Una encuesta realizada en Alemania, Austria y Suiza revela que el 80% de los jóvenes de San Pío X llegó a la “tradición católica” a través de sus padres, más del 90% cree que “solo hay una religión verdadera” y el 72% rechaza rezar con miembros de otras religiones
Consagración episcopal ilícita organizada por la Fraternidad Sacerdotal San Pío X en Ecône (Suiza). Foto: EFE
La fe se hereda en casa, la misa forma parte de la rutina semanal y las convicciones religiosas apenas se consideran negociables. Una nueva investigación, recogida por Katholisch, ofrece por primera vez datos sobre los jóvenes vinculados a la Sociedad de San Pío X en Alemania, Austria y Suiza y dibuja un perfil marcado por una religiosidad muy elevada y una fuerte continuidad con las creencias familiares.
Los resultados han sido publicados en el número de noviembre de Herder Korrespondenz por el sociólogo de la religión Michael Ebertz y la teóloga Ramona Kordesch. La encuesta se realizó en mayo de 2026 entre alrededor de un millar de jóvenes y adultos jóvenes vinculados a actividades de pastoral juvenil, escuelas y grupos relacionados con la Sociedad. La tasa de respuesta fue del 28%.
Los autores no aportan información sobre quién encargó el estudio ni sobre sus organizadores, un dato que limita el contexto metodológico de la investigación. Aun así, los resultados permiten acercarse a un grupo sobre el que hasta ahora apenas existían datos empíricos.
Una de las conclusiones más claras afecta a la transmisión de la fe. El 80% de los encuestados asegura haber llegado a la “tradición católica” a través de sus padres, mientras que solo el 9% señala como principal vía las amistades o los contactos establecidos en redes sociales.
Para Ebertz y Kordesch, esto significa que estos jóvenes buscan sus referencias principalmente dentro de la propia familia y en los modelos recibidos de generaciones anteriores. “No es lo nuevo lo que se considera prometedor, sino lo probado y comprobado. No es la ruptura con los orígenes lo que promete identidad, sino su continuidad y perpetuación”, señalan.
Los investigadores consideran que esta forma de incorporación se diferencia de los mecanismos habitualmente asociados a las sectas. “La mayoría de las personas ingresan a estas formaciones religiosas mediante el bautismo infantil”, explican, frente a un “ingreso ritual a través de un acto de confesión y conversión en la edad adulta”.
La pertenencia a esta comunidad no está exenta de conflicto con el entorno. Casi el 85% de los participantes afirma haberse enfrentado en algún momento a juicios negativos por su afiliación religiosa. La crítica más habitual es precisamente la de pertenecer a una secta, algo que asegura haber experimentado el 39% de los encuestados. Un 9%, por su parte, afirma haber recibido acusaciones relacionadas con actitudes antisemitas.
Ante su condición de minoría religiosa, los investigadores identifican diferentes respuestas posibles: intentar imponer las propias ideas en la sociedad, negociar con la mayoría, adaptarse o reforzar las propias posiciones. La adaptación es prácticamente descartada por los participantes. El diálogo aparece como una posibilidad limitada, especialmente porque las cuestiones relacionadas con la fe y las creencias son consideradas innegociables.
Casi todos los participantes aseguran acudir al menos una vez por semana a la misa celebrada según la forma anterior al Concilio Vaticano II. Más de tres cuartas partes son clasificados por los investigadores como “muy religiosos” y otro 23% como “religiosos”. Más del 90% está de acuerdo con la afirmación de que “solo hay una religión verdadera”. Además, alrededor del 85% considera que su propia religión tiene razón en materia religiosa y que las demás están equivocadas.
La distancia aparece también en las relaciones interreligiosas: el 72% rechaza la oración conjunta con miembros de otras religiones. Ebertz y Kordesch resumen estos resultados como una tendencia opuesta a la pérdida de afiliación religiosa de la sociedad mayoritaria. “En estos círculos, se puede demostrar de manera consistente una práctica religiosa vibrante y regular, que evidentemente no requiere ningún esfuerzo especial, sino que corresponde más bien a una fuerte orientación de valores como algo natural”, sostienen.
Consagración episcopal ilícita organizada por la Fraternidad Sacerdotal San Pío X en Ecône (Suiza). Foto: EFE
La investigación analiza también cómo entienden estos jóvenes el sacerdocio. Para la mayoría, su función principal está relacionada con la atención pastoral, mientras que el 41% considera fundamental su papel como mediador entre Dios y la humanidad.
Una cuarta parte ve al sacerdote como modelo y figura de autoridad. Menos del 10%, en cambio, lo considera un amigo. Para los investigadores, los datos apuntan a “un ámbito religioso estructurado de forma consistentemente vertical, no horizontal, basado en la igualdad, donde el sacerdote se sitúa por encima de los fieles, no a su lado ni por debajo”.
El estudio detecta finalmente una tensión sobre cómo relacionarse con una sociedad cuyas convicciones se alejan cada vez más de las propias. Una de las posibles estrategias sería intentar trasladar la visión del grupo al conjunto de la sociedad. Ebertz y Kordesch califican esta opción como “en gran medida irrealista” y la relacionan con una posición integralista que pretende presentar la propia interpretación de la realidad como vinculante también para la mayoría.
Sin embargo, los propios investigadores señalan que las posibilidades de imponer ese modelo son reducidas incluso dentro de la Iglesia. De ahí que, entre los jóvenes vinculados a la Sociedad de San Pío X, la principal tensión se sitúe actualmente entre negociar su lugar en una sociedad plural o reforzar unas convicciones que consideran no negociables.