Fascinación de papel


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“La palabra escrita me enseñó a escuchar la voz humana… y posteriormente la vida me aclaró los libros”. Este texto lo leí en ‘Memorias de Adriano’, la novela de Marguerite Yourcenar. Ahora que nos acercamos al tiempo de vacaciones, es buen momento para que hagamos una lista de libros para este tiempo de descanso.

Hace unos años, me llegó una entrañable carta de un grupo de escolares del IES Alonso Berruguete, que querían hacer una exposición, con motivo del día del libro y la efeméride de Cervantes. Me contaban, con una letra clara y unas frases precisas, que deseaban preguntar a distintas personas sobre qué libros le habían marcado en su vida y la importancia de seguir leyendo. Rápidamente me puse a escribir para darles mi respuesta, no sin cierta añoranza.

“Queridos amigos y amigas de 2º de ESO ¡Gracias por escribirme! Me encanta la iniciativa que habéis tenido. La verdad es que me gusta mucho leer. Cuando era muy pequeño, aparte del TBO, leía cómics del ‘Capitán Trueno’ y del ‘Jabato’. Eran historias de aventuras que nos intercambiábamos entre los amigos y coleccionábamos. Aún tengo afición por los cómics, hay verdaderas obras de arte.

Me acuerdo que de muy niño en la escuela teníamos un libro de “lecturas seleccionadas” (eran pequeños extractos de las obras clásicas de nuestra literatura) y solía ir siempre por delante. La maestra, Doña Amalia, también nos hacía aprender un poema todos los fines de semana, con lo cual me fui aficionando a leer poesías. Poco a poco comencé por Gabriel y Galán, Zorrilla, Bécquer, más tarde con Machado, Blas de Otero y así hasta los más actuales.

Con 12 años era un asiduo de la biblioteca pública. Allí pasaba largos ratos curioseando enciclopedias de historia natural, pueblos de la tierra y antiguas civilizaciones. ¡Era una pasada! Pero a casa, siempre me llevaba prestado un libro de ‘Las aventuras de los cinco’, de Enid Blyton, no los leía, los devoraba. Las poesías de Bécquer me llevaron a sus leyendas –tremenda la del Monte de las Ánimas– y de ahí comencé a interesarme por las novelas fantásticas del romanticismo que me fascinaban, sobre todo E.T.A. Hoffman, que me sumergía en un mundo de intriga psicológica alucinante.

Leer nos da el equilibrio necesario para sostener nuestra humanidad

¡Ah! Se me olvidaba, también me he leído todas las obras de Julio Verne, aventura tras aventura. Los domingos ahorraba una buena porción de mi propina para poder ir comprando sus libros en la Colección Austral. Con Robinson Crusoe y la Isla del Tesoro aluciné en colores. Aún escucho el sonido de la pata de palo de John Silver, el Largo.

Más tarde, con unos 18 años comencé a interesarme por las biografías noveladas y por lo tanto por la historia: Julio César, Cleopatra, Colón, Teresa de Jesús… Cuando comencé a hacer los estudios de Teología, quedé fascinado por la Biblia: su tiempo, la fuerza de la tierra, las costumbres, las influencias de otras culturas… reconocí en ella la historia de la humanidad y mi propia historia y cómo lo más profundo de cada uno de nosotros es capaz de superarse y cambiar de una manera radical.

Ahora leo de todo y estoy abierto a todo. Desde los 12 años he ido comprando libros, como una obsesión, tengo muchísimos, no los he contado. Pero leer me ayuda a contemplar la vida, a reconocer a las personas, las sociedades y culturas, me ayuda espiritualmente y sobre todo me hace soñar y mantener la ilusión por la memoria de la humanidad. La lectura también nos da el equilibrio necesario y el andamiaje para sostener nuestra humanidad y nuestra vida de fe. Hay en mi vida muchos libros, es decir, historias, fascinación, escucha, observación y discernimiento que me hace ser más libre. Os agradezco esta confianza. He olvidado muchos, pero no era cuestión de reescribiros el Quijote. Un abrazo y ¡seguid leyendo!”.

Siempre es tiempo para comenzar. ¡Animo y adelante!