, un miembro del ICE la mató en un impulso tras dispararle tres tiros a bocajarro.
Negativa del Gobierno de Trump
Una llamada a la calma que no encontró eco en el Gobierno Trump. De hecho, la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, sostuvo (pese a las evidencias difundidas en los vídeos) que Good “estaba acosando y obstaculizando” a los agentes del ICE. Versión también sostenida por el vicepresidente Vance, que despachó la memoria de la víctima tachándola, sin más, de “miembro de una red izquierdista” que tendría como fin “atacar, revelar información confidencial, agredir y hacer imposible que nuestros oficiales hagan su trabajo”.
En un significativo editorial, el National Catholic Reporter, medio de referencia del catolicismo estadounidense, lamentó esta deriva ideologizada en detrimento de la defensa de la vida y la dignidad humana y cargó con dureza contra Vance: “Sus comentarios justificando la muerte de Good son una mancha moral en el testimonio colectivo de nuestra fe católica. Sus repetidos intentos de culparla de su propia muerte son fundamentalmente incompatibles con el Evangelio”.
