El presidente del Episcopado argentino llamó a permanecer profundamente humanos frente a los desafíos de la inteligencia artificial y la transformación tecnológica
En la sede de la Universidad Católica Argentina, se realizó el Encuentro Internacional “El papa León XIV en América Latina”, con el apoyo de distintas organizaciones: la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), la Universidad Católica Argentina (UCA), el arzobispado de Buenos Aires, el Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM) y la Conferencia Episcopal Argentina (CEA).
En este espacio de diálogo multisectorial sobre los desafíos regionales y el pensamiento del Papa a la luz de la encíclica Magnifica Humanitas, estuvo presente el arzobispo de Mendoza y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, Marcelo Colombo, quien destacó el valor de generar espacios de diálogo en un contexto de creciente polarización. “En tiempos de tanta polarización, eso ya es una buena noticia”, señaló.
El arzobispo retomó las tres preguntas que atravesaron las conversaciones del encuentro, y tienen una misma raíz: “qué es lo que nos hace humanos”:
El titular del Episcopado citó la encíclica y su llamado a permanecer profundamente humanos en tiempos de inteligencia artificial. Subrayó especialmente el sentido del verbo permanecer, entendido como la decisión de quedarse allí donde lo humano está en juego.
“Hoy hemos recordado desde distintas perspectivas una verdad fundamental: no somos datos, somos hermanos”, expresó. En ese sentido, advirtió sobre el riesgo de reducir a las personas a perfiles, puntajes o costos, olvidando las historias concretas que hay detrás de cada indicador: jóvenes que no consiguen su primer empleo, mujeres que sostienen las tareas de cuidado y jubilados que no pueden afrontar el costo de sus medicamentos.
Asimismo, recordó que la innovación debe someterse a una pregunta decisiva: qué técnica contribuye a hacernos más humanos y más hermanos.
“Detrás de cada indicador hay una historia: un joven que no consigue su primer trabajo, una mujer que cuida a su familia sin descanso, un jubilado al que no le alcanza para los remedios. Es la tentación de Babel, hoy con rostro digital: creer que todo, incluso la persona, cabe en una planilla”, aseveró el arzobispo.
El desarrollo tecnológico, sostuvo, constituye un progreso auténtico cuando está orientado al desarrollo integral de todo el hombre y de todos los hombres, en línea con la enseñanza de san Pablo VI en Populorum Progressio.
El Encuentro Internacional “El papa León XIV en América Latina” se realizó en la sede de Buenos Aires de la Universidad Católica Argentina
Asimismo, Colombo propuso la imagen de las manos para destacar aquello que ninguna tecnología puede reemplazar: la cercanía, el cuidado y el encuentro con quien sufre. “Un algoritmo puede calcular, procesar y simular, pero no tiene manos para acariciar al que sufre ni pies para salir al encuentro”, afirmó.
Aclaró que la Iglesia no plantea una confrontación con la tecnología, porque esta no es enemiga de la persona. Sin embargo, tampoco es neutral: lleva la marca de quienes deciden cómo se diseña, quién la financia y con qué finalidad se utiliza.
En esta perspectiva, señaló que la reconstrucción de la Argentina y de la patria grande latinoamericana requiere manos que se estrechen y no solamente dedos que deslicen pantallas. Para ilustrar este compromiso, evocó el relato bíblico de Nehemías sobre la reconstrucción de Jerusalén, donde cada familia asumió la responsabilidad de levantar el tramo de muralla que tenía frente a su casa.
A partir de esa imagen, invitó a cada institución (universidades, empresas, sindicatos, gobiernos y parroquias) a preguntarse cuál es la parte de esa tarea que le corresponde asumir, y qué responsabilidad concreta tiene cada persona.
Finalmente, el arzobispo vinculó las reflexiones del encuentro con la próxima visita del papa León XIV a Uruguay, Argentina y Perú, un viaje que, afirmó, involucra a tres pueblos hermanos y tiene una dimensión latinoamericana.
Al referirse a la agenda prevista en la Argentina, destacó los encuentros del Pontífice con el mundo del trabajo, su visita al Pequeño Cottolengo Don Orione y a personas privadas de libertad, el encuentro con los jóvenes y el diálogo con líderes cristianos y de otras tradiciones religiosas. Para Colombo, estos espacios expresan los ejes de trabajo, cuidado y fraternidad que atravesaron la jornada.
“El lema de la visita nos dice cómo vivirla: ‘Bienvenidos todos, vayan y anuncien’”, recordó. Interpretó la primera parte como una invitación a abrir las puertas, las mesas y las instituciones para que nadie quede afuera, y la segunda como un llamado a salir al encuentro de los demás.
Finalmente, reiteró que la visita del Pontífice no debe entenderse como una meta en sí misma, sino como el comienzo de un compromiso renovado. “Esta visita no es un punto de llegada, sino de partida”, concluyó, invitando a vivirla con las manos abiertas y los pies dispuestos a salir al encuentro.