A través de carta dirigida a la Compañía de Jesús, Felipe Berríos renunció con duras críticas al manejo de la denuncia por abuso sexual en su contra. Dice que ha sido un proceso “doloroso” y que decidió comunicar directamente su salida “por respeto” y para aclarar ciertos puntos que considera clave y que, a su juicio, fueron ignorados por las autoridades de la congregación.
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“Después de casi cuatro años siendo enjuiciado públicamente y pese a la contundencia de los procesos judiciales penales ordinarios y eclesiásticos, para la Compañía de Jesús como institución, donde juré entrar y morir en ella, soy igualmente responsable de hechos que no cometí”, se lee en el escrito. Dice, también, que la Congregación “nunca se abrió a la posibilidad de que fuera inocente”.
Sobreseído en la justicia civil
Además del proceso canónico que llevó el Dicasterio para la Doctrina de la Fe (DDF), Berríos se autoinculpó ante la justicia civil para que también hubiera un proceso judicial. Esa investigación penal concluyó en un sobreseimiento definitivo, ratificado por la Corte de Apelaciones de Santiago, a fines del 2025. Mientras que el Vaticano ordenó dejar sin efecto las sanciones canónicas en su contra y su expulsión de los jesuitas.
“Las investigaciones y el proceso a los cuales fui sometido, según el Dicasterio no tuvieron aquella exigida criticidad jurídica y, por tanto, carecen de valor para haberme podido condenar”, dice Berríos en su carta renuncia.
“Hubiese sido noble, justo y misericordioso que la Compañía hubiera especificado los hechos en vez de alimentar el morbo con sus omisiones. Omisiones que, aunque hubieran sido involuntarias, me dañaron irreparablemente a mí y a mis cercanos… tanto como el confuso comunicado que emitieron recientemente tras conocer -días antes que yo- la resolución del organismo vaticano, que desacreditó tajantemente las acusaciones en mi contra”, señala Berríos.
Reacción de la Compañía en Chile
El 9 de diciembre pasado, los jesuitas de Chile, emitieron un comunicado donde informa “que el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, en respuesta a la apelación presentada por el P. Felipe Berríos, S.J., ha declarado no haber llegado a una suficiente certeza moral sobre la comisión de los delitos denunciados, quedando sin efecto las sanciones de restricción al ejercicio del ministerio y la expulsión de la Compañía de Jesús”.
En su declaración, resumen el desarrollo del proceso en el que se corroboró los hechos denunciados a lo que el Superior General, en abril de 2024, decretó “la prohibición de que ejerciera públicamente el ministerio presbiteral por un período de 10 años y su expulsión de la Compañía de Jesús” para Berríos, quien apeló al DDF, cuya decisión no es apelable.
Concluyen la declaración diciendo que “respeta la decisión del DDF y la ejecutará íntegramente. Sin embargo, teniendo presentes los antecedentes recopilados en la Investigación Previa y en el Proceso Administrativo Penal, la Compañía de Jesús ha decidido iniciar un proceso de reparación con cada una de las ocho personas que hicieron las denuncias y ha impuesto al P. Berríos medidas disciplinarias respecto a su estilo de vida y actividad apostólica como presbítero jesuita”.
Restricciones al ejercicio de su ministerio
Berríos, en su carta renuncia, se refiere a estas medidas: “Finalmente, esta carta es una respuesta formal al P. Provincial, quien al notificarme del Decreto del Dicasterio – sin manifestar alegría o al menos alivio por el resultado a mi favor- me comunica siete medidas disciplinarias, entre ellas restricciones a mi ministerio sacerdotal.
“No tengo rencor ni rabia, solo una profunda tristeza por el comportamiento de algunos hermanos jesuitas. Aunque seguiré fiel al evangelio y al sacerdocio, según la mirada de San Ignacio, fiel a mi misión de estar al servicio de la fe y la promoción de la justicia, ante la actitud del gobierno de la Compañía de Jesús, no me queda otra decisión, en conciencia y delante de Dios, que solicitar la salida de la Compañía de Jesús. No puedo aceptar el ultimátum que me dio la Compañía tanto por lo desproporcionado de las medidas que me impone, así como porque es evidente que se rompió la hermandad que existía entre nosotros. Les mando un abrazo afectuoso a todos mis hermanos jesuitas, sí, a todos, y reitero lo que dije el día en que conocí la resolución final del Dicasterio: siento profundamente que la verdad me hizo libre”, concluye.
