El Presidente del Episcopado señaló que es urgente dejar de ser “destinatarios de beneficios gubernamentales o de potencias extranjeras”
Obispos venezolanos abren 126 asamblea. Foto: CEV
La Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) ha arrancado su 126 Asamblea Ordinaria Plenaria este 19 de octubre, en Caracas, con la que buscan reflexionar sobre el caminar de la Iglesia y los desafíos pastorales del país.
Jesús González de Zárate, arzobispo de Valencia y presidente de la CEV, en su discurso de apertura ha destacado el compromiso de la Iglesia de acompañar al pueblo venezolano en sus anhelos y dificultades.
Señaló que esta plenaria tendrá “un tinte sinodal”, porque profundizarán en las etapas del camino sinodal de cara a la Asamblea eclesial mundial de 2028. Además dedicarán una sesión a la preparación de la III Asamblea Nacional de Pastoral.
Esta es una experiencia concreta de sinodalidad, surgida a partir del Concilio Plenario de Venezuela (1998), pautada para finales de 2027. También explicó que someterán a votación definitiva el Plan Trienal 2026-2029.
Estudiarán las líneas guías para la realización y organización de la Catequesis. González señaló que abordarán la experiencia de las iglesias diocesanas más golpeadas por los sismos del pasado 24 de junio, atendidas por Cáritas y el conjunto de la Red de acción social de la Iglesia.
El presidente del Episcopado, saltándose el protocolo, compartió algunas consideraciones en torno a los hechos ocurridos el 3 de enero de este año con la captura de Nicolás Maduro y el consiguiente cambio de dinámica política.
Lamentó que el 3E fue producto de no encontrar un “camino de actuación común” a pesar de que los venezolanos buscaron por todos los medios una solución: elecciones, protestas pacíficas, intentos de diálogo, mediación.
Por todas estas condiciones “tuvo que intervenir un agente externo”. Aunque para muchos la captura de Maduro representó un motivo de esperanza, “esas expectativas se han ido diluyendo” al no lograrse mejores condiciones económicas ni la transición hacia la democracia.
Por esa razón, “la Iglesia sostenida en la fe y la esperanza, e impulsada por el imperativo de la caridad cristiana, debe hacerse eco del deseo generalizado del pueblo venezolano a vivir en un país en que todos nos sintamos reconocidos como ciudadanos con iguales condiciones y oportunidades”.
En este sentido, es urgente dejar de ser “destinatarios de beneficios gubernamentales o de potencias extranjeras” para convertirnos en “agentes en la construcción de nuestro destino”.