Para que nuestros mayores mueran con el alma en paz

  • San Camilo y la Fundación Dignia formarán a 600 profesionales de residencias para abordar los cuidados finales
  • El programa ‘Dignidad en el cuidado’ busca generar un “cambio cultural” en clave de humanización
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Residencia de ancianos de San Camilo

Según el censo del IMSERSO, en España hay más de 380.000 plazas en residencias de ancianos. Y unos 200.000 trabajadores para cuidarlos… Algo que será cada vez más complejo, pues, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), las personas de más de 80 años crecerán un 47,5% en los próximos 15 años.



Ante esta realidad social, el Centro de Humanización de la Salud San Camilo y la Fundación Dignia ofrecerán una formación para este 2026 en la que estiman que, a lo largo de tres cursos (en febrero-marzo, mayo-junio y octubre-noviembre), participarán unos 600 profesionales (200 en cada ventana) que, en las residencias, se dedican de un modo específico a los cuidados en la fase final de la vida.

Iniciativa pionera

Se trata, como detallan en el anuncio del programa, titulado ‘Dignidad en el cuidado’, de “una iniciativa pionera e innovadora” que tiene como objetivo fundamental “transformar la atención a personas mayores en situación de cronicidad y final de vida”, siempre en clave de humanización.

Así lo reitera, en conversación con Vida Nueva, Cristina Muñoz Alustiza, responsable de Programas y Calidad del Centro de Humanización de la Salud San Camilo. Ilusionada ante un proyecto sobre el que se lleva trabajando mucho tiempo y que está cerca de ver la luz, detalla que lo esencial será “favorecer redes para un cuidado digno en las residencias”.

Residencia de ancianos de San Camilo

Por la amplia experiencia del Centro San Camilo, cuya sede está en la localidad madrileña de Tres Cantos y que tiene relación con numerosas residencias, sus profesionales detectan que “en muchos sitios hay un cierto tabú al hacer frente al último tramo de la vida de los residentes que, en algunos casos, solo tienen apenas un año por delante. Se les trata como a los demás, como si su situación personal fuera la misma que antes, y no es así, ni mucho menos. Por eso, porque sabemos que no es fácil hablar de la muerte y de las competencias que necesitan quienes van a fallecer y quienes les cuidan, creemos que es importante ofrecer este curso”.

Diversas temáticas

Muñoz detalla cómo, a lo largo de las 25 horas de las que constará cada período formativo, y que aunarán los espacios virtuales con los personales, constando de “varias dinámicas a trabajar en grupos reducidos, para favorecer el diálogo y el compartir experiencias”, se tratarán temas como “la gestión emocional del cuidado, la espiritualidad en la vejez o los problemas éticos al final de la vida”.

Partiendo del hecho de que “no siempre se sabe acompañar este momento, hay que ofrecer claves para facilitarlo”. Un camino en el que “todos aprendemos, incluidos nosotros, que tratamos de promover ese cambio cultural centrado en el cuidado”. En ese sentido, “la idea que tenemos es que esta formación continúe en los próximos años”. De ahí que, “para mejorar el proceso, se vaya evaluando tras cada etapa formativa, quedándonos con lo más positivo y variando lo que entendamos que se puede mejorar”.

Residencia de ancianos de San Camilo

Del mismo modo, “poco a poco, iremos invitando a sumarse a cada vez más entidades, empezando en estos primeros cursos por aquellas con las que tenemos una relación de hace años, pues sabemos que comparten con nosotros ese mismo afán por humanizar el cuidado”. Para febrero-marzo, contarán “con Mensajeros de la Paz, Lares Madrid y algunas empresas privadas”.

La vertiente espiritual

Como añade Muñoz, “una parte fundamental de la formación es la vertiente espiritual en un sentido amplio”. Y es que esta “ha de conectar con todos los profesionales como parte de un proceso transversal, no siendo solo responsabilidad del sacerdote de turno que puede ejercer como capellán del centro y cuyo aporte puede centrarse más en lo sacramental”. Es más, desde una “mirada amplia y no reduccionista”, lo espiritual interpela a todos, residentes y profesionales, y requiere “la capacidad de identificar y acompañar esa sed de sentido y propósito que todos podemos tener”, pero que está a flor de piel “en la hora final”.

No obstante, en ese momento “son muchos los que sienten necesidad de perdonar y ser perdonados, de agradecer por lo vivido, de dejar un legado personal, de cerrar los posibles cabos sueltos… Eso está ahí y el profesional sanitario puede favorecer que aflore a través de conversaciones profundas y significativas. A veces, eso pasa por preguntar al acompañado: ‘¿Qué querrías que quedase de ti?’. Se trata, en definitiva, de que la persona acuda a recuerdos importantes para ella y cierre, en la medida de lo posible, lo que tenga pendiente ante de morir”.

Residencia de ancianos de San Camilo

Puesto que, en una residencia, “la mayoría de las interacciones son con los gerocultores, los técnicos o los enfermeros, estos han de tener la capacidad de adentrarse en lo más profundo del ser humano”. Y, como eso a veces no es fácil, “de ahí la importancia de promover una transformación cultural en cada vez más residencias, para beneficiar siempre al máximo número de personas posibles y que, cuando tengan que morir, lo hagan con paz en el alma”.

Así, llegado el momento final, “este se podrá abordar con una mirada completa y en la que se valora que lo espiritual, más allá de lo emocional, es una dimensión íntima imprescindible de la persona. Independientemente de las propias creencias religiosas de los residentes, que las pueden tener o no, lo espiritual es como el cogollo que está en el centro de cada uno tras ir retirando todas las capas de una cebolla. Es el núcleo y, además, es lo que luego da fruto…”.

Fotos: San Camilo.

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