Jesús Fernández: “La gente de a pie está por encima de cualquier batalla”

Jesús Fernández, obispo de Córdoba

Una tristeza esperanzada. Esa parece ser la sombra de Jesús Fernández en estos días. Ante el sufrimiento por las víctimas mortales, los enfermos y sus familiares, busca ser apoyo, tanto en el hogar del pensionista de Adamuz como en el Hospital Reina Sofía de Córdoba, intentando animar a los niños ingresados. En paralelo, ha sido aliento para los voluntarios eclesiales que han salido al rescate desde el primer instante y ha estado en contacto con las autoridades civiles para poner a disposición los recursos de la diócesis. “Se trata de ayudar en la medida en la que sea posible”, apunta.



PREGUNTA.– ¿Cómo se enteró de la tragedia ferroviaria?

RESPUESTA.– A través de la televisión, cuando regresaba de una visita pastoral a Benamejí, un pueblo cercano a la provincia de Málaga. Al entrar en casa, vi que mi madre tenía puesta la televisión y justo estaban dando la noticia. Inmediatamente, llamé al párroco y ya se había puesto en marcha, había abierto la iglesia, había puesto la calefacción, y ya tenía preparada comida y bebida para la gente que necesitara ayuda y atención. También había movilizado a la comunidad parroquial. Fueron ejemplares en la atención a los heridos y a los familiares. En ese momento, me quedé estremecido, pero el dolor fue mayor cuando fueron pasando las horas y el número de víctimas subió. Fue tremendo, me quedé conmovido. A la mañana siguiente, a primera hora, fui allí para respaldar al sacerdote y a los voluntarios, para agradecer su entrega, y también intenté arropar a las familias de las víctimas.

El obispo de Córdoba Jesús Fernández con el párroco de Ademuz

P.– La Iglesia ‘hospital de campaña’ que soñaba Francisco, ¿se pone de manifiesto ante catástrofes como esta?

R.–Por supuesto, es un ejemplo claro. Lamentablemente, ante sucesos así, es cuando se visibiliza que la parroquia es la institución de Iglesia más cercana al pueblo santo de Dios, porque antes y después de que ocurra algo así, está en medio de la gente. Y no solo eso: es un reflejo de cómo nos vamos sumando a las necesidades del momento, en salida, arrimando el hombro en el centro cívico.

La fe también ayuda

P.– ¿Se puede consolar al familiar de un fallecido en una circunstancia como esta?

R.– La verdad es que, de primeras, no hay consuelo, pero, sin duda, algo se ayuda con la sola presencia y cercanía. Cada persona lo afronta como buenamente puede, tal y como comprobamos el vicario general y yo. Unos, desde el silencio; otros contando su relato de cómo han afrontado esas horas tan duras; otros lanzando sus preguntas a Dios sobre por qué había sucedido. Respentando su duelo y el estado de desconcierto en el que todos nos encontrábamos, nos uníamos en oración, hablábamos y tratábamos de hacer ver que la fe también nos ayuda en este momento, compartiendo que Jesucristo, que padeció más que nadie, está cerca de ellos y confiando en que lleve a sus familiares a un lugar donde se sientan felices también. Expresaba que Jesús no nos va a faltar, no nos va a abandonar.

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