Enrique Lluc
Doctor en Ciencias Económicas

Un partido independiente, que no mercadee con sus votos


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El artículo de la semana pasada en el que hablaba de la necesidad de partidos que apoyen proyectos y no partidos, tiene una relación directa con la independencia del partido. El hecho de conservar el poder o de buscarlo hace que la mayoría de partidos entiendan su labor política como un mercado. Ellos tienen unos objetivos a lograr, normalmente ligados a sus bases, a sus votantes o a sus propias élites o intereses. A cambio de ellos pueden ofrecer sus votos a otros partidos que, a su vez, se los darán a ellos para aprobar aquello que desean.



La política se convierte entonces en un mercado en el que se intercambian políticas o proyectos por votos. Quienes tienen la clave de la gobernabilidad piden a los grandes concesiones a cambio de sus votos. Tú votas lo que yo quiero y a cambio yo te voto a ti. Son intercambios de votos en los que siempre se busca la equivalencia entre lo que se da y lo que se recibe. Si a mí me interesa algo mucho, estará dispuesto a apoyar al otro partido en algo que seguramente nunca suscribiría por sí mismo.

Esto lleva, con frecuencia, a que se aprueben medidas que no cuentan con el respaldo mayoritario de la población o que están, claramente, en contra de lo que buscaría la mayoría, pero que son necesarias para que quien está en el poder siga en el poder. Quienes así trabajan, también la libertad por que a cambio de algo que conviene o que interesa a su electorado, tienen que aprobar otras medidas que están claramente en contra de él. La contrapartida siempre la fija el otro partido. Uno pide algo, pero el precio lo pone el otro.

El consejero de Agricultura del Gobierno de Canarias, Narvay Quintero (c), ha informado este jueves

Por ello sueño con partidos independientes, que no mercadeen con sus votos, que los regalen de manera generosa a aquellos proyectos que creen que son buenos para la sociedad y que no los den a aquellos que creen que pueden ser perjudiciales. Se trata de no pedir nada, de no mercadear con los apoyos. Cuando el proyecto es bueno según los criterios del partido, se vota a favor de esas medidas. Cuando se cree que es negativo, sin ningún problema se vota que no.

Contrapartidas

Se obtiene así una independencia que no gustará al resto de partidos, que prefieren asegurarse el voto concediendo contrapartidas. Su prioridad es conseguir los apoyos necesarios, no hacer leyes buenas que mejoren el bien común para que sean apoyados por los otros partidos. Por ello, regalar el voto favorece el diálogo constructivo.

En lugar de un mercado, convertimos así la vida política en un ágora. Dejamos la compraventa de votos, dejamos de ligarnos al otro para conseguir nuestros objetivos, aunque tengamos que hacerlo con la nariz tapada. Pasamos a la libertad de poder o no regalar los votos según si lo votado nos convence o no. Eso es lo que hace a un partido realmente independiente.