La Iglesia castellana abre un proceso de escucha y diálogo de un año para activar una reestructuración pastoral y territorial
Asamblea sinodal de Valladolid. Foto: ArchiValladolid
Valladolid ha activado el ‘mood’ asamblea. Desde este sábado y hasta noviembre de 2027, la Archidiócesis busca llevar a cabo algo más que una puesta a punto estructural. Bajo el lema ‘Sal y anuncia la alegría, en comunión’, el presidente del Episcopado y arzobispo vallisoletano, Luis Argüello, ha convocado un proceso sinodal, que incluye una fase parroquial, arciprestal y diocesana de escucha y diálogo, con los consejos pastorales como principal cauce de participación y la conversación en el Espíritu como eje. Se busca esbozar el horizonte pastoral de la Iglesia en Valladolid para la próxima década, con la sinodalidad y la unidad en la diversidad como claves eclesiológicas.
La clausura tendrá lugar dentro de un año e incluirá una gran asamblea en la que se votarán las conclusiones de todo este itinerario participativo. El horizonte está fijado en 2033, cuando se celebrará el jubileo de la Redención y se cumplirán 300 años de la Gran Promesa del Corazón de Jesús al beato Bernardo Francisco de Hoyos.
El pasado abril se abrió una consulta a la comunidad diocesana y, durante el verano, se constituyó el equipo motor. El clero celebró una primera jornada de motivación los días 31 de agosto y 1 de septiembre. El proceso arrancó el sábado 3 de octubre en el Seminario Diocesano, con una jornada de trabajo que culminó con la celebración de la misa.
“¿Nuestra Asamblea tendrá éxito?”, se preguntó Argüello en la homilía. “Quiera Dios que sea fecunda”, añadió a continuación, remitiéndose a la carta pastoral que servirá de guía durante todo este año. En el escrito, defiende la necesidad de aplicar el Concilio Vaticano II, aunque reconoce que su proceso de acogida “es lento” en medio del “vértigo de los grandes cambios demográficos, sociales, económicos y políticos”.
Para ello, el arzobispo pone sobre el terreno de juego cuestiones no menores, como la renovación de la iniciación cristiana, con la mirada puesta en la catequesis de adultos. También quiere poner el foco en la necesidad de promover grupos de vida que generen comunidades cristianas de referencia.
Asimismo, llama a estudiar una reorganización territorial que aborde asuntos como la distribución de las unidades pastorales, la coordinación de las parroquias y lo que Argüello denomina “corresponsabilidad diferenciada”. “Los laicos habéis de dar un paso adelante asumiendo una participación mayor en toda la vida de la Iglesia. Los presbíteros han de promover esta participación de los laicos, de todos, en la comunión y misión de la Iglesia”, se lee en la carta.
De puertas afuera, plantea el compromiso público de la fe en la sociedad, incluida su dimensión política. En paralelo, se propone una asamblea sectorial centrada en la realidad sociocaritativa. “Es necesario que las cosas funcionen, que Cáritas, la pastoral de la salud, la pastoral obrera y penitenciaria, la pastoral en los diversos ambientes e instituciones, la universidad y la vida pública sean cauces concretos para llevar el amor del Señor”, escribe Argüello.
La escucha en este tiempo se ampliará con otra herramienta: un estudio demoscópico para recabar la opinión de los vallisoletanos sobre la Iglesia. Además, en febrero se llevará a cabo un ensayo misionero en ciudades y pueblos, con una jornada de puertas abiertas en las parroquias.