Europa

León XIV ante Macron: “La paz no es un equilibrio de fuerzas, se construye cada día”

| 25/09/2026 - 12:58

  • En su primer discurso en Francia, el Papa ha reclamado el desarme y pedido diplomacia
  • El Pontífice ha advertido contra la “muerte programada” y la gestación subrogada, y ha defendido una laicidad que no excluya la religión del espacio público





“La paz no es un equilibrio de fuerzas; se construye cada día a través del diálogo y la justicia”. Así ha abierto el papa León XIV este viernes su viaje a Francia con un discurso ante Emmanuel Macron, las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático en el que ha reclamado frenar la nueva carrera armamentística y no asumir la guerra como un desenlace inevitable.



El Papa ha aterrizado a las 09:56 horas en el aeropuerto de París-Orly, después de despegar de Roma-Fiumicino a las 07:58. Macron lo ha recibido al pie de la escalerilla del avión y, después de los himnos, los honores militares y la presentación de las delegaciones, ambos han mantenido un breve encuentro privado antes de trasladarse al Palacio del Elíseo.

Allí, tras la reunión entre el Pontífice y el presidente francés, León XIV se ha dirigido a representantes políticos y religiosos, empresarios, miembros de la sociedad civil, de la cultura y del cuerpo diplomático. Ha sido el primer gran discurso de su viaje de cuatro días a Francia, que este viernes continuará con una visita a la sede de la UNESCO, las vísperas en Notre-Dame y una vigilia con jóvenes en el Stade de France.

No acostumbrarse a la guerra

Durante su discurso, León XIV ha recordado la petición de Juan XXIII de detener la carrera armamentística, reducir los arsenales y prohibir las armas nucleares, y ha advertido de que “se difunde cada vez más la convicción errónea de que la posesión de armas nucleares sería una garantía de seguridad”.

Una idea que, según el Papa, está alimentando “una nueva carrera armamentista difícil de controlar”. “Les exhorto a no resignarse nunca ante la perspectiva de una guerra considerándola ‘inevitable’”, ha insistido, antes de reclamar que se promuevan “sin descanso el diálogo y la diplomacia”.

En este contexto, León XIV ha dirigido una petición específica a Francia. Ante “el estruendo de las guerras y las variadas crisis que sacuden a nuestro mundo”, el país, ha dicho, tiene la vocación de seguir siendo “un incansable artífice de la paz y del multilateralismo”, especialmente dentro de Europa.

“Que Francia, fiel a sus valores, abra el surco de una paz desarmada y desarmante, y ofrezca con responsabilidad su insustituible contribución a favor de la paz”, ha pedido.

El “Paraíso de las Máquinas”

El Pontífice ha dedicado también buena parte de su discurso al desarrollo tecnológico y a la inteligencia artificial. Citando al escritor francés Georges Bernanos, ha advertido del riesgo de que la humanidad termine atrapada en un “Paraíso de las Máquinas” marcado por la obediencia ciega y la pérdida de responsabilidad.

León XIV ha explicado que precisamente por ese motivo situó la inteligencia artificial en el centro de su primera encíclica, ‘Magnifica humanitas’. Por eso, “para no perder nuestra humanidad” en medio de tecnologías que “invaden y condicionan nuestra vida cotidiana”, ha pedido formar las mentes en un discernimiento ético.

“Una sociedad verdaderamente libre no impone la uniformidad, sino que protege la diversidad de conciencias, previniendo las tendencias autoritarias y promoviendo un diálogo ético que enriquece el tejido social”, ha recordado.

El papa León XIV, junto a Emmanuel Macron, en su visita a Francia. Foto: EFE

De la gestación subrogada a la “muerte programada”

El discurso ha entrado también en algunos de los debates bioéticos que atraviesan actualmente las sociedades europeas, concretamente en Francia, donde actualmente se debate acerca de la eutanasia. “A veces constato con preocupación ciertas derivas de las sociedades actuales que corren el riesgo de convertir la ciencia y la tecnología en empresas lucrativas que favorezcan las manipulaciones genéticas, la gestación subrogada, la compra de órganos o la oferta de una muerte programada”, ha afirmado.

“La tutela del derecho a la vida constituye el fundamento imprescindible de cualquier otro derecho humano”, ha recordado, subrayando el trabajo de instituciones católicas francesas que acompañan a personas enfermas o vulnerables y ha pedido aprender a “acoger la vida sin condiciones”, sostener la fragilidad y defender a quienes “no tienen voz o no se sienten lo suficientemente apoyados”.

Una laicidad que no expulse la religión

Ante las autoridades francesas, el Papa ha entrado además de lleno en uno de los asuntos históricamente más sensibles del país: la relación entre la religión y el espacio público. De esta manera, el Papa ha defendido que el cristiano que participa en la vida pública desde una conciencia formada por su fe “no puede ser considerado un proselitista ni una amenaza para la unidad de la patria”.

“El auténtico laicismo no excluye la dimensión religiosa, sino que, por el contrario, sabe atesorarla como un recurso educativo”, ha señalado. “Una justa laicidad no consiste en excluir a la religión del espacio público o de la educación”, ha afirmado, sino en favorecer que el Estado y las instituciones religiosas dialoguen y colaboren al servicio del bien común.

Libertad, igualdad y fraternidad

León XIV ha enmarcado estas cuestiones en un reconocimiento de la historia cultural, intelectual y cristiana de Francia, desde san Ireneo y el bautismo de Clodoveo hasta la Ilustración y la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

“La libertad, la igualdad y la fraternidad”, ha dicho, haciendo alusión al lema republicano francés, “no son simples palabras grabadas en los frontones de sus edificios públicos”, sino “exigencias éticas universales” que encuentran también una fuente de inspiración en el Evangelio.

Además, el Papa ha puesto como ejemplo de colaboración la reconstrucción de Notre-Dame tras el incendio de 2019, que ha definido como “el símbolo de una esperanza recuperada” y como la prueba de que “lo que se creía destruido para siempre puede renacer gracias a la colaboración de todos”.

“Que su libertad crezca sin cesar en la búsqueda del bien común. Que su fraternidad abrace a toda la humanidad. Y que la igualdad a la que aspiran se establezca siempre sobre los cimientos de la justicia y de la caridad”, ha concluido el Papa, antes de cerrar su primera intervención en el país con un “¡Que Dios bendiga a Francia y a todos los franceses!”.

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