El Papa preside una multitudinaria misa en la parisina Plaza de la Concordia en medio de una “sequía espiritual”
Misa multitudinaria de León XIV en París. Foto: Efe
León XIV, ante 700.000 franceses. No es el millón y medio de católicos que le arroparon en la misa del Corpus de Madrid el pasado junio, pero no es nada desdeñable la multitud presente en el corazón de París. Un escenario clave para la Revolución Francesa, donde fueron guillotinadas más de mil personas, que se convertiría en Plaza de la Concordia. Tras un largo descenso de más de media hora por los Campos Elíseos, el papamóvil llegó a la Plaza de la Concordia, frente al escenario preparado para la eucaristía, que comenzó minutos antes de las tres de la tarde.
Con esta memoria latente, el Papa agustino presidió una eucaristía en la que llamó a los católicos franceses a “construir una nación renovada a partir de sus raíces, regadas por la fe” en medio del “desánimo y la sequía espiritual”.
Así, el Pontífice les propuso saciar la “sed de Dios, de vida, de verdad, de unidad, de paz, de comunión, de felicidad”. “Aspiren a redescubrir un horizonte luminoso, a. No guarden esta fe en Jesucristo sólo para ustedes, más bien dejen que se desborde para saciar y colmar a las personas con las que se encuentran”, comentó en su homilía.
Robert Prevost invitó a los cristianos galos a mirarse en el espejo de sus raíces, como “herederos de una larga y hermosa historia de santidad en Francia”. “Sacien también ustedes su sed en esta fuente, que es el Corazón de Jesús traspasado”, expuso antes de repasar algunos de estos referentes que siguen de actualidad.
Así, comenzó citando a los primeros mártires galos como Bladina o Ireneo, para detenerse después en los fundadores de realidades eclesiales como Vicente de Paúl, en obispos como Francisco de Sales o en los miles de misioneros que han partido del país a los cinco continentes.
Para seguir su ejemplo, León XIV explicó que el agua del Evangelio es “fecunda” y genera santidad cuando se adora “al Dios verdadero” y se sirve a los hermanos “con caridad y generosidad”. “Aún hoy, son muy numerosos en nuestra sociedad, en nuestras parroquias y en nuestras diversas actividades quienes continúan comprometiéndose a favor de la vida, la familia, la verdad, la paz, la fraternidad y la justicia”, elogió el Papa.
Desde ahí, se detuvo en los jóvenes: “Son la Iglesia de hoy”. “¡Qué hermoso es ver su entusiasmo, su dinamismo, su compromiso y la alegría que llevan a las comunidades cristianas!”, compartió el Papa en la homilía.