Entrevistas

Sebastià Aupí: “El Papa puede reconfortar a muchos enfermos desbordados por la palabra ‘cáncer’”

| 23/10/2026 - 06:20





Sebastià Aupí es el delegado de Pastoral de la Salud de la diócesis de Girona. Allí es capellán del Hospital Universitario Doctor Josep Trueta y del Hospital Santa Caterina, además de ser el párroco de 32 pueblos. Ante la enfermedad del Papa, el presbítero, perteneciente a la Asociación de Sacerdotes del Prado, comparte con ‘Vida Nueva’ su misión, que no es otra que ser “unos oídos que acogen, escuchan y acompañan”.



PREGUNTA.- La imagen de un Papa que experimenta la enfermedad, ¿le ayuda a la hora de entrar en una habitación de hospital?

RESPUESTA.- Cuando vi el anuncio de que el Papa estaba enfermo, me vino a la cabeza la experiencia que compartí con mi propio ex obispo, Francesc Pardo. Cuando le diagnosticaron cáncer, me pidió que lo asistiera religiosamente en el hospital. Fue una experiencia muy bonita, porque descubrimos que, en el fondo, éramos hermanos. Yo era el capellán y él, el obispo, pero compartíamos la misma fe, las mismas preocupaciones y las mismas esperanzas.

Mi primer pensamiento al conocer la enfermedad de León XIV fue que un Papa enfermo puede ayudarnos a todos. Sobre todo, nos da la oportunidad de escuchar sus palabras desde la experiencia. La enfermedad del Papa puede reconfortar a muchos enfermos, y también ayudar a sus familiares, que en estos momentos pueden sentirse desbordados por la palabra cáncer o por la propia enfermedad.

Acompañas su humanidad

P.- Cuando acompañó a su obispo, ¿lo hizo de una manera diferente por tratarse de su pastor?

R.- Hay que ser sinceros: las palabras obispo y Papa impresionan. Sin embargo, cuando acompañamos desde el corazón, se abre una confianza que permite despojarse de esa impresión inicial. Tenemos la suerte de que en nuestras capillas vemos a Jesucristo despojado. Cuando contemplamos a Jesús en la cruz, vemos a alguien que no tiene ninguna pretensión: queda su humanidad, y basta.

Sebastià Aupí, delegado de Pastoral de la Salud de la diócesis de Girona. Foto: Obispado de Girona

Cuando descubres esa humanidad en el obispo o en una persona importante, se crea una complicidad que facilita el acompañamiento. El cargo deja de impresionarte tanto y lo que te ocupa es que esa persona esté bien asistida. En ese acompañamiento, tu escucha debe ser honesta. Se trata de que la persona se sienta querida en todo su ser, no de que sea considerada únicamente como una parte enferma.

P.- ¿Qué significa para usted acompañar a un enfermo?

R.- Acompañar es vivir la espiritualidad del buen samaritano. Estás en el hospital, ves una necesidad e intentas, junto con los demás profesionales y con la familia, contribuir a sanar esa situación de la mejor manera posible, respetando siempre las necesidades de la persona enferma.

El momento del fallecimiento

P.- ¿Cómo puede la pastoral de la salud evitar que la esperanza cristiana sea vista como una especie de placebo?

R.- La esperanza cristiana difícilmente puede ser un placebo. Es muy realista: no engaña, sino que consuela. Un placebo podría hacerte creer en algo que no es real. Cuando estás en un proceso final de vida o atraviesas una situación de gran fragilidad, vas perdiendo capacidades y empiezas a experimentar más el peso de tus debilidades que el de tus fortalezas. En esos momentos, la esperanza cristiana nos ayuda, ante todo, a no olvidarnos de que somos hermanos.

Nos recuerda que todos somos hijos de Dios, que somos queridos. Aunque hayamos perdido fuerzas, seguimos viviendo y compartiendo la solidaridad de muchas personas que quizá antes ni siquiera conocíamos y que ahora comparten su vida con nosotros, preocupándose únicamente por nuestro bien. Cuando llega el momento del fallecimiento, la esperanza en ese cielo, en el Reino del Padre que todos tenemos prometido, también puede ayudarnos.

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