Refugiados etíopes en Moyale, Kenia. Foto: EFE
La situación es cada vez más complicada en Etiopía después de que, en septiembre, el Frente Popular de Liberación de Tigray (TPLF, por sus siglas en inglés) reanudara su enfrentamiento con el Gobierno central, encabezado por el primer ministro, Abiy Ahmed.
Y mucho más desde que este grupo, considerado “terrorista” por el Ejecutivo, haya constituido el bloque conocido como Tsimido, integrando a las milicias amhara Fano y al Ejército de Liberación Oromo (OLA), a los que une su oposición a Ahmed.
Se ha retrocedido a lo que ya se vivió entre 2020 y 2022, cuando una brutal guerra civil entre la Administración y el TPLF causó 150.000 muertos, más de 400.000 afectados por la desnutrición y 2,5 millones de desplazados y refugiados, de los siete millones de habitantes que llegó a tener la zona.
La crisis es tal que, este 3 de noviembre, Tsimido asegura haber tomado la ciudad de Aksum, al norte del país africano, dejando tras de sí un rastro de horror: 500 soldados gubernamentales y más de 800 heridos. Como detalla Europa Press, no hay confirmación del Ejecutivo, que se mantiene en silencio.
De confirmarse, esta matanza se uniría a la que se produjo una semana antes, cuando los rebeldes arrasaron varias aldeas de los distritos de Merti y Shirka, en la región de Oromía, y, con una crueldad inusitada, asesinaron a sangre fría a 60 cristianos ortodoxos, incluidos numerosos ancianos y niños.
Consternada por tales crímenes, la Conferencia de Obispos Católicos de Etiopía (CBCE) ha publicado un mensaje donde expresa su “profundo dolor y preocupación”. Ante lo sucedido en Oromia, donde se produjo “el trágico asesinato de fieles cristianos”, se abraza a la Iglesia Ortodoxa Etíope Tewahedo y al Consejo Interreligioso (IRC) y se califica tales matanzas de “inhumanas”.
Del mismo modo, el Episcopado insta al Gobierno a “adoptar las medidas necesarias para garantizar la paz y la seguridad de sus ciudadanos”. En un momento tan difícil para el conjunto del país, se apela a la esperanza para “todos los etíopes y las familias en duelo”, rogando para estas últimas que “el Todopoderoso les conceda verdadero consuelo y fortaleza”.
Como comparte Vatican News, también ha expresado su dolor el Santo Sínodo de la Iglesia ortodoxa etíope Tewahedo. Lo hizo a las pocas horas de registrarse los ataques en Oromia, cuando los rebeldes llevaron a cabo actos “totalmente inaceptables según las enseñanzas de cualquier religión e incompatibles con los derechos humanos de toda persona”.
En definitiva, tal violencia desatada “viola los derechos constitucionales a la libertad religiosa y a la vida, contradice tanto los principios religiosos como la ley natural, socava nuestros valores nacionales de convivencia pacífica y respeto mutuo y constituye actos inhumanos que merecen una condena inequívoca”.
Para “preservar la convivencia pacífica e impedir que se repitan tragedias similares”, es tarea del Gobierno central “proteger nuestros derechos a la vida y a la libertad de culto, garantizados por la Constitución, para impedir que se repitan tales barbaridades, cumpliendo así con sus responsabilidades”.
Como lamenta la Iglesia ortodoxa, ya “en repetidas ocasiones” trasladó esta preocupación por la inseguridad latente a las autoridades, pero, como se ha comprobado trágicamente ahora, no se adoptó ninguna medida.
También se ha posicionado Baselios Marthoma Mathews III, actual Catolicós de Oriente y metropolitano de la Iglesia ortodoxa sirio-malankara. “Condeno sin reservas esta violencia atroz. Acabar con vidas humanas inocentes constituye una grave violación de la sacralidad de la vida, de la dignidad humana, de la libertad religiosa y de los principios fundamentales de la convivencia pacífica”, ha lamentado.