Tribuna

Adiós a 21 RS, la revista cristiana de hoy

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Última revista 21RS. En diciembre he recibido su último número en mi buzón. Y como si de algo sagrado se tratara -que lo es- me pongo a leer orando y celebrando cada escrito y cada testimonio vital de esta etapa que se cierra tras más de un siglo de existencia. Me alegro de haber formado parte activa de ella en más de una década y por lo que me ha dado de vida y de luz. Dichosos vosotros, los de la revista, porque habéis sido limpios de corazón y nos habéis ayudado a ver a Dios. ¡Gracias!



Recuerdo que envié algunas reflexiones y las publicaron en la revista y al ver mi producción, quizás impulsiva, me ofrecieron que abriera un blog en su espacio digital. Ahí comenzó mi función de bloguero. Algunos me dijeron que era muy fácil comenzar un blog, que lo difícil era mantenerlo vivo, y aquí estoy desde el 23 de Julio de 2009 intentando ser fiel, asomándome a ese balcón en el que puedes encontrarte con miles de personas anónimas en la mayoría de los casos, pero con quien mantienes una relación vital. Me llamaba la atención cuando podía mirar las personas que pinchaban en mis entradas y veía que eran más de veinte mil y de países muy distintos. Algo muy novedoso para mí.

Así que he de confesar que la revista 21 ha sido, para mí, cuna y casa para mi proceso de bloguero. Un modo de ejercer mi ministerio que nunca pensé y que me ha ayudado a mantenerme vivo en la lectura creyente de los hechos de vida propio y ajenos. “En medio del mundo” ha sido el titular de este espacio donado y cuidado por esta revista, donde he logrado el objetivo propuesto de que fuera un lugar de encuentro desde la vida.

El tono de la despedida

La revista se retira y siento que es la Iglesia la que pierde un instrumento de verdad y de luz que ha estado presente en los medios con un modo y una esencia digna de encomio y de luz eclesial conciliar y comprometida. Agradezco la profesionalidad, el ejercicio dialogante de un modo de evangelizar que ha sido siempre en su estilo luz y ánimo para los que se acercaban, unas veces con una interpelación fuerte y otras con una ternura digna de alabanza y deseo de imitación. Es verdad, que como ha sido testigo de resurrección no creemos que su muerte vaya a ser en vano, sino todo lo contrario, habrá un modo providencial de nacimiento nuevo porque la verdad y lo verdadero no podrá ser enterrado para siempre, sino que fecundará y dará frutos nuevos y mejores.

Yo guardaré como tesoro lo que he recibido de ella y releeré lo escrito para seguir alimentándome de lo bueno que ha ido más allá de lo que yo pretendía con mis pobres líneas. También agradezco el tono de la despedida en la que no hay ningún reproche, sino agradecimiento de lo vivido y servido, junto al deseo de transformarse y transformar. Yo también quiero ese estilo para mis cambios vitales y pastorales. Os despedís como habéis vivido en la materialidad de esta revista. Ni que decir tiene que este vínculo con todos vosotros es para siempre y siempre estaré dispuesto a compartir camino y brecha, de un modo agradecido por haber sido agraciado.

Bendigo a Dios por este siglo de palabra y de luz en este instrumento que sólo ha pretendido que pudiéramos alimentarnos de los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús, de ese corazón tan humano, tan humano, que tenía que ser divino. A mí me habéis tocado el corazón y me habéis hecho llegar sentimientos verdaderos de Cristo.

Un fuerte abrazo y siempre seréis referente de la palabra encarnada en los medios de comunicación social, sin privilegios, con humildad y llenos de verdad compasiva.

¡Hasta siempre!