La Navidad más especial del padre Fredy, el alma del Haití que no se rinde

Fredy Elie, Haití

Dentro de unas semanas, el próximo 10 de enero, se cumplirán 11 años del terrible terremoto que echó abajo Haití, dejando un triste reguero de muerte y destrucción en el país más pobre de América. Un acontecimiento que marcó muchas vidas. Entre ellas, la del padre Fredy Elie, sacerdote paúl que fue destinado a Caradeux, una localidad cercana a Puerto Príncipe, justo un mes después del seísmo, siendo este uno de los puntos más afectados.



Allí, entre otras muchas cosas con las que impulsó a la comunidad local del campamento de refugiados en torno a la fe y a la dignidad, fundó con un campamento con 200 chicos que participaban en el corro parroquial. Bautizado como ‘Niños de Esperanza,’ a día de hoy, varios de esos jóvenes han conformado un grupo que ha publicado tres discos…

Apoyo al mundo campesino

Pero el padre Fredy no se quedó ahí… En su Moliére natal, una zona de montaña fronteriza con República Dominicana y muy alejada de la capital (por lo tanto, sin infraestructuras de ningún tipo), también puso todo patas arriba junto a la comunidad local, sumándose a su proyecto dos pastores evangélicos, otros sacerdotes católicos y varios de los campesinos (12 en total, como los apóstoles). Nació así un Comité para el Desarrollo que lo cambió todo y, en pocos meses, crearon una escuela, una carretera, un tendido eléctrico…

Con los años, el sacerdote paúl unificó ambos proyectos y, hoy, hasta 25 chicos de ‘Niños de Esperanza’, en su mayoría huérfanos o abandonados por sus padres, se han trasladado a Moliére, conformando “una verdadera familia” juntos a los campesinos locales. Rebautizado el proyecto como ‘Hogar Niños de Esperanza’, los chavales trabajan en una finca agrícola orgánica y autosostenible, siendo ellos mismos sus responsables.

Recuperar la esperanza

En conversación con Vida Nueva, el mismo padre Fredy reconoce que esta Navidad tan especial será un tiempo propicio para echar la vista atrás: “No hay mal que por bien no venga, dice un refrán. Y yo sé que se hace realidad este dicho en la vida de muchos que se quedaron sin esperanza tras el trágico terremoto del 10 de enero de 2010. Después de una década, me quedo con todo lo bueno vivido”.

“Fue doloroso –prosigue–, pero me ha permitido conocer y tener el apoyo de miles de personas de otras nacionalidades. Con el proyecto, muchos jóvenes, en el día de hoy, viven mejor… Y, entre las cosas que más me alegran, está el hecho de que Manos Unidas España nos está ayudando a concretar nuestro gran sueño de llegar a la autogestión”.

Siempre en la cama

Con todo, este 2020 ha sido especialmente difícil: “Es muy doloroso para el mundo entero con esta pandemia del Covid-19. Una de las medidas de protección fue el confinamiento. Esta realidad me hizo abrir los ojos a una categoría de gente que, anciana y enferma, está todos los días en una cama, en su casa, no por miedo de contagiarse, sino por no poder caminar y no tener a una familia que les atienda”.

A ellos, en buena parte, les encomienda en sus oraciones navideñas: “Navidad es encuentro, compartir. Mi plan de Navidad en este año tan especial es salir a compartir con esta categoría de hijos de Dios. Queremos dejar las ciudades y los templos yendo a los pesebres naturales del campo, de las montañas, a llevar alegría y gozo a los que más necesitan”.

Acoger a Jesús

“A los niños y jóvenes del Hogar –concluye el padre Fredy– les animamos a acoger a Jesús, que vive y nos espera en estos marginados. Esperamos vivir una Navidad muy especial, en este año tan especial y con unas personas muy especiales”.

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