La escritora Carmen Posadas. Foto: Carolina Roca
Carmen Posadas regresa con ‘Las Mitford’ (Espasa), una novela sobre seis hermanas que encarnaron las contradicciones del siglo XX. La familia, el fanatismo, la concordia y la búsqueda de Dios atraviesan tanto el libro como esta conversación.
PREGUNTA.- Las Mitford comparten educación y privilegios, pero abrazan ideas opuestas. ¿Qué lleva a una persona al fanatismo?
RESPUESTA.- Son un retrato del siglo XX. Nancy es liberada, progresista y feminista. Diana se hace fascista y nunca renuncia a sus creencias, ni siquiera cuando se conoce lo ocurrido en Alemania. Unity también es una fascista fanática. Jessica se hace comunista, creo que por rechazo. En una familia, a veces imitas a los demás o te vas al extremo contrario. Deborah simboliza esa aristocracia que empieza a declinar tras la II Guerra Mundial. Son hijas de su tiempo y abrazan corrientes políticas que generaban mucha violencia. También en Inglaterra hubo enfrentamientos muy duros entre comunistas y fascistas. (…)
P.- ¿Le atrajo el conflicto entre la lealtad familiar y la conciencia?
R.- Los asuntos familiares siempre me han interesado. Mi familia es una tribu unida con el Atlántico de por medio: una parte está aquí y otra en Uruguay. Esa distancia ha fortalecido los lazos. La familia es un microcosmos de la sociedad: las dinámicas entre hermanos o entre padres e hijos se parecen mucho a las que encontramos fuera.
P.- Ninguna crítica ha significado tanto para usted como un fax de su padre. ¿Se deja de escribir para alguien?
R.- Durante mucho tiempo escribí para mi padre. Murió, pero sigo pensando: “¿Qué opinaría papá de esto?”. Cada uno tiene sus referentes, y ayudan mucho en la vida.
P.- ¿Cómo transmitir el horror de las guerras a quienes no las vivieron?
R.- Nadie aprende en cabeza ajena. El horror de la Guerra Civil y de la II Guerra Mundial nos hizo decir durante mucho tiempo: “Esto nunca más”. Ahora hay jóvenes de extrema derecha y de extrema izquierda que sienten nostalgia de lo no vivido. Me parece peligrosísimo. (…)
P.- ¿Qué lugar ocupa Dios en su vida?
R.- Llevo toda mi vida persiguiendo a Dios. Me veo reflejada en esos versos de san Juan de la Cruz: “Volé tan alto, tan alto, que le di a la caza alcance”. A través del misticismo, él llega a Dios de alguna manera. Yo llevo toda mi vida intentando darle a la caza alcance. A veces, he sentido que lo conseguía; luego volvía a escapárseme y tenía que buscarlo otra vez. Es fundamental en mi vida: siempre he tenido inquietudes espirituales y he estado en esa búsqueda.