En la Escolanía de la Santa Cruz, volver a clase significa también volver a los ensayos, a la Basílica, a la vida en comunidad y a una forma de aprender en la que la música acompaña cada jornada
Los escolanes, durante uno de los ensayos. Foto: Escolanía de la Santa Cruz
Septiembre vuelve a llenar las aulas de cuadernos, libros, horarios y conversaciones de recreo. También en la Escolanía de la Santa Cruz, situada a pocos kilómetros de San Lorenzo de El Escorial, donde los alumnos retoman Matemáticas, Lengua, Ciencias, idiomas, deporte y deberes. Pero aquí la vuelta al cole suena diferente: ensayos, instrumentos y, por supuesto, las voces del coro.
La formación académica, de Primaria a Bachillerato, se desarrolla en clases de un máximo de diez alumnos, lo que permite a profesores y tutores conocer de cerca a cada estudiante y acompañar su evolución. Pero, a partir de ahí, el día adquiere un ritmo propio. El canto o el instrumento no son extraescolares, sino que forman parte de la jornada diaria.
Entre clases y ensayos, los escolanes participan en la vida litúrgica de la Basílica de la Santa Cruz junto a la comunidad de monjes benedictinos. Es ahí, precisamente, donde buena parte de su formación musical adquiere una dimensión distinta: el canto deja de ser solo aprendizaje y se convierte también en oración, servicio y una forma de participar en la vida de la propia comunidad.
La formación musical ocupa un lugar central, con canto coral, lenguaje musical e instrumento. El gregoriano y la polifonía forman parte de un aprendizaje que también lleva a los alumnos a conciertos y actuaciones dentro y fuera de España. No todos querrán ser músicos profesionales, ni ese es el propósito. Aquí la música es un camino para formar personas.
En efecto, cantar en un coro exige algo más que una buena voz. Es aprender a escuchar antes de cantar, esperar la propia entrada, repetir cuando algo no sale y descubrir que el resultado depende también del compañero. La música enseña disciplina y sensibilidad, pero también paciencia, responsabilidad y una forma concreta de estar con los demás.
Además, la vida en la Escolanía no transcurre únicamente entre libros y partituras. También hay tiempo para el fútbol y otras actividades deportivas, paseos por un entorno privilegiado, juegos y muchas horas compartidas. Parte de los alumnos reside en el centro de lunes a viernes y regresa a casa el fin de semana; otros siguen la misma formación académica y musical como externos y vuelven cada tarde con sus familias.
La Escolanía es un centro exclusivamente masculino. Para muchas familias, acercarse por primera vez a este proyecto supone descubrir una opción educativa con una personalidad muy definida, en la que la formación académica convive de manera natural con la música, la vida en comunidad, la naturaleza y la fe.
Quizá por eso septiembre tiene aquí algo de comienzo y algo de regreso. Vuelven los exámenes y los recreos, pero también las voces a la Basílica, los ensayos, las oraciones y los compañeros. Un nuevo curso en el que cada alumno tendrá que aprender muchas cosas y, entre todas ellas, una especialmente difícil: encontrar su propia voz sin dejar de escuchar las de los demás.
Para las familias que quieran conocer más sobre esta forma de entender la educación, la Escolanía de la Santa Cruz ofrece información sobre su proyecto y la vida de sus alumnos en su web, en el teléfono 613 65 03 18 o a través de su mail.