El Papa ha recordado este domingo que la fe no puede reducirse al cumplimiento y ha reclamado una relación personal con Dios que se traduzca en amor al prójimo
León XIV reza el ángelus con los fieles. Foto: EFE
“Sin él, nuestra fe se vería privada de su contenido, nuestras buenas obras se reducirían a moralismo, nuestra esperanza sería vana”. León XIV ha situado este domingo el amor en el centro de la vida cristiana y ha advertido de que la fe pierde su sentido cuando queda reducida al cumplimiento o a una sucesión de buenas acciones desconectadas de una relación personal con Dios.
Durante el rezo del ángelus en la plaza de San Pedro, el Papa ha comentado el pasaje del Evangelio de Mateo en el que un doctor de la Ley pregunta a Jesús cuál es el mandamiento más importante. La respuesta une dos exigencias: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas” y “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
En este sentido, León XIV ha insistido en que “no es suficiente saber que Dios existe, que es único o que es omnipotente; el Señor nos pide una relación personal: el único y verdadero Dios quiere ser nuestro Dios“.
“El mandamiento del amor no es una obligación ni una imposición. No se puede amar ‘por mandato'”, ha continuado el Papa, subrayando que el amor a Dios nace de una relación en la que la iniciativa no parte únicamente del creyente. “Nuestro amor puede ser auténtico cuando es respuesta a su amor, que siempre nos precede”, ha explicado. De ahí, ha añadido, que la respuesta cristiana implique a toda la persona: “corazón, alma y mente”.
“De la relación íntima con Dios somos capaces de mirarnos a nosotros mismos y al prójimo con la misma mirada de Cristo”, ha señalado. Así, ha añadido, “se vence el egoísmo y también el amor por uno mismo se hace caridad; nuestra existencia se dirige hacia el otro y se hace don para quien está a nuestro lado”.
“No podemos amar verdaderamente a Dios sin que ese amor se desborde hacia los hermanos y las hermanas”, ha apostillado el pontífice. Y es que “solo el amor puede hacer actuar a los miembros de la Iglesia; si este amor llegara a apagarse, ya no se anunciaría más el Evangelio”, ha citado.
Sin amor, ha señalado, “nuestra fe se vería privada de su contenido, nuestras buenas obras se reducirían a moralismo, nuestra esperanza sería vana”. “No podemos amar realmente a nuestro prójimo sino como hijos de un mismo Padre que nos amó primero en su Hijo Jesús”, ha afirmado León XIV.
Finalmente, ha pedido “la gracia de un corazón nuevo, capaz de acoger y de vivir el gran mandamiento”, antes de encomendar a los presentes a la intercesión de la Virgen María.