Fernando Vidal, sociólogo, bloguero A su imagen
Director de la Cátedra Amoris Laetitia

Diario del coronavirus 55: reconstrucción vecinal


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El redescubrimiento de los vecinos ha sido una de las experiencias más universales durante la pandemia, especialmente en las ciudades, donde la sociabilidad vecinal se ha ido progresivamente desgastando. La Gran Desvinculación que hemos sufrido ha ido destejiendo los lazos vecinales que tan importantes fueron para las anteriores generaciones y que tan importantes son en los barrios más dinámicos, sostenibles y con mayores grados de satisfacción entre sus habitantes. Podemos avanzar desde esta experiencia y recuperar el hecho de tener vecinos y barrios, o podemos regresar a lo de antes, a un mundo sin vecinos. Cualquier modelo de reconstrucción social y económica, pasa por la revecinalización.



Ya comienza la llamada “nueva normalidad” y se hace sobre los cimientos antiguos. A diferencia de Dinamarca o Francia, parece que el gobierno español sí va a contratar a compañías que solo pagan impuestos en paraísos fiscales. ¿Volvemos a la sociedad y economía de antes? En este comienzo ya debemos comenzar a cambiar el modelo. ¿Volvemos a la precariedad? El dinero que vamos a gastar, ¿en qué tipo de tiendas lo vamos a hacer? Debemos decidir sobre todas estas cuestiones. Debemos parar en casa y hablar en familia de qué vamos a hacer. Comencemos por el propio barrio, por la vida con nuestros vecinos. ¿Cómo queremos que sea en el futuro?

Más de un tercio no tiene un vecino de confianza

En una encuesta inédita de la Cátedra Amoris Laetitia de la Universidad Pontificia Comillas (patrocinada por la Fundación casa de la familia), tenemos datos interesantes sobre vecinalismo. La encuesta fue realizada en enero de este año 2020, antes de la pandemia y el ámbito es la Comunidad de Madrid, pero probablemente los resultados se puedan trasladar a otros lugares. Vamos a fijarnos en una sola pregunta de esa encuesta: ¿Tiene usted algún vecino a quién pedir un favor importante?

El 37,3% de los encuestados carece de vecinos a quienes pedir un favor importante. Los varones opinan en mayor medida (41%) que las mujeres (34,1%) que no loes tienen. Por edad, cuanto más joven se es, menos se declara que hay un vecino que puede ser una ayuda: el 54% de los menores de 30 años no tienen vecinos a los que poder pedir un favor importante. En cambio, disminuye el porcentaje entre los mayores de 60 años: el 26,9% no los tienen. Más de uno de cada cuatro mayores no tiene un vecino que le puede ayudar, precisamente en edades en las que se comienzan a necesitar más.

Solteros (47,3%) y divorciados (46,4%) se ven más afectados por esa falta de vecinos. Quienes tienen hijos tienen en mayor medida vecinos a los que pedir un favor importante: lo tienen el 67,7% frente al 52% de quienes no son padres.

Entre los desempleados la carencia de vecinos solidarios es exagerada: afecta al 54,5%. Hay también una carencia desproporcionada de vecinos que puedan ayudar cuando se vive en situaciones de vulnerabilidad económica: no tiene solidaridad vecinal el 31% del estrato superior y el 58% del inferior (se acerca al doble). En los estratos intermedios es un 35-36%. Los inmigrantes carecen en mucha mayor medida de vecinos a los que poder pedir un favor importante: no los tienen el 50,4%, en comparación con el 33,8% entre nacionales.

En conclusión: un tercio de la población carece de vecinos con los que tenga una relación de solidaridad y ese porcentaje se eleva desproporcionadamente cuando se tata de jóvenes, gente sin hijos, desempleados, estratos económicamente vulnerables e inmigrantes.

¿Tenemos algún vecino a quien pedir un favor importante? ¿Qué vecino nos podría pedir un favor importante a nosotros?

El modelo disperso de ciudad

Debemos pensar el modelo de barrio que sale de esta experiencia de confinamiento compartido y solidaridad vecinal. La calidad de la experiencia de quienes habitan ciudades depende de la sociabilidad vecinal en sus edificios o entornos inmediatos, de la densidad de tiendas de cercanía y de la relación con la red de servicios de proximidad –deportes, salud, educación, biblioteca, parroquia, etc.– Es paradójico que estando confinados hayamos tenido una mejor experiencia del barrio como comunidad.

Las ciudades cambiaron de paradigma con el advenimiento del neoliberalismo que exacerbó el individualismo, deshilachó las comunidades, privatizó los bienes comunes y exacerbó la especulación inmobiliaria. Este paradigma lo dispersa todo: edificios, urbanizaciones, aceras, relaciones, tiendas, etc. Ha acelerado la segregación urbana, las desigualdades, la desconfianza y la percepción de inseguridad. Y ha encarecido la ciudad en general porque la dispersión aumenta la desafección por los bienes comunes, incrementa la destrucción y el descuido del mobiliario urbano, reduce drásticamente el trabajo voluntario para el cuidado del barrio.

Los males derivados del abandono del barrio vecinal como unidad urbana son enormes. Entre ellos, la soledad que ya afecta al 42% de la población, o ese 37,5% que carece de un solo vecino al que poder pedir un favor importante. Tiene altos costes ecológicos, ha ido haciendo quebrar al pequeño comercio, ha gentrificado a la población nativa y ha facilitado un movimiento ideológico de desactivación de todo el tejido comunitario y relacional –incluidas las familias–. Además, ha llevado a que el asociacionismo vecinal disminuya y sea ideológicamente menos transversal. Esa estrategia de desaparición del barrio se ha aplicado todavía a los últimos desarrollos urbanos previos a la crisis económica de 2008 y sigue siendo en gran parte el modelo programado para la próxima expansión.

Los Barrios del Cuidado

La pandemia no solo nos ha hecho conocer a los vecinos, empatizar y celebrar con ellos los aplausos de gratitud, sino que también nos ha demostrado cómo las redes del bien han sido sumamente eficaces. Por primera vez en nuestra historia, decenas de miles de vecinos han puesto en su portal su teléfono para ayudar si alguien lo necesita.

La recuperación socioeconómica pasa por la revecinalización. No solo porque sea crucial para la distancia social necesaria mientras haya riesgo sanitario, sino porque nuestro país sigue teniendo una estructura económica de escala vecinal: son 430.000 pequeños comercios –con una media de 3 empleados por local– y 260.000 bares, cafeterías y restaurantes (uno cada 180 personas). La rehumanización de la ciudad y el establecimiento de espacios seguros requiere reconstruir la cooperación vecinal.

El problema es que hemos perdido masa muscular vecinal. En los barrios predomina la desconfianza, la pasividad, el escepticismo y el individualismo. ¿Cómo hacemos para comenzar esta reconstrucción socioeconómica profundizando en esta buena experiencia vecinal que tanta potencia y satisfacción nos daría como sociedad?

10 propuestas

1. Redes del Bien Común. Hace unos días dedicamos un diario a esta idea. Lo más interesante es su facilidad y sencillez, lo prácticas que son, la libertad y flexibilidad de la ayuda, que están centradas en hacer el bien sin carga ideológica ni doctrinal. Sería interesante que, además de las redes informales, ONG locales, centros sociales y parroquias promovieran Redes del Bien Común. Las Redes del Bien Común deberían mantener escalas pequeñas que permitieran conocer a la gente. No se trata de hacer aplicaciones donde el sujeto no se sienta implicado. Esa es otra opción distinta.

2. Comunidades Amables. Las comunidades de los edificios se han convertido en lugares muy anónimos e incluso hostiles. Cuando vemos en películas americanas que los vecinos se acercan a dar una tarta a los vecinos recién llegados nos resulta muy ajeno. En Estados Unidos existe una actividad vecinal intensa por parte de un tercio de la gente porque en una cultura tan individualista, saben que solo habrá lo que ellos generen. Sin embargo, los países latinos nos creemos que nuestro carácter mediterráneo crea una sociabilidad intensa espontáneamente. Ya no. Como el coronavirus, nos ha pillado de sorpresa, pero el individualismo ha calado en nuestra población y ya no se crea vecinalismo de modo natural. Por el contrario, más bien hay vergüenza, susceptibilidad y se evita a los demás. Se necesitan pensar y organizar nuevos medios.

Debemos reconstruir Comunidades Amables. Los carteles de ayuda que hemos puesto en los portales son una buena idea. ¿Por qué no hacer un pequeño Equipo de Solidaridad y Acogida en la comunidad de vecinos? ¿Os imagináis poder invitar a los nuevos vecinos que lleguen a una casa a una pequeña merienda de bienvenida donde conozcan a los demás vecinos? ¿Os imagináis que en Navidad se hace una pequeña celebración vecinal donde cada uno trae algo? Incluso que un vecino pueda invitar al resto para inaugurar el Belén de su casa. Hay lugares donde se hace y mejora mucho la vida vecinal. Antes cuando moría alguien, se ponía un libro de firmas en el portal para los vecinos. Ahora es difícil enterarse incluso de que ha fallecido un vecino de toda la vida y no se sabe ni cuándo es el funeral. A eso lleva el desmoronamiento de la vecinalidad y es preciso tejer en la otra dirección. ¿Os imagináis que la comunidad vecinal pone especial atención en sus mayores que se sienten solos? Por supuesto, hay que evitar cualquier tipo de intromisión o falta de intimidad, pero que la comunidad esté disponible y organizada para poder ayudar, es importante.

3.Espacios con sentido. Filadelfia es la ciudad del mundo donde comenzó todo el movimiento de humanización de las ciudades. Era una ciudad partida en dos, con graves procesos de conflicto y deterioro, con multitud de lugares abandonados e inseguros. La ciudad emprendió una gran operación de humanización urbana, que consistía en que no hubiera lugares muertos en la ciudad: solares abandonados, medianeras feas, muros desnudos, jardines abandonados, concentraciones de basura, locales rotos, etc. Fundamental se actuó a través del arte, dando protagonismo al arte de calle, el grafiti. Tras décadas de degradación urbana, en 1984 comenzó el programa de rehabilitación y eso ha hecho convertirse a Filadelfia en la capital mundial de los murales, con 4.000 obras gigantescas. Actualmente produce a la ciudad enormes ingresos por los visitantes y ha convertido a Filadelfia en el principal cluster universitario de artes plásticas.

El cuidado que vemos en las cosas impulsa el cuidado de nosotros mismos y de los otros. Es preciso que todos los rincones del barrio sean cuidados, que no haya espacios muertos que expanden el descuido y la hostilidad. Me encanta el proyecto ‘Espacios con sentido’ que la Fundación Edelvives desarrolla en centros educativos y lo mismo deberíamos hacer con los barrios.

4. Grupos de Soluciones. En Kibera (Nairobi) hay una aplicación en la que te apuntas y puedes proponer hacer grupos para arreglar problemas u organizar proyectos concretos. Se propone un problema y la gente se apunta (por ejemplo, medianeras con vegetación descuidada, calles que personas con sillas no pueden recorrer por el aparcamiento desordenado, proponer hacer una pequeña plaza de un solar abandonado u organizar una cena de barrio durante las navidades). ¿Cuántas veces vemos algo que querríamos mejorar y no sabemos cómo? Formar un grupo de Soluciones es un muy buen cauce. Te anima a emprender, te une a otros para planear, se crea ánimo para persistir, se acumulan aprendizajes (la App va acumulando buenas prácticas y se puede recurrir a sus planes o contactos para solucionar tu propuesta).

5. Hora Comunitaria. ¿Por qué no organizan los barrios la Hora Comunitaria? Es una hora a la semana para que jóvenes y niños puedan mejorar su barrio. Se puede organizar desde los colegios e institutos, pero también desde las organizaciones, parroquias, etc. Se establece un consejo infantil y otro juvenil, y se proponen proyectos. Los propios niños y jóvenes proponen los suyos. Se elige un proyecto y se concentran los trabajos de las horas comunitarias. Pueden ser organizados como una actividad extraescolar liderada por padres, profesores motivados o jóvenes y vecinos voluntarios.

Aplauso sanitario coronavirus España

Vecinos de Vallecas, en Madrid, aplauden a todo el personal sanitario que está trabajando para combatir el coronavirus en España. EFE/Víctor Lerena

6. Red de Tiendas Ecosociales de Barrio. El pequeño comercio que vale la pena promover no es el de las tiendas 24/7 de empleo precario y productos de mala calidad, sino el comercio que hace el mundo más sostenible. Toda la economía social del barrio debía estar unida en una aplicación en la que se pueda buscar y comprar, garantizando que esas tiendas cumplen criterios ecológicos y de trabajo decente. Para ello, los negocios que quieran estar incluidos deben firmar un compromiso y mostrar que lo cumplen.

7. Celebraciones Espontáneas. En Boston tienen una cosa fantástica que se llaman las “celebraciones espontáneas”. No obedecen a ninguna festividad especial, no son recurrentes ni están organizadas por nadie que no sea la propia gente. Simplemente un día se toma un espacio público para hacer una celebración creativa, pacífica, respetuosa, sencilla e integradora. Por ejemplo, acudimos una noche con nuestros amigos a una que consistía en hacer linternas de papel y acercarnos a un lago urbano de modo que al final todo el lago estaba rodeado de luminarias. Son gestos colectivos de belleza, momento para encontrarse, conocer gente, compartir comida… Estas cosas crean comunidad, buen gusto, hacen que el barrio y el tiempo se llenen de belleza.

8. El movimiento de Huertas Urbanas. Lo que hace diez años parecía algo excéntrico y propio de libertarios, es sorprendente la facilidad con que se ha extendido y ha sido asimilado por toda la población. De 2000 a 2019, el número de huertas urbanas se ha multiplicado por 50, hasta superar los 400 municipios y sumar más de 300 hectáreas. Las huertas no implican solo la plantación, sino que crea todo un mundo a su alrededor. Por ejemplo, en nuestro barrio de Manoteras, las huertas han creado un pequeño auditorio abierto donde los sábados por la noche se ofrece un ocio sano y alternativo de jóvenes cantantes, cuentacuentos, coros, etc. Las funciones de la huerta son numerosos, incluida la reactivación de tiendas locales. Comenzar por una huerta acaba sembrando muchas más cosas en el barrio al redescubrir los valores de la tierra y la Casa Común. El movimiento de Huertas Urbanas se debería expandir al cuidado de los jardines intermedios y árboles que no dependen del Ayuntamiento. Deberían ayudar a las comunidades de propietarios a embellecer sus jardines. La belleza siempre multiplica el bien.

9. Democracia vecinal por sorteo. Esto debo explicarlo en varios párrafos.

Hay un problema de organización política de los barrios. Son demasiado grandes y ese tamaño lleva a que las dinámicas sean muy políticas. Las propias asociaciones de vecinos echan atrás a mucha gente pro el alto grado de politización de muchas de ellas, generalmente a la izquierda. Es necesario crear dinámicas más transversales centradas en el bien común, capaces de integrar a gente de todas las ideologías y creencias en un proyecto común.

Otro problema es que la gente siente aversión a las asambleas. Hay una mala experiencia colectiva del asamblearismo que al final es manipulado. Esta es una de las grandes barreras a la expansión del vecinalismo: su fórmula de organización está desgastada y tiene muchas limitaciones. Es preciso disponer de métodos que protejan el discernimiento comunitario y la deliberación democrática, que se basa precisamente en la escucha de todos, la inclusión y la creación colectiva de consensos.

Hay distintas alternativas, pero hay tres criterios que podrían ayudar:

  • Usar la sección electoral como unidad de cooperación vecinal. Jurídicamente, una sección electoral una división territorial de la circunscripción electoral, con un mínimo de 500 votantes y un máximo de 2000 (lo cual significará unos 2.400 vecinos, incluyendo menores de 18 años, que son aprox. el 20%). Hay que reducir la escala de la unidad vecinal para favorecer el reconocimiento, la sociabilidad, la participación, la confianza y la cooperación.
  • Crear un Equipo Vecinal de 20 personas por sorteo, siguiendo el modelo de la “demarquía” o democracia por sorteo. Islandia, Irlanda o Canadá lo practican con enorme éxito (ver la web democraciaporsorteo.org). Se acepta libremente y con carácter voluntario. Mitad varones y mitad mujeres y con representación proporcional de edades. Se está un máximo de dos años en el Equipo Vecinal y se cambia a la mitad cada año. No se puede volver a ser del equipo en los seis años siguientes. Su función es crear en colaboración con la Administración y la sociedad civil del barrio (sección electoral) un programa de acciones. El Equipo puede crear grupos de trabajo organizados según entienda conveniente. Por ejemplo, puede crear grupos de trabajo que sean ‘Recuperación de las abejas’, ‘Reducción del ruido’, ‘Promoción de las librerías’ o ‘Prevención de la soledad’. Por supuesto, se pueden crear proyectos entre secciones, pero sin diluir a cada equipo de sección.
  • Reglas de discernimiento vecinal. Se necesita un método de deliberación mucho mejor. Cada año se celebrará el encuentro de sección, que será organizado según el método de portavoces. En grupos de 10 a 15 personas, se irán creando reuniones de tres rondas (escucha, diálogo, consenso) que luego llevará a grupos de portavoces y así, piramidalmente se irá creando un consenso. El programa final será votado por todos los vecinos a través de app para aprobar las líneas de acción y priorizarlas. Hay varios métodos que permiten el trabajo por consenso, con máxima participación a través de grupos y rondas.

10. Las parroquias inclusivas son una plataforma que es necesario devolver a la gente como lugar de sentido. Ahora pueden cumplir un gran papel como casa de todos. De hecho, en las iglesias ya se celebran con frecuencia conciertos y otros eventos culturales como exposiciones, coherentes con el Evangelio. Deben convertirse en lugares más abiertos, acogedores, hospitalarios. Son lugares donde pueden celebrarse eventos –como memoriales, por ejemplo– que no sean incoherentes con lo cristiano, aunque no se ajusten a las liturgias establecidas. El 70% de los católicos españoles se sienten desconectados de las parroquias. No se trata de hacer estrategias mercadoctécnicas, sino de que las parroquias sean lugares de sentido mucho más universales, que sean capaces de acoger los sacramentos de la vida. Desde luego, la Iglesia, con casi 23.000 parroquias en España -una cada dos mil habitantes- tiene una gran responsabilidad y capacidad para ayudar a crear el nuevo vecinalismo si es suficientemente creativa, abierta e inclusiva. Las parroquias no son lugares para católicos, sino que son lugares católicos para todos.

Hay muchas propuestas creativas que podrían añadirse. Por ejemplo, el nuevo modelo de cuidados de los mayores y dependientes pasa por la atención domiciliaria, pero también la cooperación con las comunidades vecinales, forman híbridos organizativos que mezclan Administración, ONG, empresas sociales de servicios y vecinalismo. En la Comuna 5 de Roma, por ejemplo, funciona ese modelo, donde vecinos cuidan de otros -algunos en régimen de voluntariado y otros de modo remunerado.

Estamos ante una gran oportunidad para refundar parte de nuestra vida colectiva, remover los obstáculos y corregir lo que es insostenible y nos quema como sociedad. El periodo de Reconstrucción que vivimos no puede ser una farsa porque entonces seguiremos cayendo en crisis sucesivas y sus impactos serán peores. Pueden ser crisis sanitarias, medioambientales, económicas, la soledad, la violencia, el suicidio, la exclusión u otros tipos de epidemias. Reconstruir requiere una profunda reforma de la vida social desde abajo y adentro. Hay alternativas experimentadas, practicables y sencillas que podemos aplicar. Entre ellas, la refundación de las comunidades vecinales es una de las causas más estructurales y multiplicadoras en que podemos invertir nuestra creatividad y esfuerzo.