Su lema ‘La escuela sembradora de esperanza. Tejiendo redes para una convivencia integral y humanizadora’ articuló el intercambio del Congreso Nacional
Cerca de 300 directivos y docentes de colegios católicos de 14 diócesis del país llegaron hasta la Casa Central de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), para participar en el Congreso Nacional de Educación Católica, convocado con el lema “La escuela sembradora de esperanza. Tejiendo redes para una convivencia integral y humanizadora”.
El encuentro fue una experiencia formativa, de diálogo y reflexión orientada a renovar la vocación del educador católico, fortalecer su interioridad, guiar el uso ético de la inteligencia artificial y comprometer su labor en la construcción de una paz desarmada y desarmante.
La primera jornada estuvo marcada por las ponencias del obispo Alberto Lorenzelli, presidente del Área de Educación de la Conferencia Episcopal de Chile (CECh) y de Alejandro Nato, presidente del Centro Internacional para el Estudio de la Democracia y la Paz Social. Esa reflexión culminó con el panel “Tejiendo redes para una convivencia integral y humanizadora”.
El segundo día, tres ponencias simultáneas abordaron distintos desafíos de la educación actual: “La escuela como artesana de la paz”, a cargo de Rodrigo Mayorga; “El fundamento de la vocación y el sentido”, presentada por Verónica López; y “La persona por encima del algoritmo digital”, de Eugenio Severín. A continuación, estos contenidos fueron profundizados en talleres.
Un momento central fue la mesa redonda “Habitar el presente: caminos para una escuela que humaniza”, moderada por la Dra. Loreto Moya, decana de la Facultad Eclesiástica de Teología de la PUCV. El panel permitió integrar las distintas perspectivas del Congreso frente a una realidad marcada por la aceleración cultural, la fragmentación social y el avance de las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial.
Directivos y docentes participan del Congreso Nacional de Educación Católica en Valparaíso. Foto: PUCV
Ese segundo día se inició con una Eucaristía, presidida por el obispo auxiliar de Santiago y presidente del Área de Educación de la CECh, Alberto Lorenzelli, quien destacó en su homilía que la educación no es simplemente una tarea, sino una misión de siembra, sustentada en la fe, la esperanza, la humanidad y la fraternidad. Llamó a los educadores a aprender a escuchar a los estudiantes en sus dudas, heridas y silencios, ofreciendo horizontes de sentido que vayan más allá de los contenidos académicos.
Aludiendo al lema del encuentro, Lorenzelli dijo que, al tejer una red, “cada pequeño hilo va construyendo una red. Y cuando un hilo se rompe, no tiramos toda la red. Lo reparamos. Quizás esta sea una de las grandes tareas de nuestras comunidades educativas hoy: aprender a reparar los vínculos. Vivimos en una sociedad donde es fácil bloquear, cancelar, excluir, etiquetar, descalificar. Pero el Evangelio nos enseña otro camino: mirar al otro, acercarnos al otro, tocar sus heridas, escuchar su historia y reconocer en él a un hermano. La convivencia humanizadora no nace de que todos pensemos igual. Nace de que aprendamos a reconocernos como personas que tienen una dignidad que nadie puede quitarles. Y para nosotros, creyentes, hay algo todavía más profundo: en cada persona hay una historia sagrada”.
Al término del encuentro, la secretaria ejecutiva de la Vicaría de Educación de la arquidiócesis de La Serena, Adriana Pavez Gallardo, valoró “poder entrelazar, en el mundo educativo, la interioridad espiritual con la inteligencia artificial. Estamos llamados a educar para que la IA no pase por alto la dignidad humana”. También recordó la invitación de esta reflexión a “ser escuelas constructoras de paz”.