España

León XIV felicita a Rouco por sus 50 años de obispo: “Ha cumplido dignamente sus deberes”

| 01/11/2026 - 00:02

El cardenal Cobo entregó la primera Medalla Honorífica de la archidiócesis al purpurado que guio la Iglesia en Madrid durante 20 años





“Ha cumplido dignamente sus deberes en la caridad y en la obediencia”. Con estas palabras recordó el papa León XIV al cardenal Antonio María Rouco Varela en el mensaje que le envió con motivo de sus 50 años de episcopado. El texto fue leído en la catedral de Santa María la Real de la Almudena por el nuncio apostólico, Piero Pioppo, durante la misa de acción de gracias que llenó este sábado, 31 de octubre, el templo.



El pontífice se congratula “por el feliz acontecimiento, teniendo presente su larga misión pastoral en las comunidades eclesiales que le fueron confiadas, y su diligente labor ejercida con esmero en la Conferencia Episcopal Española y en los diversos dicasterios de la Sede Apostólica”. Y reconoce “su solicitud y fidelidad en la comunión de la Santa Iglesia”. León XIV le desea “todo lo mejor, intercediendo a la Bienaventurada Virgen María, e implorando los dones celestiales por medio de Nuestra Bendición Apostólica”.

Una catedral “familiar” para el cardenal

Al acto asistieron más de una veintena de cardenales y obispos, entre ellos el nuncio, el presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, y todos los obispos de la archidiócesis de Madrid (titulares, eméritos y electos). También concelebraron más de 150 sacerdotes y acudieron religiosos, seminaristas y laicos.

La monición de entrada definió al homenajeado como “quien guio los pasos de nuestra archidiócesis como pastor fiel durante dos décadas”. La celebración sirvió para “depositar en las manos del Señor toda una vida entregada al ministerio: sus desvelos, sus trabajos y las profundas alegrías compartidas en nuestra Iglesia”, según informó la propia diócesis.

Rouco Varela, de 90 años, recibió la ordenación episcopal el 31 de octubre de 1976 en la catedral de Santiago de Compostela como obispo auxiliar. En 1984 fue nombrado arzobispo de esa sede y en 1994 pasó a Madrid, donde permaneció hasta 2014. Fue creado cardenal en 1998 y presidió la Conferencia Episcopal durante doce años, entre 1999 y 2005 y entre 2008 y 2014. En ese periodo acogió a Benedicto XVI en la Jornada Mundial de la Juventud de 2011.

“Querer ser santos o no quererlo”

En su homilía, el cardenal saludó al actual arzobispo de Madrid, José Cobo, y tuvo un recuerdo para las víctimas del accidente ferroviario de Urda y sus familiares. Agradeció su presencia a los obispos, sacerdotes y fieles, a quienes quiso “testimoniarles en este saludo cordialísimo mi gratitud por su cercanía espiritual, su constante apoyo y su amistad”.

Después repasó a los papas de sus cinco décadas como obispo: “San Pablo VI, que me nombró obispo auxiliar de Santiago de Compostela; san Juan Pablo II, al que debo una confianza personal y pastoral conmovedora e inmerecida en los años de arzobispo de la archidiócesis de Santiago de Compostela y de arzobispo de Madrid; Benedicto XVI, que me regaló una delicadísima amistad que me fue tan valiosa en situaciones eclesiales muy difíciles; el papa Francisco en el tiempo de arzobispo emérito de Madrid y el actual Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia Universal, extraordinariamente bondadoso y amable con mi humilde persona”.

El cardenal afirmó que “de lo que se trata en la vida es de querer ser santos o no quererlo, de intentarlo o de dejarlo”, y planteó que el ministerio se mire a partir de tres preguntas: si fue “sin miedo” adonde el Señor lo envió, si predicó “a Jesucristo y no a mí mismo” y si se dejó lavar los pies y los lavó a los demás. Al hablar de la eucaristía, recordó con Benedicto XVI que es “ágape”, el sacramento de la caridad.

Además, repasó su vida desde su familia y el Seminario de Mondoñedo y concluyó: “¡Gracias a todos desde lo más hondo del alma!”. Recordó también el mensaje de León XIV al presbiterio de Madrid en la asamblea ‘Convivium’, que invitaba a seguir el consejo de san Juan de Ávila para que los sacerdotes sean santos. Por último, encomendó a todos a Santa María de la Almudena y al Señor Santiago, patrón de España.

El cardenal Cobo felicitó a Rouco “en nombre de toda la Archidiócesis de Madrid y en el suyo propio” por sus cincuenta años de ministerio, sembrando en Madrid durante veinte años “de una forma singular”. Le entregó, bajo el manto de la Almudena, la Medalla Honorífica de la archidiócesis, cuya primera edición se concede al purpurado, “con nuestro compromiso de seguir rezando y trabajando por el Reino de Dios”. En el futuro se entregará a quienes guarden un vínculo intenso con la Virgen. Los presentes respondieron con una caluroso aplauso.

El cardenal Cobo abraza al cardenal Rouco. Foto: Jorge Ruiz (Archidiócesis de Madrid)

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