El ministro, cofrade del Descendimiento de Valladolidm anunció ayer su salida tras comparecer en el Congreso por el accidente que causó 69 muertos en Urda
El ministro de Transportes, Óscar Puente, durante el minuto de silencio antes de su comparecencia en la Diputación Permanente del Congreso. Foto: EFE
El ministro de Transportes, Óscar Puente, anunció este martes 3 de noviembre su dimisión al final de su comparecencia ante la Diputación Permanente del Congreso de los Diputados. Comparecía por el accidente ferroviario de Urda (Toledo), ocurrido el pasado28 de octubre y con 69 fallecidos.
Puente, que ha hecho pública su condición de católico en otras ocasiones, explicó que la decisión es una “cuestión de dignidad política, coherencia y empatía con las víctimas”. Hace seis años, entonces alcalde de Valladolid, ya había explicado a Vida Nueva cómo vivía su fe desde la izquierda.
En su comparecencia, el ministro afirmó que un titular de Transportes “no puede continuar en su cargo” tras dos accidentes de esta gravedad: Urda y el de Adamuz, en enero, con 46 muertos. Aseguró que tomó la decisión en los primeros minutos tras la tragedia y que la hizo pública cuando lo más urgente estuvo atendido. “No hay que hacer ningún drama; el drama es el de las víctimas”, dijo.
También renuncia a ser candidato del PSOE por Valladolid en las elecciones del 29 de noviembre. Aunque no hará campaña ni será diputado, seguirá figurando como número uno de la lista, porque las candidaturas publicadas en el BOE no pueden modificarse. Puente solo avisó a Pedro Sánchez minutos antes de anunciarlo, según fuentes de Moncloa. Esa misma mañana, cercanos al presidente habían descartado una dimisión.
Sánchez le agradeció su trabajo en la red social X y dijo que “dignifica a nuestro país”. El PP le reprochó que “no debería haber sido nunca ministro”. Vox anunció que impulsará su responsabilidad penal y abandonó la sesión. El PNV, que había pedido su dimisión, reconoció que su gestión fue “eficiente y eficaz” pero que “le toca dimitir”.
En la entrevista a Vida Nueva, publicada el 5 de enero de 2020, Puente (Valladolid, 1968) se presenta como casado, padre de dos hijas y miembro de la cofradía del Descendimiento.
La revista lo presentó en un número especial sobre el laicado como un político que se sabe “católico y socialista. O a la inversa, sin que el orden altere el producto”. Añadió que en su caso no había “esquizofrenia ideológica y espiritual”.
Preguntado por el director de la publicación, José Beltrán, por la sensación de “agente doble” de los políticos cristianos, que resultan sospechosos en sus partidos y miran de reojo en las parroquias, Puente respondió que se siente “un pez fuera del agua en demasiadas situaciones”.
Dijo que en el PSOE hay “un respeto muy grande por las creencias religiosas”, pero que en los pronunciamientos públicos más claros “puedes llegar a resultar un extraño, incluso una nota discordante”. Y añadió: “Ser un político de izquierdas que lleva a sus hijas a catequesis y participa en la eucaristía hace que te miren como un bicho raro”. Aclaró que los comentarios no le preocupaban mucho, porque “siempre intento hacer las cosas como las veo y creo”.
Sobre la tentación de la Iglesia de identificarse con una única opción política, fue tajante: “El abrazo de la Iglesia a determinadas opciones políticas es un error”. Y precisó: “No se puede condenar a partidos que tienen un contenido social cercano al Evangelio porque no compartan posiciones sobre la eutanasia o el aborto”.
También criticó la postura contraria. Considera “un error que determinadas formaciones políticas demonicen a la Iglesia, olvidándose de su compromiso social y de su pluralidad”. En su opinión, “no se puede calificar a la Iglesia y a todos los católicos en función de los pronunciamientos de dos o tres dirigentes eclesiásticos”. Dijo que “muchas veces se toma el todo por la parte”.
Puente habló de “casi una amistad entrañable” con Luis Argüello, entonces obispo auxiliar de Valladolid y secretario general de la Conferencia Episcopal Española, hoy su presidente. Sobre el arzobispo, Ricardo Blázquez, recordó que “fueron curiosos nuestros primeros pasos”. Cuando llegó a Valladolid, él estaba en la oposición municipal y le pidió una audiencia.
El prelado le respondió que le recibiría encantado, pero que esperase a ver si el alcalde y el presidente de la Diputación daban el paso. Esa anécdota, dijo, fue “el punto de partida” de una relación de “confianza y cordialidad”, y aseguró que “nunca ha habido la más mínima fricción”.
Como ejemplo de convivencia, citó el cambio de pautas en el Día de Todos los Santos, al que acuden representantes de todos los grupos municipales junto al arzobispo. Sobre su presencia en las procesiones, explicó que gobierna “para todos los ciudadanos”: a los que creen, “independientemente de mis creencias, les acompaño en sus costumbres”. Y “para los que no creen, no es ningún estorbo que encabece una procesión”. El resultado, dijo, “es una ciudad que convive de forma armoniosa”.
Sobre si faltan líderes cristianos en la vida pública, Puente respondió que “en la Iglesia faltaba Francisco”. Esperaba que se le diera continuidad para que la Iglesia recuperase “parte de su presencia social y capacidad de influir en la gente”. Para él, el Papa “no ha quebrado su relación con determinadas sensibilidades dentro de la Iglesia, pero se ha abierto a grupos que se sentían desamparados”.